MÖNCH (4.107m)

El monje (Mönch), situado entre dos majestuosas cumbres: Eiger y Jungfrau. Un coloso más de los Alpes Berneses.

La ruta normal a la cumbre sube por la cresta S/E. Este fue el camino que seguí la primera vez que hice esta montaña junto con mi compañero de cordada Punky. Sin embargo, la volvimos a repetir, esta vez por la pala sur, bastante mas interesante técnicamente.

Pala sur del Mönch (D+)

Esta vez éramos tres: Punky, Miriam y yo. Debo mencionar tambien a Roberto y Alejandro que estuvieron apoyándonos desde el campo base y nos hicieron pasar buenos ratos la tarde anterior.

Era 7 de noviembre, ya fuera de temporada. Para llegar a pie de via tuvimos que coger el tren cremallera que sube desde Grindelwald hasta Jungfraujoch.

La única actividad de ese día fue una pequeña aproximación al refugio del Mönch, no guardado por las fechas que eran. Aún así, tuvimos que compartir refugio con unos franceses que iban a grabar el salto base más alto de Europa que se realiza desde Jungfrau.

En pie a las 04:00 a.m al día siguiente con emoción y ganas de escalar salimos del confort del refugio al frío gélido de la madrugada a 3.500m de altura. Y aquí comenzó la aventura..

Amanece en el glaciar

Los tres ya encordados atravesamos parte de glaciar y seracs de la falda de la sur del Mönch con la iluminación única de los frontales enganchados en nuestros cascos.

Llegamos a la primera sección en la que necesitábamos echar mano a los dos piolets. A causa de la helada en la noche la nieve estaba muy dura con partes de hielo duro. Miriam se estrenó por primera vez en hielo teniendo que escalar una pared de serac de unos 30–40 metros a 60–70º. Sin demasiados problemas conseguimos subirnos a la parte superior del glaciar junto a la pared de hielo y nieve de la pared sur. Aquí es donde más roto está el glaciar y mas grietas tapadas existen.

Comienza a amanecer, progresamos saltando grietas. Intuyo un puente de nieve que cubría una estrecha grieta. Prefiero saltarlo. Segundos después escucho un grito que se ahoga en el tiempo. Me tiro al suelo y observo que faltaba uno de nosotros. Miriam no estaba, había desaparecido y todo estaba en silencio. Décimas de segundo después me percato de que aquel puente de nieve debió haberse roto bajo sus pies. Por suerte ella iba en el medio, tiramos Punky y yo desde los extremos y conseguimos sacarla sin necesidad de montar polipastos. Su peso pluma también ayudó.

“He caído metros y metros en caída libre entre muros de hielo, no conseguía ver el final. Gritaba pero no me escuchabais!”

Esas fueron sus palabras cuando conseguimos sacarla de aquella caverna helada. Ciertamente cayó alrededor de 8 metros y por más que gritase, el hielo ahogaba su voz. Si todavía no estaba bien despierta esto la espabiló en el acto. A ella y a todos.

Continuamos, ya estábamos a pie de via. un muro de hielo y nieve de 500 metros se alzaba hacia el cielo.

comienzo de la via

Subí “a tope de cuerda” y decidí montar una reunión con una estaca y un piolet para poder asegurarlos.

El sol poco a poco comenzaba a calentar la pared. La nieve iba a ir ablandándose con el tiempo, estando menos fija en la pared, así que prefería subir un poco más ágil. Por ello, esta fue la única reunión que montamos. Desde aquí, todo en ensamble.

La pared poco a poco iba inclinándose más y más.. unos 55º.

Mitad de la pala sur.

Roberto nos asistió el día anterior con medios para poder comunicarnos con el campo base. En concreto con unos Walkie Talkies.

Intentó contactar conmigo. No era lo que se dice un buen momento para tener una conversación, pero aún así conseguimos intercambiar informaciones básicas. Consiguió fotografiarnos.

Vista desde el Campo base.

El último tramo hasta llegar a la cornisa cimera realmente se verticalizaba bastante. Era un ambiente verdaderamente alpino. Estaba disfrutando muchísimo.

Abriendo vía. Arriba la cornisa cimera.

Finalmente llegué a la cornisa. Les aseguré este último tramo mientras podia disfrutar, ahora sí, de aquellas maravillosas vistas con Kleine Scheidegg en el otro lado de la montaña. Habíamos tardado en hacer la pala alrededor de dos horas.

Saliendo por la cornisa.

Una vez encima de la cornisa ya podíamos volver a avanzar usando solo los pies con una panorámica digna de recordar. Una vez allí, nos encontramos con alguna otra cordada que venían de otras rutas. Sólo nos quedaban unos cuantos metros de subida hasta la cima. Y lo conseguimos. Punky y yo por segunda vez. Miriam estrenando cumbre.

Mönch summit.

El descenso se realiza por la ruta normal: la cresta S/E. Puesto que estábamos ya fuera del verano la nieve había afilado la arista y apenas había huella. Es un descenso muy aéreo.

Arista cimera

La ruta normal es también muy interesante por la exposición que tiene y los continuos abismos a cada lado. Lentos pero sin descanso fuimos descendiendo por aquella increíble cresta.

Perdí la noción del tiempo. Bajaba feliz por lo que habíamos hecho y disfrutando de esas maravillosas vistas. No recuerdo el tiempo que necesitamos para llegar a la estación de Jungfraujoch, pero no fue poco… Así terminó una jornada llena de sustos, alegrías y emociones, una cima más en el bolsillo y un recuerdo que jamás podrá borrarse.


WAY TO SUMMIT.

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