Enfrentamiento en Nochixtlán, Oaxaca. Junio, 2016. Foto: NMDX Noticias.

Logremos una reforma, no una guerra

Me dirijo al secretario Osorio y al secretario Nuño para reiterar que en Nochixtlán no hubo villanos, sólo víctimas. La reforma debe seguir adelante reconociendo esto. El costo no puede ser sangre. El costo debe ser un paquete compensatorio amplio que atraiga y pacifique a los maestros a costa de sus líderes corruptos. Explico y propongo cuatro puntos.

En Nochixtlán no hubo villanos. En Nochixtlán todos fueron víctimas, policías y maestros lo fueron. Víctimas de una economía precaria y desigual en donde para muchos la única opción para acceder a un salario digno es aferrarse y serle leal a un sindicato docente corrupto. Víctimas de un sistema de justicia pauperizado y débil cuyos miembros sostienen armas con miedo y disparan sin ton ni son, entrenados en el coraje más que en la estrategia. Detrás de los actos vandálicos de los maestros, hay miedo a no poder acceder a un empleo digno y seguro. Detrás de los actos represivos de la policía, hay miedo a no saber cómo reaccionar ante ataques.

Nochixtlán fue el vergonzoso espectáculo de dos ejércitos de trabajadores precarios, maestros y policías, enfrentándose unos a otros bajo las órdenes de funcionarios públicos trajeados y de líderes sindicales enriquecidos. Nochixtlán es el triste espectáculo de las élites que dirigen, la clase media que tuitea y las clases bajas que empuñan las armas.

Es equivocado decir que los maestros luchan por no querer ser evaluados. Luchan porque fueron contratados bajo el entendimiento de que su trabajo era serle leal a un sindicato y ahora tendrán que ser maestros, por primera vez en su vida. Luchan porque no saben si podrán serlo. Luchan por quedarse con cheques de aviadores porque no saben si encontrarán otras formas de obtener ese ingreso. No es coincidencia que las protestas se den en los estados más pobres.

Es equivocado decir que los policías son represores sanguinarios. Reaccionan con violencia porque no conocen otra forma. Son presas de un entrenamiento pobre e inconstante, de turnos de trabajo inhumanos, de salarios condicionados a actos de corrupción, de violencia por parte de sus superiores, y de burlas y faltas al respeto por parte de ciudadanos. El que los policías hayan muerto, perdido dedos y quedado más heridos que los maestros es prueba de que no sabían ni lo que hacían. No es coincidencia que en México los policías siempre mueran más que los ladrones.

La solución, por tanto, tiene que venir de la compasión más que de la fuerza:

1. Se tiene que abrir un canal de comunicación directo con los maestros, sin la mediación conflictiva y perversa de sus líderes. A los maestros se les debe permitir organizarse en sindicatos nuevos y democráticos, que les permitan tener fuerza negociadora en el futuro. Hoy sienten, con justa razón, que la Reforma Educativa los deja vulnerables.

2. Se tiene que crear una salida económica viable para todos los que se verán afectados por la reforma. A los aviadores se les debe capacitar y ayudarlos a colocarse en trabajos nuevos. Es el costo del cambio. A los maestros se les debe permitir organizarse en sindicatos nuevos y democráticos, asegurarles salarios dignos y representación adecuada. El poder de la CNTE es dar seguridad salarial a muchos. Para quitárselo hay que darle oportunidad de empleo a muchos más.

3. Se tiene que crear un cuerpo policial profesional en el manejo de la propuesta. Legislar restricciones a la protesta es retrógrado y autoritario. Las protestas en un país cambiante como México sólo aumentarán, se debe entender a la protesta como una muestra de salud democrática. La policía no debe ser “anti-motines” sino “anti-violencia”.

4. Se tiene que transitar hacia un modelo de más educación pública y menos educación privada. Mientras las clases medias y altas continúen siendo espectadores, y no usuarios, de los servicios públicos, no existirá una presión verdadera para mejorar la calidad de ésta. Quiero ver qué pasaría si se exigiera que los hijos de los políticos y líderes sindicales fueran a la escuela pública. Ese día comenzaría una reforma verdadera.