Ella bailaba como nadie.
En cámara lenta, en blanco y negro.
La falda de su vestido cortaba el aire
y el aire que ella creaba
con las ondulaciones de su cuerpo,
con el sublime contornear de sus caderas
y la danza de su pelo;
ella cortaba mi aliento.

04'02'’


Sus manos arrastraban una estela de luz
cuando las alzaba al viento,
y los dedos en sus manos
eran fragmentos del amor
que de ella, yo quería.

Las caricias que debían dar esas manos.

Ella bailaba como nadie.
Era de noche y había Luna llena.
Pero que mezquina me resultaba la Luna
compitiendo con la belleza
de ella,
de la diosa,
de su danza.
Por la ventana ambas se asomaron
y se miraron a los ojos,
y la Luna parecía sonreír dentro de ellos,
y sus pestañas se tocaron,
y el bals terminó.
Ella venía de la Luna.

El brillo pálido de su piel,
el vestido ajustado y la flor en su cabello.
Imagino que de su frente
nacen margaritas,
y de sus labios,
gardenías blancas.
Y en su cuello un collar de espinas.

Nadie bailaba como ella.
Por su pecho se deslizaban pétalos azules,
eran rosas y el aroma del invierno.
Su cintura pequeña
y sus pechos livianos,
el largo infinito de sus piernas
y la fase lunar tatuada,
discreta,
el anillo de Saturno,
girando alrededor de su tobillo.
Imagino la gracia de sus pies
caminando sobre el césped.

Ella me seduce sin saberlo,
despierta mi pasión,
sacude la tierra y
amanece de golpe.
Y el Sol cambia el color de su mirada
como ella cambió mis sueños
durante aquel bals,
mientras bailaba.

Nadie bailaba cerca de ella.
Somos como sátelites,
flotando a su alrededor,
esperando alcanzar recepción,
una señal de nueva vida,
del próximo destino.
Ella sería mi último viaje,
y yo un astronauta incauto,
curioso,
sin temor a sus espacios no explorados.
Yo quisiera conquistarla,
adorar sus facetas,
besar las estrellas de su espalda
y las espinas en su cuello.
Yo sería su último pasajero.

Ella es, lo sé.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.