Cuesta el primer millón…

(y las primeras varias cosas más)

Porque hay días que duelen y que cansan. Es inevitable querer dejarlo todo. Mirar hacia atrás, mirar hacia adelante y solo tener el ahora a veces duele. Porque cuando todo cuesta y seguir, duele. Porque duelen los esfuerzos y los sacrificios, duelen los resultados lentos, los no resultados, los resultados distintos. Duele la planificación y después la evaluación de todo eso que no salió.

Y una vez, o varias veces, llegamos a esa conclusión que lo que cuesta es el “primer millón”. Pero llegan esos días que te das cuenta que sin querer ningún primer millón, aun así cuestan un millón de cosas más;

- Cuesta el primer impulso del día para empezar a trabajar

- Cuesta irse a dormir cuando es imposible terminar todo lo que uno quiere hacer

- Cuesta plasmar en un papel las ideas que uno tiene en mente

- Cuesta encontrar “ese” libro ideal, para “el” momento ideal

- Cuesta definir con qué actividad seguir

- Cuesta tomar las decisiones

- Cuesta hacerte entender, y sobre todo, que te entiendan

- Cuesta reflejar la importancia que cada cosa tiene para uno

- Cuesta seguir pensando que algún día, de alguna forma, todo se puede acomodar

- Cuesta soñar cuando comparamos con la realidad

- Cuesta la realidad cuando queremos soñar

- Cuesta frenar cuando un pequeño pulso dentro de uno dice seguir luchando, pero

- Cuesta luchar cuando parece que ya no queda más nada para hacer

- Cuesta encontrar el anotador perfecto

- Cuesta empezar a usarlo, porque escribir la primer hoja de un cuaderno, es un camino sin retorno

- Cuesta decidir si una idea se plasma en una computadora o en un borrador perdido

- Cuesta definir qué música poner de fondo, si de esas que nos llenan de energía o alguna que nos pueda convencer definitivamente, que hay que irse a dormir

- Cuesta quejarse, siendo feliz con lo que uno hace

- Cuesta abandonar cuando es evidente que se ha hecho todo lo posible, e incluso lo imposible

- Cuesta imitar a quienes tienen ese impulso natural de lucha y persistencia

- Cuesta no enojarse con las propias contradicciones

- Cuesta no enojarse con las contradicciones ajenas

- Cuesta darse cuenta que ya es momento de refrescar la mente, hacer otra cosa, para volver renovado

- Cuesta renovarse cuando un tema se convierte en una obsesión

- Cuestan las obsesiones cuando es necesario salir de foco para volver a encontrarlo

- Cuesta definir (y definir de verdad) lo que uno quiere hacer, cómo quiere hacerlo y con qué propósito, sin perderse y encontrarse a uno mismo muchas veces

- Cuestan los días que se decide no hacer nada para despejar la mente

- Cuestan los días que se decide trabajar intensamente y se pierde noción del tiempo y espacio

- Cuesta no frustrarse

- Cuesta alegrarse de pequeños logros

- Cuesta conformarse con grandes triunfos

- Cuesta no querer siempre ese “poquito más” y seguir empujando los límites de lo posible

- Cuesta no olvidarse de los que estuvieron sosteniendo los peores y mejores momentos

- Cuesta olvidarse de los que no estuvieron

- Cuesta ir despacio para observar más y prestar más atención

- Cuesta no correr sin un rumbo y sin fin

- Cuesta organizar los impulsos, refinarlos y cuesta seguirlos

- Cuesta reír a pesar de las lágrimas y más cuesta reír sin esfuerzos

- Cuesta dejar ir

- Cuesta dejar de pensar sintiendo pero cuesta mucho más sentir sin pensar

- Cuesta aceptar y cambiar

- Cuesta hacerse amigo de la flexibilidad

- Cuesta dar ese espacio a la mente para que quede en blanco y disfrutar

- Cuesta relajarse y dejar pasar

- Cuesta dejar pasar cuando solo pensamos en querer llegar primero

- Cuesta dejar pasar incluso estando último

- Cuesta también la soledad

- Cuestan igual las compañías por demás, de presencias que en realidad no están

- Cuesta el silencio

- Cuesta más el ruido cuando no son sonidos

- Cuesta confiar en qué arraigarse

- Cuesta soltar

- Cuesta estar en pie siendo íntegro, sosteniendo cada una de las imperfecciones que nos hacen auténticos

- Cuesta mejorar

- Cuesta perder cuando se entregó todo

- Cuesta ganar si siempre se quiere más

- Cuesta escuchar y hablar con propiedad

- Cuesta dejar de lado las interpretaciones y ser preciso

- Cuesta no hablar de más

- Cuesta hablar de menos

- Cuesta hablar cuando se quiere callar

- Cuesta callar cuando hay mucho para decir

- Cuesta dar todo, para luchar.

Y así me di cuenta que al momento de perseguir pasiones y sueños… hay muchas cosas que cuestan más “que el primer millón”.

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