Síntoma de una época
Los peligros detrás de las pseudociencias y las verdades subjetivas.
La tierra es plana, las vacunas no funcionan o no son necesarias… en los últimos tiempos han proliferado teorías pseudocientificas (o directamente pre-cientificas) en claro contraste con la evidencia científica. A quienes sostienen tales barbaridades no hay forma de hacerlos entrar en razón: ni la lógica, ni la evidencia, ni los estudios lográn hacer mecha en la terquedad de estas personas. Es, a priori, un error incurrir en tratar de ¨tonta¨ a esta gente. Algo está pasando, y es algo que guarda mucha relación con la época en la que vivimos.
Para ilustrar mi punto plantearé el caso paradigmático de la astrología. La astrología es una disciplina directamente pre-cientifica, que tiene mucho que ver con lo que fueron las primeras observaciones sobre el cosmos. Muy anteriores al surgimiento de la ciencia, la sistematización, el método y la evidencia. Es indudable que las premisas de la astrología son falsas. No hay prueba alguna de que el movimiento de tal o cual cuerpo celeste (siempre arbitrario) influya en los sujetos. Nacer en determinado mes no determina la personalidad. La posición transitoria de un planeta no indica fortuna, mal humor o nostalgia. Esto está clarisimo, no hay duda real al respecto. Pero aún así estamos en el auge de la astrología y paralelo a él hay todo un mercado que se beneficia económicamente.
Quienes creen en la astrología no pertenecen a tal o cual estrato socioeconómico ni a cierto nivel de educación formal en puntual. Universitarios y personas sin secundario completo, gente adinerada y gente pobre: la creencia en esta disciplina es muy transversal. Lo único observable es que es mucho más presente (o más manifiesto) en mujeres que en hombres.
Retomando: Tenemos entonces la certeza indiscutible de que la astrología es un invento y que nada de lo que dice es real. ¿Por qué entonces muchísima gente cree en ello? En los tiempos que corren lo que es verdad y lo que es mentira se ha desdibujado; peor aún, ha dejado de importar. Los medios de comunicación difunden informaciones que de antemano saben falsas (y que son muy fácilmente comprobables) para un público adicto a esas informaciones falsas. Las redes sociales abundan en ¨fake news¨ que son acriticamente compartidas y replicadas al infinito. Estamos inmersos en un relativismo en el que la verdad ha perdido protagonismo. Si bien es cierto que es discutible qué es la verdad, de repente perdemos los pocos (y dificultosos) acuerdos a los que habíamos llegado. Lo cierto es lo que a mi me parece cierto, independientemente de que los hechos no concuerden y que la evidencia indique lo contrario. La importancia del Yo es tal que sobrepasa a la de la realidad, a la de la ciencia. Hemos llegado a un individualismo tal en el que todo lo que me rodea depende de lo que a el sujeto le parece, y el sistema parece avalar que lo real pase a ser subjetivo.
El peligro que hay detrás de ello es evidente: así como la astrología está siendo restablecida (y los medios de comunicación incluso le dedican cada vez más espacio), también otros movimientos e ideas que hace veinte o treinta años eran motivo de vergüenza para sus defensores ahora resucitan de la mano de la perdida de relevancia de la realidad, de lo real. Si sólo importa lo que a mi subjetivamente me parece, entonces estemos preparados para el advenimiento del fin de los calendarios obligatorios de vacunación y con toda seguridad el resurgimiento (en público) de idearios racistas o supermacistas.
¿Podremos combatirlos? Difícil si todo apunta a que la razón no existe, que la realidad es ficcional y que lo único importante es el individuo. Y las fuerzas detrás de esto están desatadas. Será muy dificil un cambio de paradigma que retrotraiga la situación.
