No me interesa lo que hayas hecho estos últimos dos años, tres o cuatro.

Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar para saber lo que anhela tu corazón.

No me interesa la edad que tengas.

Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa lo que planetas están en armonía con tu luna.

Quiero saber si has tocado el centro de tu propio dolor, si se ha abierto a las traiciones de la vida o se a marchitado y cerrado por miedo a más dolor.

Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, el mío o el tuyo, sin ocultarlo, o desvanecerlo, o fijarlo.

Quiero saber si puedes estar feliz, con tu alegría o la mía, si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos de las manos y los pies, sin advertirnos de tener cuidado, para ser realistas, y recordar las limitaciones del ser humano.

No me interesa si la historia que me cuentas es cierto.

Quiero saber si decepcionas a otros para ser fiel a ti mismo; si puedes soportar traiciones pero no una tuya; si puedes ser fiel y por lo tanto digno de confianza.

Quiero saber si puedes ver la belleza, aún cuando no es bastante, todos los días y todas las noches.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y aún así saber que es lo correcto.

No me interesa saber dónde vives o cuánto dinero tienes.

Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de dolor y desesperación, cansado, y aún así seguir con esto.

No soy yo quien sabe como llegó aquí.

Quiero saber si estarás en el centro del fuego conmigo sin huir.

Quiero saber lo que te sostiene, desde el interior, cuando todo lo demás desaparece.

Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo, y si verdaderamente te agrada la compañía que está contigo en los momentos vacíos.

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