¿Hicimos trampa?

En primera plana, El Universal dijo que los ciudadanos que seleccionamos a quienes presidirán el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción hicimos trampa y colocamos a nuestros amigos. La acusación es falsa y malintencionada. Es momento de ser críticos y preguntarnos quién gana con este falso golpe y qué podemos hacer para evitar futuros golpes como estos en los estados.

Se dice que los ciudadanos que seleccionamos a quienes presidirán el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) hicimos “trampa” porque seleccionamos a “nuestro cuate” Mariclaire Acosta, quien obtuvo 207 puntos, y no al contador Gerardo Lozano, quien obtuvo 233 puntos en su evaluación.

Lo que se omite es que dicho puntaje no fue el criterio único de evaluación. El puntaje no considera a plenitud los resultados de las evaluaciones curriculares ni los criterios que definimos como fundamentales en la metodología de selección.

Por el contrario, el puntaje que reporta la nota fue sólo una evaluación de la entrevista que nos sirvió para conocer la forma en la que los candidatos se desenvolvían en público y sus expectativas. Dicho puntaje no toma en cuenta asuntos que estuvieron claros desde la convocatoria como la necesidad de seleccionar perfiles complementarios.

Nuestra selección nunca fue, y en ello siempre fuimos claros, la selección de cinco personas individuales, sino la selección de un equipo. Un equipo de cinco personas que se turnarán la presidencia el Comité Coordinador del SNA y que, como tal, deberán poder operar en conjunto, apoyándose unos a otros con habilidades que se complementen. Siempre definimos, además, la necesidad de tener un grupo que reflejara la diversidad geográfica y de género.

Aún así, me quedo con tres enseñanzas que comparto porque justo ahora los Sistemas Estatales Anticorrupción están realizando exactamente la misma selección que nosotros hicimos al inicio del año. 
Primero, la misoginia en México es grave. Los hombres que pierden concursos no le atribuyen sus pérdidas a su falta de capacidad, sino a la “trama”. Se dice que Mariclaire Acosta fue una “cuota de género”. Por favor, lean su CV y luego hablamos. No hay “cuotas” cuando se habla de mujeres tan capaces. El único pecado de la señora Mariclaire es ser señorA. Moraleja: Necesitamos más y más mujeres en puestos de mando. Los hombres tienen que acostumbrarse.

Mariclaire Acosta es una incansable luchadora de derechos humanos que complementaba al equipo de forma clara y contundente. Su trayectoria, única entre el resto de los miembros, en organismos internacionales y con una visión única de derechos, era necesaria para identificar a la lucha anticorrupción tal cual es: una lucha por proveer a los más vulnerables del derecho a la justa aplicación de la ley, y a un estado digno y honesto. Desconozco cómo alguien puede señalar que Mariclaire fue seleccionada por ser nuestro cuate.

Segundo, nos faltan recursos para promocionar más los grandes logros que estamos teniendo desde la sociedad civil. Las reglas de nuestro proceso fueron claras y fueron presentadas con toda transparencia en un documento que titulamos Libro blanco. El libro tardó en salir varios meses porque literalmente no teníamos dinero ni para pagarle a un becario que nos ayudara a editarlo y formatearlo. El problema monetario de ser sociedad civil es grave y no puede resolverse sólo con dinero privado o internacional. Aún así, tenemos fuerza.

La negativa de El Universal a cambiar el tono de la cobertura llevó a renuncias masivas entre los columnistas del diario. Renunciaron cuatro miembros del Comité de Selección del SNA (José Luis Caballero, Edna Jaime, Sergio López Ayllón y Pedro Salazar), la presidenta del Comité Coordinador del SNA (Jacqueline Peschard), el director ejecutivo del CEEY (Enrique Cárdenas), y las organizaciones de Oxfam México, Fundar, GIRE y La Alianza por la Salud Alimentaria.

Yo no tengo duda en que la nota de El Universal induce intencionalmente al error, con una narrativa que se presenta como verosímil, pero que es inexacta.

Y tres y más importante: Señores y señoras, algo estamos haciendo muy bien. Tan bien que les duele. Y mucho.