Así es como la cosa se pone seria

Wendy Racines
Aug 26, 2017 · 5 min read
By William Iven

Esta es la situación: La vida fácilmente se cierra a una serie de actividades rutinarias y cómodas que nos van absorbiendo, para bien o para mal. Aparentemente, nuestra naturaleza contradictoria nos impulsa a ser nómadas pero también nos enseña que los patrones son cálidos. La incertidumbre siempre se presenta como una avalancha de (sin)sentidos. No hay control. Y a algunos no nos gusta esa inestabilidad mental.

Hay una tendencia común de condenar lo incierto. Lo excesivamente cambiante. Y después de pisar los 20 y acercarte a los 30, parece ser una constante. Si vives con la idea de “cómo vaya viniendo, vamos viendo” serás calificado como un inmaduro, un inconstante. La gente no te augura el mejor futuro. O se debaten en apuestas tácitas de tiempos y razones que te harán “sentar cabeza” y “cortarte la coleta”, según sea el caso de tu aparente desvío.

Pero si entras en una cultura abierta a los cambios y a la innovación, el panorama se muestra distinto. Pasamos la mayor parte de nuestra vida admirando a la gente que se arriesga. Cada quién escoge sus favoritos, pero todos tenemos alguna clase de amor o fijación por esa gente que se muestra libre, decidida e inventora. Consumimos sus productos, apoyamos sus ideas y compartimos sus frases célebres en la red social de turno. Asumimos un rol pasivo de motivar y motivarnos a partir de frases arriesgadas, ¡pero nos adaptamos al confort del día a día!

Está bien. El mundo estaría en peligro si todos fuésemos del grupo de los temerarios. Aunque probablemente seríamos más felices. En la medida que pasan los años, más me convenzo de que la posibilidad de sentirse libre (nótese que cada quién debe tener su definición de libertad) es, sin duda, la mejor de nuestras búsquedas de vida. Morir sabiéndose pleno, libre y que uno vivió la vida como quiso, mientras suena My way en la potente voz de Sinatra. Morir oyendo a un crooner sumamente exitoso que la pluma de Gay Talese inmortalizó en una crónica, debe ser una imagen poderosa para condensar el Veni, vidi, vici​.

De todos modos, sin importar cómo nos moldea la personalidad, si preferimos reducir la incertidumbre en pro de una vida más tranquila o si somos de los que saltan cascadas cada mes, ¡está bien! No hay una manera única de vivir, ni de tomar riesgos. Lo que sí es cierto es que existen un compedio de actitudes que podrían poner en acción aquello que queremos lograr ser o hacer. Porque lo importante es que siempre estemos en constante reto, cuestionamiento o reflexión de uno mismo. No por ansias de perfección, sino en un ejercicio de terapia filosófica individual. No hay duda de que vinimos a este mundo para crecer día a día — somos una pieza inacabada.

Hoy me permitiré resumir esas cosas que a mí me generan una nueva configuración de hábito. Pequeñas cosas que simbólicamente representan una apertura al cambio, mi interés de afianzar algo nuevo o, incluso, aquello que define cuando algo pasa de ser una buena idea a ser algo en serio.

  • Anotar algo en una pizarra, pared o marcador del navegador. Uno siempre anota cosas, llena el calendario digital o coloca notas en el teléfono, bien. Pero cuando decides hacer de esa idea algo completamente visible y, por ende, presente en tu vida, ya la cosa cambia de nivel. El problema está en que te habitúes tanto al pensamiento que tu mente lo convierta en parte insignificante del paisaje.
  • Definir horas de dedicación en la agenda. Todos tenemos alguna forma de organizar el tiempo y este ya es un hábito bastante complejo, si no se tiene. Pero cuando ya pasamos esa fase uno, sabemos que escribir algo con bolígrafo en la agenda es santa palabra. Lo ideal es definir tiempos, fechas y desglosar las sub-tareas. Ese ejercicio ya nos dice: Vamos en serio. ¡Esto va a pasar! La dificultad siempre estará en la forma en que asumes tu disciplina.
  • Cuando lo hablamos frecuentemente. Sí, ya sé, hablar de que quieres ser o hacer algo no necesariamente te ayuda a lograrlo, pero es un buen comienzo. Escucharte a ti mismo decir algo al respecto ya lo hace algo importante en tu vida. Son los tópicos que las personas asociarán a tu persona. Habrá preguntas. Habrá personas que querrán sacarte el tema, ir más allá o hacer seguimientos. Solo no te vuelvas monotemático y trata de progresar o, si no, tus conversaciones se reducirán a condicionales y excesivos deseos a futuro. ¡Y eso genera el efecto contrario!
  • Investigar e indagar. Dedicar tus horas libres a hacer búsquedas en Google, comprar libros, encontrar y aprender de referentes, iniciar cursos y definir hojas de ruta para monitorear aprendizajes y hallazgos también es una actitud orientada a adherir algo a tu vida. Trata de identificar cómo te sientes con respecto al hábito mientras profundizas en él. Procura no obsesionarte, puedes quedarte en ser simplemente un súper fan o un espectador.
  • Plantear plazos y metas coherentes. Trazar mapas para organizarte es la mejor forma de decirle a tu cuerpo y a tu mente “quiero hacer esto, en serio”. Tienes que vivir unas primeras experiencias espontáneas del cambio. Forzarte a hacerlo, así debas dejar algo de lado temporalmente. Si vas a escribir, relájate y sin previo aviso, ponte una hoja o espacio blanco al frente. No huyas ni juzgues en exceso tu primer esfuerzo. Habrá errores, será incómodo o difícil. Pero apartir de él, definirás plazos de repetición (no tienen que ser milimétricos), evaluarás lo bueno y lo malo y, sobre todo, plantearás objetivos medibles y posibles, de acuerdo a tu estatus actual. Deja tiempos libres y compensa con otras actividades diametralmente opuestas. No te puedes aburrir, desanimar o abrumar si apenas estás comenzando. Te aseguro que, la mayoría del tiempo, el cambio y sus evidencias serán lentas.
  • Hacer algo por más de 21 días. El número varía pero básicamente concentra más de 20 experiencias en un intervalo de tiempo que sea cómodo y prudente para tu plan. Los arriesgados son especialistas en crear algo nuevo, pero también saben lo importante que es asentar las prácticas buenas. O, de lo contrario, serán simplemente eternos experimentos. Si quieres consolidar los cambios, anímate a crearle rutinas y hacer que esas rutinas formen parte activa de tu vida. Si tienes una buena racha de 5 días, ¡no te premies en exceso! Es un buen comienzo pero puede desinflarse en la mitad de ese tiempo, si no continúas el arte de la repetición.

Seguro hay más actitudes que mencionar y mucho que profundizar de cada una de estas, pero ya quedará para una próxima ocasión. La mía de hoy, de ahora, será volver a escribir. Hoy es el intento número 1. ¿Ya definiste cuál es el cambio que quieres hacer? ¿Y sabes por qué lo quieres hacer, genuinamente? ¡Ese es un buen comienzo!

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Wendy Racines

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Comunicadora, productora y gestora cultural en formación. Investigo y escribo para reinventarme. Siempre de aquí para allá. Fundo www.kronek.com

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