¿Feliz año nuevo?

O cómo realmente podemos lograr las metas que nos proponemos. (En cualquier época del año)

Cuando se inicia un nuevo ciclo, como en este caso el nuevo año tendemos a llenar nuestras conversaciones de felicitaciones y buenos deseos.

Hablamos de felicidad, prosperidad y abundancia tradicionalmente. Conforme hemos visto que esto no sucede, al menos no siempre y muchas veces no de la forma en que planeamos; hemos ido moviéndonos a “te deseo lo mejor”.

También hablamos de cumplir objetivos. Cada año con mayor y redoblado esfuerzo. Tanto, que hasta “memes” existen de lo poco “exitoso” que es eso.

Así que parece que el reto no está en tener buenos deseos, ni en soñar objetivos; parece ser que el reto está en cómo llevar a la vida estos buenos deseos, cómo hacer realidad estos objetivos. Y para ello quiero invitarte a reflexionar en tres dimensiones:

1. ¿Lo que quieres, es realmente lo que quieres?

Muchos de nosotros confundimos la solución con el resultado.

Cuando nos preguntan ¿Qué quieres? Respondemos frases como: “Qué mi mamá sea diferente”, “que mi colaborador cambie”, “mejorar la relación con mi jefe” … pareciera que son deseos claros… ¿realmente lo son?

Tomemos uno: ¿Sabes que sucedería si tu colaborador cambia? En el mejor de los casos diríamos algo como: sería más comprometido, pondría el corazón, estaría más atento. En la mayoría de los casos empezamos a hablar de aquello que no queremos “dejaría de ser tan apático”, “ya no llegaría tarde”.

Conceptos como “compromiso”, “atención”, “poner el corazón” son “genéricos” que ayudan poco a construir si no se acuerdan en comportamientos.

Y decir lo que ya no queremos no nos acerca a lo que queremos. Este es un gran mito.

Así que para definir lo que queremos necesitamos preguntarnos ¿qué sería diferente si nuestro colaborador fuera más comprometido o dejara de ser tan apático?

Entonces puede emerger lo que realmente queremos, por ejemplo: me entregaría los reportes en tiempo o llegaría a las juntas cinco minutos antes de comenzar.

Creemos que si identificamos el problema, esto nos llevará a la solución y no es necesariamente así. Creemos que si identificamos la solución tenemos el resultado garantizado y tampoco es necesariamente así.

Tener claridad sobre lo que quiero y no confundirlo con el problema ni con la solución hace una diferencia que nos acerca a construir con el otro lo que realmente queremos.

2. ¿Quiénes haremos posible que esto se transforme en acción?

¡Sencillo! ¿Es correcto? El jefe y el colaborador.

Las personas no pertenecemos a los sistemas sociales, las personas somos los constructores del sistema social y si una persona falta, falta una pieza que puede derrumbarlo todo.

Y una vez más, no necesariamente. De hecho, es altamente probable que no sea así y que haya más personas contribuyan. ¿Quién genera el insumo para el reporte? ¿Quién lo recibe y lo usa? ¿Quién puede interferir? Etc. etc.

Cuando no vemos aquello que queremos producir como un proceso integral y valoramos cada parte y cada contribución, es posible que terminemos sin aquello que deseamos.

3. Y finalmente la acción.

La acción es acordada y co-construida, en caso contrario, tendremos muchas buenas intenciones con muy pocos resultados.

Muchos de nosotros hablamos de conceptos considerando que son claros y acordados, quizá porque aún tenemos el viejo paradigma de que “podemos comunicarnos y entendernos”.

Cómo decía Michael Blumenstein, “no estamos diseñados para comunicarnos, estamos diseñamos para construir”. Y parece ser que para construir necesitamos hacerlo juntos, no podemos hacerlo solos, porque construir significa “edificar con”.

Y para construir hay que hacer, así que ¿cuáles son las acciones que necesitamos hacer? Y aquí podemos perdernos en discusiones infinitas.

Una forma de conversar para crear el campo propicio para construir juntos es la expresar los verbos de lo que queremos en infinitivo.

¿Cuáles son las acciones que necesitamos, queremos incluir para generar nuestro resultado?

Mirar. Construir. Decir. Medir. Meditar. Planear.

¿Porque en infinitivo? Porque no personaliza con pronombres que identifican a uno y excluyen a otro. Porque al hacerlo de esta forma invita a imaginar el tipo y cualidad de resultado que podemos construir juntos.

Accionemos y contribuyamos desde nuestra autonomía, construyamos juntos y cocreemos el resultado que queremos: ¡Vivir una Buena Vida!