Algunas reflexiones a partir de la tragedia de Costa Salguero

Desde el Instituto de Investigación de Jóvenes Violencia y Adicciones de BA, queríamos compartir algunas reflexiones ante la reciente tragedia en la fiesta electrónica realizada en Costa Salguero ha generado un amplio debate en torno a las formas de diversión de los jóvenes, a los consumos problemáticos que se dan en las mismas, a las responsabilidades de los empresarios que explotan ese negocio y las que caben al estado frente a esa problemática, así como el rol de la familia y de las organizaciones comunitarias.

IJOVENES y los consumos problemáticos

En el informe 2015 de IJOVENES, se señala que “cuando analizamos el consumo problemático hoy, podríamos decir que la sustitución de la figura del ciudadano por la del consumidor introduce consecuencias que algunos autores llamaron “liquidez” y otros, “fluidez”. Se trata de puro consumo. En definitiva, el mercado introduce una serie casi infinita de objetos listos para consumir. Y en este sentido, las sustancias psicoactivas (o lo que sea: cirugías, bingo, compras, internet, celulares, etc.) se inscriben en una lógica de mercado como cualquier mercancía”.

El rol del estado

¿Qué rol cabe al estado frente a esta situación? Para la lógica de mercado, la prioridad es maximizar los beneficios y para lograrlo no parecen existir límites. El negocio de la venta de agua –claramente asociado a la venta de sustancias prohibidas- en las fiestas electrónicas y la búsqueda de condiciones (cierre de canillas, calor, etc) que amplíen su rentabilidad es un ejemplo que nos pone cara a cara con las responsabilidades del estado.

¿No saben los que diseñan y ejecutan las políticas estatales cuáles son las características con que se desenvuelven las fiestas electrónicas? ¿Se ignora acaso los consumos que se producen en ellas? ¿No se conocen de antemano los riesgos que afrontan sus asistentes?

Está claro que, en el plano específico, es necesaria una presencia activa que controle la actividad empresaria y que establezca mecanismos de prevención y asistencia sanitaria para los jóvenes frente a los consumos a los que estarán expuestos en las mismas.

El eje en el sujeto

Ello requiere un estado que haga eje en los sujetos y no en las sustancias.

Conocido es el debate en torno a la conveniencia o no de la prohibición de determinadas sustancias y la penalización de su comercialización. Sin intentar dirimirlo, lo que sí surge con claridad es que no parece existir una actividad investigativa del estado tendiente a evitar la comercialización de sustancias prohibidas en dichos eventos o que, si existe, es demasiado laxa, con lo cual, la prohibición termina convirtiéndose en aliada de un consumo sin controles ni recaudos específicos frente a los riesgos que genera.

Se sostiene en el mencionado informe de IJOVENES que “si el eje de análisis no es la sustancia lícita o ilícita sino el sujeto, es necesario pensar el vínculo problemático que cada sujeto sostiene con el objeto en cuestión. La Ley Nacional 26.657 de Salud Mental establece en su artículo 4º que cualquier ciudadano que tenga un vínculo problemático con el consumo, sea el que fuere, está padeciendo, y es competencia de las instituciones sanitarias darle tratamiento a la temática. Este cambio normativo y las transformaciones en la subjetividad contemporánea requieren revisar y repensar los modelos de intervención relacionados con el consumo problemático. Es necesario pensar la singularidad del sujeto en clave de época y situación. Pero además, ese modelo de intervención debe pensarse desde la base misma, en el sistema de atención primaria de la salud y en el contexto de las intervenciones destinadas a fortalecer la organización social y comunitaria”.

Basta pasar revista a los testimonios que surgen de la fiesta electrónica mencionada y de actividades similares de diversión para advertir que el estado aun está muy lejos de hacer eje en las personas, claramente desprotegidas frente al imperio sin límites de la lógica del negocio en dichas actividades.

Estrategias de reducción de riesgos y daños

Se agregaba en aquel informe que “en la estrategia de reducción de riesgos y daños se parte del hecho de que la persona está consumiendo y que está en riesgo. Que hay situaciones a las que se expone y que hay cosas que no sabe. Y que es posible ayudar a esa persona a esclarecer algunas informaciones sobre su propio consumo, así como también a cuidarse. En el terreno de la prevención, la reducción de riesgos y daños no se dirige de modo estricto y lineal a la producción de un efecto. En este sentido, no se trata de una lucha o un combate. Tampoco de una comprensión somera de la idea de prevención. Cabe destacar la noción de “prevención inespecífica” como una intervención que apunta a algo más que al no inicio o la supresión del consumo. Se debe tomar también la idea de prevención en tanto promoción: de posibilidades, de sentidos, de transformaciones, de fortalecimiento, de escucha, de activación de recursos y alternativas para resolución de problemas; en fin, de construcción de un proyecto vital”.

Las familias y la comunidad frente a la diversión juvenil

El debate también vive en las familias, donde los padres sienten cada vez más que la organización de la diversión desde la perspectiva de consumo avanza sobre su autoridad y controvierte la relación que construyen con sus hijos. Cada vez se les torna más problemático establecer responsabilidades y definir límites sin quitarle libertad a sus hijos y en muchos casos terminan refugiándose en formas transaccionales (como las previas de consumo de alcohol en los hogares), claramente insuficientes frente a los riesgos crecientes que padecen los jóvenes.

Sin pretender diluir la responsabilidad que se ejerce en cada familia, está claro que si el estado no asume su rol y promueve o permite la hegemonía de la lógica inmediatista del consumo, se ven claramente restringidas las posibilidades de respuesta desde las familias y la comunidad.

El desafío de las políticas de estado

No se trata sólo de los recaudos a tomar frente a una fiesta determinada, sino de una reformulación integral de las políticas estatales que contemple también el debate en torno al modelo de convivencia que se pretende.

Sin intentar minimizar las responsabilidades específicas de las autoridades de aplicación en torno a la tragedia de Costa Salguero, está claro que no se trata sólo del problema o la falencia de un partido político o de una gestión estatal circunstancial.

La tragedia interpela a todas las fuerzas políticas y sociales y requiere que se asuma el problema como una cuestión de estado en la que no serán útiles medidas improvisadas que no aborden la cuestión de manera integral.

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