Política Contemporánea

Lectura personal sobre la fractura de la ciencia política como ordenamiento de ciudad.


La afinidad política se ha convertido en un asunto enteramente emocional y ad hominem. Ideologías y partidos llegaron a su mínimo de relevancia aparente.

De la admiración se pasa a la devoción y de ahí al encubrimiento. Las faltas del líder admirado se justifican o se soslayan; la razón estorba, los argumentos incomodan, las evidencias aturden, la crítica racional desaparece y aflora la violencia emocional: todo se reduce al amor u odio incondicional. Se relativiza la moral. Todo lo del líder amado está bien; o si está mal es por “interés superior”, un mal necesario.

De seguidores y aliados a hinchada y socios. Un triunfo del líder amado le cambia tanto la vida a su hinchada como uno de su equipo de fútbol: en nada. Son mundos aparte, pero el gozo del triunfo es irresistible.

Pero los hinchas del fútbol son más sabios: no lo son del director técnico. Los de un líder político, en cambio, lo adoran y se conforman con el “ganar un poco” que les deja cada derrota en sus vidas.