Marry me,
and slow dance with me in our bedroom
with an unmade bed and candles on the nightstand.
Let me love you forever.
Marry me.

From 15 to 25


Aries está de cumpleaños. Tiene veintiuno y seguramente las uñas muy bien pintadas. La última vez que la vió se había teñido el cabello, una vez más, y otra vez. Y es una secuencia extraña, sin fecha y encantadora.

Como todo en Aries.

Capricornio no pinta demasiado. Solo es un tipo desaliñado, poco sensible, medio distraído, lleno de taras y prejuicios. Capricornio es un tipo enamorado. Pero esta buena noticia no cambia demasiado su semblante siniestro. Le gusta Aries, se la imagina con el cabello rojo y con el colgante de las tres plumillas en su pálido cuello. Se la imagina en el trabajo, en la universidad. Pero es muy mezquino, no suele demostrar cuando alguien realmente le importa. Tiene detalles autistas que pasan desapercibidos.

Aries le cae bien a todo el mundo, le cae buena a todo el mundo.

Si sabes a lo que me refiero…

Aries despertó en Capricornio cosas que él mismo desconocía, o creía fosilizadas en su recondito e inexprorable interior. Aries le picaba en las manos, en las yemas de los dedos, en los nervios de la nuca, en la danza rara y la risa de ganzo que soltaba cuando ella se hacía la graciosa.

Que linda es Aries.

No recordaba exactamente cuando era que la había conocido, su mala memoria solo le dejaba espacio para rutinas a corto plazo. Creyó que ya serían algo de tres años, quizá un poco menos, pero ya casi. Y en ese tiempo Aries fue como un nuevo mundo, una lengua extraña, una especie rara y exquisita de heroína inyectada directamente a la sangre. Sin pena pero con gloria. Sin costumbre pero de un vicio imposible de olvidar.

Como al disco de The Smiths.

Aries le había regalado muchas cosas buenas a Capricornio, entre ellas una lección que dejó huella en sus malas costumbres. Aries se movía fresca, libre, danzaba bajo la lluvia, comía helado en invierno, era muy tierna en ocasiones, dormía mucho, vivía mentalmente en la otra mitad del mundo.

Ella era como ninguna.
Única hasta en el color de las uñas.

Capricornio era muy serio o muy payaso, y solía arruinar las conversaciones con Aries sin siquiera notarlo. Pero ella dejaba pistas claras de que la estaba jodiendo. Y cuando captaba las señales, a veces, ya era muy tarde. Esos días que se quedaban sin hablarse el uno al otro, dependiendo la estación, parecían el triple de largos, o un solo día inacabable.

Esa mala costumbre de alejarse todo el tiempo, de crear periódos largos de distancia entre ambos, de aumentar los kilometros que tenía que recorrer su voz para llegar a ella de nuevo…

No te vayas.

Noto que mi cuerpo está lleno de espacios en todas partes, que tengo tantos vacíos, espacio entre los dedos de la mano, entre los brazos y el torso, un gran espacio entre los labios.
Quiero que todos esos espacios y vacíos los llenes tú, con tus manos, tus abrazos y tus besos. Tengo mucho espacio, y todo es para ti.

Y si el tipo huraño que nació en Enero me pediría un consejo, le diría que nazca de nuevo.

¿Qué?

Lo siento, para lo que tú eres no hay cura. Si Aries, que es encantadora, no puede cambiarte. Nadie lo hará. Tú mismo te enredas más la cuerda al cuello.

Entonces…

No dudes.

¿Me aceptaría una vez más?

Pregúntaselo tú.

La quiero.

Lo sabemos. Pero esta nada convencional manera de quererla te está alejando de Aries. Deberías ser un poco más atento con ella, ¿sí?

Sí…

Eres un autista.

¿Cuándo dejamos de hablar de Aries?

Déjame continuar con la historia mientras ordenas tus ideas.

Así que, es probable que mientras, esta noche, Aries tenga un pastel para celebrar el 25, Capricornio tenga un vaso con agua tibia y un comprimido de esos que hacen dormir sobre la palma de la mano. Ambos mirarán en la misma dirección pero no se verán el uno al otro.

No voy a alejarme de ella de nuevo.

¿Cómo dices?

A veces, cuando me siento azul y me encomiendo a mí mismo, prefiero dejar las cosas como estaban y a las personas donde estaban. No muevo nada ni me acerco de nuevo hasta sentirme mejor. Porque tengo esta idea de que cuando suceda, las cosas y las personas seguirán ahí, donde las dejé.

Lo sospechaba.

Aries quizá no lo sabe. A ciencia cierta, quiero decir.

Pero tú vas a volver con ella y vas a decírselo, ser sincero.

¿Y si deja de quererme para cuando lo sepa?

No lo sé. Nadie lo sabe ni se sabrá si no lo intentas. No tengas miedo. Quizá, tengas suerte, y ella esté esperando que hoy vayas a verla. O podrías darle la sorpresa. Cuando hemos querido mucho a alguien por un tiempo largo y constante, no olvidamos de buenas a primeras, ni dejamos de esperar. Así como tú tampoco la olvidas.

No sé si pueda ser tan cursi como tú…

De nada.

Aunque ella saca todo eso de mí.

Naturalmente.

¿Ah, sí?

Porque la quieres, te gusta. Aries te civiliza.

Qué…

Te veo mañana, Capricornio.

Nota del narrador:

Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia. Las palabras subrayadas contienen un vínculo musical.
Feliz veinticinco.
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