Negociemos el TLCAN con técnicos, pero rudos

Esta semana me sentí muy esperanzada de ver que finalmente Trump fue puesto en su lugar por México. La importancia de la relación bilateral entre México y Estados Unidos quedó más que clara cuando Trump desistió de eliminar el TLCAN y “prefirió” negociar. No prefirió. Simplemente, no pudo con nosotros. Ahora, a negociar.

A la negociación debemos ir sin miedo. México debe negociar técnicamente, teniendo completa claridad sobre lo que deseamos, lo que estamos dispuestos a aceptar y lo que no. Y México debe negociar rudo, es decir, estando dispuesto a salir del TLCAN si las condiciones que Estados Unidos propone son inaceptables. No será fácil salir del TLCAN, pero será más difícil quedarnos en una relación desfavorecedora con nuestro principal socio comercial. Así debemos verlo. Quedarnos en un TLCAN que nos desfavorezca será en el largo plazo más costoso que salirnos del TLCAN de una vez.

Hay tres razones por las que me siento esperanzada de que la negociación pueda favorecer a México:

Primero, renegociar el TLCAN ya era necesario. El TLCAN es un tratado de más de dos décadas de edad en un mundo en el que la velocidad a la que cambia el comercio y las formas de producción es nunca antes vista. Dos décadas es, por tanto, una eternidad. Un mejor y renovado TLCAN podrá ser mejor para México. Este nuevo tratado tendrá que considerar asuntos como comercio virtual, transmisión tecnológica y energía, cuestiones que hace dos décadas eran simplemente impredecibles.

Segundo, si bien el TLCAN era considerado vanguardista en su época, ya no lo es. El TPP y otros tratados han logrado avanzar mucho más (no lo suficiente todavía) en exigir más y mejores derechos laborales, protecciones ambientales y derechos regionales. Hay asuntos migratorios que deben ser mejorados como permitir establecer visas laborales sectoriales (no simplemente cuotas generales) y aprobar acuerdos que permitan a los trabajadores internacionales la posibilidad de coordinar sus cuentas de seguro social con las del país receptor, previniendo el pago doble de impuesto. Se estima que, tan sólo este último punto, podría crear ahorros para empleadores americanos y mexicanos de alrededor de 140 millones de dólares en los primeros cinco años.

Finalmente, Estados Unidos se beneficia enormemente de tener una buena relación con México, no sólo en términos comerciales, sino migratorios y de seguridad. La frontera sur de Estados Unidos, su frontera más vulnerable, lo sería aún más (no sólo a la migración, sino también a un ataque terrorista) si México no la protegiera. Aún más, cualquier acuerdo comercial con Estados Unidos que perjudique laboralmente a México será altamente contraproducente para Estados Unidos. Si, por ejemplo, un nuevo TLCAN aumenta el desempleo en México, se podrán crear amplios problemas de seguridad en la frontera (crimen organizado) y mayores presiones migratorias hacia Estados Unidos (más mexicanos buscando oportunidades laborales en Estados Unidos).

Teniendo los anteriores puntos en mente, debemos ir a la negociación con la certeza de que somos fuertes. Somos y debemos seguir siendo pares de Estados Unidos y Canadá.

Cuando el NAFTA se negoció en los noventa fue considerado uno de los tratados comerciales más vanguardistas de la época. Era la primera vez que un país en vías de desarrollo (México) firmaba un tratado con dos desarrollados (Canadá y Estados Unidos), bajo igualdad de derechos y obligaciones. Ésa debe continuar siendo la premisa, igualdad de derechos y obligaciones.

La prioridad de cualquier negociación debe ser una y sólo una: mejorar las condiciones de vida y trabajo de los mexicanos y americanos más vulnerables. Esto implica desde crear más y mejores programas de capacitación laboral para aquellos trabajadores que deban ser ubicados en nuevas profesiones hasta tener una red de protección social fuerte que permitan dar una vida digna a los trabajadores, cuyos empleos, probablemente, no vuelvan en el corto plazo. Esto implica también crear mecanismos dinámicos de migración legal que permitan que servicios que pudieran abundar en México y ser requeridos en Estados Unidos (como servicios de enfermería, por ejemplo) puedan ser “exportados” por medio de visas laborales de entradas múltiples.

El TLCAN que negociamos hace 20 años puede y debe ser mejor. Así será.