¿Qué funcionará para reducir la desigualdad en México?

La única región del mundo que ha experimentado reducciones significativas en la desigualdad de los noventa a la fecha, es Latinoamérica. Las razones detrás de este fenómeno han sido estudiadas y proveen de evidencia contundente para poder implementar políticas en México que permitan que esta tendencia continúe y se acentúe. Reflexiono sobre cómo lograrlo.

De los años noventa a hoy, la desigualdad ha disminuido un 8% en Latinoamérica y un 5% en México. Ésta es una disminución significativa. Sobre todo, considerando que los mismo datos dicen que Estados Unidos y Canadá han aumentado su desigualdad en 9% en el mismo periodo.

Los avances deben continuar, pues México dista de ser igualitario. Si bien el Gini de ingresos (la medida más común para medir la desigualdad) ha pasado de 0.507 a 0.487 (Banco Mundial 1990- 2014), esto aún nos deja muy por arriba del promedio mundial (0.379) y como el octavo país más desigual (8 de 77 países evaluados; Banco Mundial, 2012). Asimismo, la desigualdad de salarios en México no ha tenido prácticamente ningún retroceso de 2008 a la fecha (ENOE 2008–2017).

¿Cuáles han sido las políticas más efectivas para reducir la desigualdad en Latinoamérica? Son tres (léase, Cornia 2012):

Primero, reducir la desigualdad requiere mayor gasto público en programas sociales. Esto se logró gracias a un incremento en la capacidad recaudatoria del Estado, a las políticas de cancelación de deuda que disfrutaron varios países y a la presión de la comunidad internacional para alcanzar Los Objetivos de Desarrollo del Milenio que fijó la ONU.

La forma de reducir la desigualdad en México es clara: ampliar el gasto social, a partir de restringir el gasto que es regresivo (pensiones y beneficios ligados al trabajo formal), y aumentar el gasto social en educación y salud pública. El gasto debe enfocarse en proveer servicios de calidad para todos los mexicanos, no sólo servicios de calidad a los trabajadores. Uno de los gastos más regresivos que existen en el erario son las pensiones del ISSSTE y de los trabajadores de Pemex. Esto se debe reconsiderar.

Segundo, reducir la desigualdad requiere mayores salarios mínimos y trabajadores en la formalidad. Varios estudios confirman que las alzas del salario mínimo de la última década han estado detrás de importantes reducciones en la desigualdad en América Latina (Kristensen y Cunningham 2006, López-Calva y Lustig 2010, Cornia 2012, por nombrar algunos). Para lograrlo se debe eliminar el tan regresivo discurso de que los salarios no pueden subir hasta que suba la productividad. Si tal fuera el caso, ya los salarios hubieran subido en muchas industrias. El problema es la competencia y la falta de exigencia.

Las élites mexicanas, plantadas en su conveniencia monopolista, continúan argumentando que los incrementos salariales no pueden darse sin que se aumente la productividad sin reparar en que, (a) la productividad de muchas industrias ha aumentado sin que se aumenten los salarios, y (b) la productividad laboral no es algo que se dé en los árboles, sino que proviene de invertir en capacitar a los empleados y proveerles de herramientas de trabajo y de seguridad laboral adecuadas. Lo que pasa en México es mucha conveniencia y muchas ganas de continuar teniendo márgenes de ganancia monopólicos.

Finalmente, para reducir la desigualdad se deben crear gobiernos con claras metas sociales, que implementen políticas económicas contracíclicas responsablemente, y que amplíen la base de contribuyentes. En términos sociales, se debe tener como prioridad reducir el empleo precario, incluyendo el informal, y promover la competitividad de los mercados. Es también de alta prioridad que se aumente la cobertura de la seguridad social y se promuevan instituciones y sindicatos que negocien salarios justos, sin estar atenidos a satisfacer los intereses corporativos.

Al respecto, México tiene mucho por hacer, sobre todo con respecto a lograr que el gasto público verdaderamente sea redistributivo y eficiente. El recorte de casi 800 mil millones de pesos que se rumora hará Hacienda al presupuesto 2018 requerirá eliminar por completo la corrupción y los programas sociales superfluos.