2.4 millones de empleos desprotegidos. Foto: Posta mx

Trabajadoras domésticas: la gran injusticia silenciosa

Si tiene una “señora de la limpieza”, usted puede estar inadvertidamente contribuyendo con una de las más grandes y silenciosas injusticias laborales de nuestro país: el trabajo doméstico informal. Utilizo este espacio para reflexionar tres mitos que han justificado esta injusticia entre la clase media y alta y para exigir seis acciones concretas de cambio.

En México hay 2.4 millones de trabajadoras domésticas, 95% sin seguridad social y mayormente mujeres. Asumiendo que cada trabajadora tenga en promedio cinco patrones (uno por cada día de la semana), casi uno de cada diez mexicanos es un patrón en situación de irregularidad. Esto es, una persona que podría hacer algo concreto para mejorar las condiciones de este sector social vulnerable.

Hay tres mitos que han llevado a esta tragedia silenciosa:

Mito 1: Una trabajadora doméstica es un miembro del hogar. El argumento bien intencionado de que las trabajadoras domésticas son “parte de la familia” termina inesperadamente justificando injusticias laborales. En la medida en la que se reconozca a las trabajadoras como tales, sus prerrogativas dejarán de ser regalos de “una buena patrona” a alguien que “estima mucho” y se convertirán en obligaciones sancionables. Si verdaderamente estima su trabajo, dele un trabajo formal.

Mito 2: Una trabajadora doméstica no necesita un salario alto, porque sus necesidades alimentarias y de vivienda están cubiertas. En todo trabajo que requiere viajar o vivir fuera del hogar propio (por más pobre, distante o disfuncional que el hogar propio sea), el trabajador recibe más compensaciones, no menos. Vivir con una familia ajena, con restricciones y en situación infantilizada, ha sido disfrazado de un beneficio laboral por los patrones, cuando en realidad es un costo para las trabajadoras. En la medida en que entendamos que las trabajadoras que viven en nuestros hogares tienen un costo por dejar su vida personal a un lado (o restringirla) estaremos siendo justos. Pregúntese si a usted le gustaría vivir en casa de su jefe “para no gastar en comida ni en techo”.

Mito 3: Una trabajadora doméstica no necesita IMSS si se le paga bien y tiene vacaciones. No lo es porque esos beneficios se terminarán cuando no trabaje con usted. Debido a la naturaleza física de su trabajo, esto sucederá relativamente pronto. Sucederá también si el patrón fallece o deja de necesitar de sus servicios.

Es necesario exigir:

  1. Que Mikel Arriola, director del IMSS, y Alfonso Navarrete, secretario del Trabajo y y Previsión Social, definan un mecanismo sencillo para afiliar a las trabajadoras domésticas con jornadas diarias y varios patrones.
  2. Que Peña Nieto ratifique el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo que regula los derechos del empleo doméstico a nivel internacional, como ya lo han hecho 22 países, muchos de América Latina.
  3. Que Miguel Mancera, Eruviel Ávila y Yunes Linares, gobernantes (actuales o electos) de los estados que más trabajadoras domésticas tienen (CDMX, Estado de México y Veracruz), tomen en sus manos la creación de legislación local para proteger el trabajo doméstico.
  4. Que el nuevo director de la Unidad de Productividad de la SHCP reconozca que, si una de las formas más eficaces para aumentar la productividad (como han argumentado) es aumentar la formalidad, formalizar a las trabajadoras domésticas debe ser su prioridad. El 4% de los trabajadores del país son trabajadores domésticos informales.
  5. Que Rocío Nahle, Alberto Anaya y otros de la supuesta “izquierda mexicana” comiencen a ser tal, dejando de defender sindicatos corruptos y monopólicos como el de la educación, y comenzando a apoyar sindicatos reales como el de las Trabajadoras del Hogar. Que empujen el cambio de los artículos 331 a 343 de la actual Ley Federal del Trabajo para que se eliminen las excepciones legales al trabajo doméstico.
  6. Que Alexandra Haas, presidenta del Conapred, posicione con toda fuerza este tema como una de las más grandes y diseminadas discriminaciones laborales que existen en México.