Michael Blumenstein: un glosario

Dicen que la gente realmente muere cuando la última persona que los recuerda también muere.

Quizá dada la población mundial actual, el porcentaje de los que recordamos a Michael Blumenstein somos matemáticamente insignificantes. Sin embargo, nosotros sabemos que contamos, ¡y mucho! porque tenemos algo maravilloso para compartir con el mundo, tenemos con nosotros o mejor dicho dentro de nosotros, un sistema de pensamiento autónomo que abrió sus puertas a las ideas y metodologías de Michael. Y eso no es poca cosa.

Una propuesta que se vive

La metodología e ideas de Michael admiten muchos adjetivos: novedosas, complejas, complicadas, interesantes, sistémicas, dialógicas, suficientes… No obstante, la característica sobresaliente (a mi gusto) es que todo aquello que nació de su mente puede vivirse.

Y aunque sé que somos muchos los que podemos atestiguar el impacto de aplicar un poquito o todo lo posible esta propuesta, también sé que no hay mejor manera de decir las cosas que “hablar de uno mismo y desde el corazón”.

Entonces para mí, pensar en mis acciones diarias como contribuciones a diferentes sistemas sociales, me ha permitido elegir mejor qué tipo de persona elijo ser con cada acción. Me ha hecho consciente de que si algo no me gusta, tengo la oportunidad de cambiarlo, cambiando yo. No hay herramienta más poderosa y eficiente, que uno mismo, que las verdaderas y genuinas ganas de querer un resultado diferente como motivación para que yo haga algo diferente.

De hecho, la habilidad, poco desarrollada pero presente, de hablar desde uno mismo me permite expresar mis preocupaciones, dudas, inquietudes y explicarlas de tal manera que me haga responsable de mí y lo que me pasa, sin cargárselo a otro. Sorprendentemente, entre mejor aprendo a hacer esto, más fácil es para el otro comprenderme y más sucede lo que “yo quería que sucediera”.

Una manera más realista de explicar esto, dado que yo no puedo hacer que el otro haga nada que no quiere, es que mis contribuciones invitan al otro de una forma más sincera a co-crear conmigo. El otro, aún no se cómo -pero sucede-, percibe que hablo desde mi corazón y eso afecta la calidad, la pureza y la sinceridad de nuestro proceso de co-creación.

Hablando con el corazón

¿Es difícil? Sí y no. Hay un riesgo latente cada vez que hablo con el corazón, pues no hay manera de predecir la reacción del otro. A pesar de ello, a cada momento mantengo presente mi propia suficiencia, dónde va incluida mi capacidad de responder y sobreponerme a la contestación del otro, incluso si es totalmente contraria a lo que yo esperaba, incluso si es algo tan diferente de mí construcción de la realidad que me sorprende y me toma desprevenida. Esa suficiencia sigue ahí. Aunque la olvide, ahí sigue. Aunque la pierda, no se va. Lista siempre para que yo la tome y la haga mía, o mejor dicho recuerde que siempre ha sido mía.

El más puro deseo que Michael tenía (desde mi perspectiva) era que todos pudiéramos tener una buena vida. Y por mí, pero a través de lo que aprendí de él, creo que empiezo a dominar el arte de vivir en plenitud.

Abrimos este espacio con la intención de ir poco a poco recolectando el conocimiento, la teoría, las ideas. Cada palabra en cursivas tiene detrás una explicación profunda, arraigada en otras teorías y metodologías que fueron unidas en el cerebro y corazón de Michael y que poco a poco iremos explorando aquí.

Michael ya no está para decirlo él mismo, pero (y creo que en esta ocasión el uso del “pero” sería aprobado) nos dejó mucho para poder hacerlo nosotros mismos. Por mi parte, estoy agradecida de haber tomado su propuesta.

Gracias Michael.

(Colaboración de Katia)