¿Y si dejamos de condicionar a la vida?

Por Katia Del Rivero

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Cada mes que pasa desde que Michael Blumenstein falleció escribo alguna reflexión. Me parece útil en más de una dimensión.

Me hace bien hablar de él en este proceso y cuando lo escribo en el perfil de su cuenta que dejó a mi cuidado, me gusta pensar que de cierto modo, me escucha.

Creo que hay miles de personas en duelo que no se permiten expresar o reconocer lo que sienten porque vivimos en un mundo que pareciera querer “empacar” todo en procesos, etapas, tiempos y maneras; y cuando algo se sale de estos estándares usualmente es juzgado. Así que muchos deciden callar o no reconocer en conciencia lo que sienten y pensé que probablemente compartir esta reflexión podría serles útil.

Siempre he pensado que si las personas callamos lo que nos pasa y “tratamos de ser normales”, solo contribuimos a un mundo de apariencias donde creo que se pierde la dimensión de la vida por la vida misma.

Y de esto se trata esta reflexión. En el último post que escribí decía: “…No tengo sueños, no tengo “proyectos de vida”, no hay algo que me apasione y al mismo tiempo — por paradójico que parezca (tú eras el Maestro de la paradoja y seguro sonreirás al leerlo) — estoy haciendo de las que pequeñas acciones del día a día una pasión; estoy buscando que para con quien me cruzo sea útil, contribuya, deje algo que le recuerde su suficiencia ante la vida; estoy significando el trabajo cotidiano como un proyecto de vida… no importa si solo dura un momento”.

En mi mirada era casi “una oda a la vida” y me sorprendió en alguna dimensión la reacción de algunos.

  • ¿Cóoooooooomo? ¡No se puede vivir sin sueños!
  • Seguro estás deprimidísima, tienes que buscarte un sentido, un proyecto de vida.
  • No puedes vivir sin algo que te apasione, la pasión conecta.
  • ¡Que triste leerte así!

Y mucho me pregunté: ¿dónde quedó la parte de “estoy haciendo de las que pequeñas acciones del día a día una pasión; estoy buscando que para con quien me cruzo sea útil, contribuya, deje algo que le recuerde su suficiencia ante la vida; estoy significando el trabajo cotidiano como un proyecto de vida… no importa si solo dura un momento”?

Quizá es la primera vez que entiendo de fondo la última propuesta de Michael en la cual hablaba solo y llanamente de “vivir”.

¿Dónde aprendimos a condicionar a la vida de esta forma?

Si no tienes sueños, no es vida. Si no tienes un proyecto / sentido de vida, la vida no tiene sentido. Si no estás apasionado con la vida, no estás vivo. Si no eres feliz, de qué sirve la vida. Si no quieres aspirar a más, estás muerto.

¡Y no es así! Sin sueños hay vida. Sin proyecto hay vida. Sin alegría hay vida. Sin pasión hay vida. Sin aspiraciones hay vida.

¿Qué necesidad de denigrar a la vida condicionándola por una “forma de vida” específica, que, además, se plantea como totalitaria en muchos casos?

Creo que esta forma de mirar es lo que ha contribuido a tantos suicidios y a tanto silencioso dolor humano.

La vida existe te guste o no: la disfrutes o no, la vivas feliz o no, estés apasionado por ella o no, tengas lo que quieres o no, te ame o esté contigo quien deseas o no.

Y es precisamente porque no está condicionada a ninguna de esas cosas que su fuerza es tan extraordinaria.

Comparto la propuesta de Michael en que hay una diferencia entre “vivir” y “vivir una buena vida”. Y por favor veamos el énfasis en “vivir una buena vida”, no “tener una buena vida”.

Porque vivir una buena vida no depende de lo que tengas (pasión, sueños, proyectos, amor, felicidad), en realidad depende de cómo vives.

Entonces emergen alternativas:

  • No tengo el trabajo de missueños”… ¡Qué importa! Hago del que tengo el trabajo de mis sueños.
  • No me siento feliz, quiero ser más curveada/más flaca/tener novio/dejar al marido”… Mientras me siento preparada para moverme y accionar hacia donde digo que quiero… Vivo lo que hay hoy como si fuera lo que más deseo.
  • No tengo la vida que quiero ni con quien la quiero”… entonces quiero la que tengo con quien la tengo.

A muchos les da miedo una perspectiva de este tipo porque “futurean”. ¡Qué mediocridad, hay que buscar el trabajo de tus sueños! ¡Hay que cambiar lo que no te hace feliz! ¡Hay que estar acompañado de quién quieres como lo quieres!

Seamos sinceros, no tenemos la certeza de que al cambiar sea como lo pensamos. ¿Sabes a cuántas personas acompaño porque creen que tomaron “malas decisiones”?

La vida es la vida por sí misma. Elegir vivirla en plenitud no depende de lo que hay, ni limita lo que puede haber. Solo incrementa la probabilidad de que haya lo que haya, sea una buena vida.

Y sí, en mi caso definitivamente hoy no tengo la vida de mis sueños… esa era al lado de mi esposo, amaneciendo en sus brazos, aprendiendo de él y con él, viviendo la totalidad que vivía con él… ¡Que importa! ¡Estoy viva! Incluso si no sé porqué o para qué.

Así que mientras reencuentro la vida de mis sueños y el sentido de la que tengo, hago de la que vivo la que quiero, la que sueño, la que me apasiona, la que es útil.

¿Mañana será la misma? No lo sé. En cualquier caso la que sea, será la mejor vida porque es la vida que hay.

Y por primera vez entiendo de fondo la paz, la serenidad, el amor, la calma, la plenitud de Michael más allá de aquello que ocurriera a su alrededor.

Restemos condiciones a la vida, valoremos la vida por la vida misma y vivamos una buena vida.