
Sedesol: Son 4.4 millones de pobres la prioridad
Quien trabaja no debe ser pobre. Pero en México, muchas veces, lo es. Hay 4.4 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema a pesar de trabajar tiempo completo. La mayoría trabaja en tienditas, construcción o preparación de alimentos. Es imperante eliminar esta pobreza, complementando Prospera con programas que reduzcan la pobreza laboral.
La pobreza no es un problema de falta de educación y empleo, es un problema de falta de educación y empleo de calidad.
En México, una de cada ocho personas que trabajan tiempo completo se encuentra en situación de pobreza extrema, es decir, no ganan mil 200 pesos mensuales por integrante de su hogar en zonas urbanas, u 870 pesos en rurales. Aún más, de acuerdo con el Coneval, la carencia social que más explica la pobreza es la falta de acceso a empleos formales que provean de seguridad social (36 por ciento).
Basta de seguir discutiendo inertemente si la forma en la que se mide la pobreza es demasiado exigente en México (como recientemente lo ha hecho el secretario José Antonio Meade), enfoquémonos en decir lo que nadie dice: que en nuestro país la pobreza sólo se solucionará con un mercado laboral digno que permita desarrollar la demanda interna y el consumo.
Prospera no va a sacar a México de la pobreza, porque en México la pobreza no se explica (no más) por falta de acceso a servicios básicos; la pobreza es falta de acceso a oportunidades laborales dignas.
La prioridad debe ser clara: evitar que haya, como lo hay, 4.4 millones de personas mayores de 16 años que trabajan al menos 40 horas a la semana y son pobres extremos.
Quien trabaja no debe ser pobre y para lograrlo se requieren tres medidas urgentes:
Primero, se debe tener una discusión abierta, sincera y ética sobre cómo aumentar los ingresos de los que menos tienen, sobre todo de aquellos que ya trabajan. Ello es un problema de demanda y oferta. La oferta laboral debe capacitarse para mejorar su valor en el mercado. La demanda laboral debe erradicar empresas monopólicas que capturan rentas y utilidades para directivos y dueños.
Segundo, mejorar la calidad educativa debe ser la más alta prioridad del Estado mexicano. Debe serlo porque mientras la educación pública siga siendo mala el dinero de Prospera está muy mal invertido. Prospera no sirve de nada si entre los jóvenes que terminan la secundaria, el 43% no puede pasar un examen básico de comprensión de lectura y el 51% de matemáticas. Es imperante que se implemente una verdadera reforma educativa que elimine la corrupción sindical, permita la representatividad laboral democrática, aumente la eficiencia con la que se utilizan los recursos educativos y empodere a los maestros y a los padres de familia para que exijan mejores resultados educativos.
Tercero, debemos favorecer la migración hacia zonas más productivas e industrias que paguen mejores salarios. Debemos encontrar mecanismos para capacitar a las personas que laboran en industrias que pagan muy mal para que incursionen en otras que paguen mejor. Las tres industrias que más trabajadores pobres concentran en México son la construcción (475 mil), las tiendas de abarrotes (400 mil pobres) y la preparación de alimentos (200 mil). En cambio, en industrias como la fabricación de productos derivados del petróleo, el transporte turístico o aéreo no hay un solo empleado que viva por debajo de la línea de pobreza. Asimismo, debe promoverse la migración de áreas rurales a ciudades intermedias, y evitar la concentración de la pobreza en la Ciudad de México. La gran mayoría de los pobres que trabaja se concentran en el sur (Oaxaca, Chiapas y Veracruz) o en los cinturones de pobreza urbana del Estado de México.
No podemos permitirnos que haya 4.4 millones de personas, casi uno de cada cinco mexicanos que trabajan tiempo completo, que vive en pobreza extrema. Quien trabaja no puede ser pobre. El modelo de reducción de pobreza debe repensarse urgentemente.