Entre migrantes

Honduras del alma

Maharaj enseña que todas las divisiones son falsas. De modo que decirte que vivo en Monterrey, es falso. Es más apropiado, aunque sigue siendo falso, decirte que vivo en la Tierra.

Monterrey, capital de Nuevo León, está situada al noreste de México. Y Nuevo León, forma parte de la frontera sur de Texas, EU. Así que por estas latitudes podemos observar a los llamados migrantes. Me choca la palabra migrante. Prefiero migrante. Y me choca hablar de latitudes y de Estados y de Capitales y de Países, porque son precisamente esas divisiones conceptuales las que producen en nuestras cabecitas, diferencias psicológicas que no existen en la realidad.

Como decía, por estas latitudes, un buen día descubrí a un migrante. Y dije descubrí. Porque descubrir significa quitar lo que cubre a algo, o a alguien, para poder ser visto. Descubrir no quiere decir encontrar algo nuevo. Descubrir quiere decir, que ese algo siempre ha estado allí. Y que solo hacía falta quitar un velo para verlo. Ese velo es la ignorancia. La Ciencia nunca encuentra nada nuevo, solo nos hace menos ignorantes de nuestro entorno. O más conscientes de él.

Quiero decir, que cuando vi por primera vez a un migrante, me di cuenta de que en casi cinco años de pasar por el mismo lugar, rumbo al colegio por mis hijos, nunca los había visto.

Entonces me di cuenta que tal vez, solo tal vez, no estaba yo tan muerto todavía.

-¿De donde vienes amigo?

  • ¡de Honduras, boss!

Amo a los migrantes

Amo a los migrantes, porque demuestran con hechos, y no con palabras, que todas las divisiones son falsas.

Hubo un tiempo en la Tierra que no éramos sedentarios. De modo que un migrante debe ser una persona más viva que yo. Porque un migrante es el espíritu ancestral del hombre en busca de sustento para él y su familia. Un migrante, no es una persona, no. Un migrante, es el alma misma de toda la humanidad. Es, en pocas palabras, lo que nos mueve. Por eso se llama migrante, porque nos mueve. Es nuestro propio espíritu en busca de sustento. Nuestras ganas de vivir y de preservar la especie. Es nuestra biología. Nuestro ADN replicándose. Nuestro palpitar. Nuestra vida. Si todavía te mueve algo, entonces hay esperanza, significa que no has muerto aún. Estás vivo. Eres migrante. Tu vida tiene sentido. Sentido migratorio.

— Oye, amigo y ¿cómo llegaste hasta acá?

— ¡En el tren que va a Laredo, boss!

El migrante más grande que conozco, en carne y hueso, es la Tierra. Y para diferenciarla llamaremos a la Tierra, Migrante, con eme mayúscula. Y si la Tierra es Migrante, y nosotros vivimos en la Tierra, entonces, todos somos migrantes. El sedentarismo es una ilusión amigo.

— Oye y ¿cómo le hiciste?

— Está muy difícil, boss, los pandilleros en el Sur nos bajan del tren si nos ven. Y nos quitan todo. ¡Debe una pagarles, boss, o te golpean!. La

Migración

— Oye, y está muy difícil la situación por allá.

— ¡Sí, boss!

¿Para qué crees que se mueve la Tierra? ¿Lo habías pensado alguna vez? Quizá has escuchado la palabra «Madre Tierra». Pero quizá nunca se te había ocurrido que la Tierra al moverse, es decir, al cambiar de posición, lo que está haciendo es proporcionarnos nuestro sustento. Llevando el Sol a todas las plantas del planeta, la Tierra, en su movimiento de rotación y traslación, hace posible la subsistencia de todos los seres que la habitan.

Llamo Migración, al Poder que tiene la Tierra para hacer posible la subsistencia de todas las especies del planeta.

La Justicia y el Poder de la Tierra.

He puesto Poder, con pé mayúscula. Para diferenciar a lo que los políticos llaman poder. Porque un político es alguien sin Poder. Un político es un pobre diablo que cree tener Poderes. Un político es alguien imPotente. Sí, un político tiene poder; pero no tiene Poder. Un político es alguien que puede; pero que no Puede. El Poder de la Tierra no sabe de divisiones, es omniabarcante. El poder del hombre se basa en la división causada por lo que llamamos Leyes. El Poder de la Tierra construye, por eso es Creativo, porque crea siempre algo nuevo e invaluable. El poder del hombre destruye, porque no sabe hacer otra cosa. El Poder de la Tierra es real. El poder Del hombre es una ilusión dependiente de las Leyes.

No necesitamos del Derecho para subsistir. Necesitamos la luz del Sol. Y la Migración se encarga de impartirla a todos los seres por igual.

Por eso puede llamársele a la Tierra Justa. Porque no distingue a nadie. Eso es Justicia. Y no nuestra justicia.

Nunca estaremos a la altura de la Tierra. Nunca. Solo nos engañamos a nosotros mismos con nuestras Leyes y nuestros conceptos.

La Tierra es el primer Ser Justo. Puede decirse de ella que Imparte Justicia.

— Amigo, ¿todavía por acá?

— Sí boss, ya había llegado a Sn Antonio, pero hace un mes nos agarró la migra y nos regresó a Saltillo. Éramos como veinte. Pero nos escapamos en el camino.

Nuestras leyes

Nuestras Leyes son parciales e injustas porque dividen. Porque no pueden abarcar la totalidad. ¿Es tan difícil de ver este simple hecho? Hasta hace algunos años en México, a los indígenas mexicanos no se les reconocía en la Constitución.

Si no puedes ver o entender este simple hecho. Entonces no comprenderás que nuestra llamada justicia nunca se convertirá en Justicia. Simplemente porque el instrumento que creamos para impartir justicia, es decir la Ley, es precisamente el causante de la injusticia misma. ¿Irónico, no crees?

— Pero, ¿qué te pasó amigo?

— Me asaltaron, boss. Salí en la televisión ¿no me vió?

— No amigo, casi nunca veo la televisión. Que mal se ve tu ojo, ¿sí puedes ver bien? ¿Necesitas algo? ¿Quieres que te lleve con un doctor?

— ¿Me veo muy mal amigo?

— La verdad sí. ¿Qué sucedió?

— Dos tipos me asaltaron en el puente donde dormía. Yo conozco a uno de ellos. Sé quien es. Ya puse la demanda. Si me llaman de la policía. Yo les digo quienes fueron.

— Que pena, déjame llevarte con un oftalmólogo para que te revise el ojo.

— Estuve en el Hospital Universitario. Me querían operar la nariz, pero no quise.

— ¿Tienes la nariz rota?

— Sí. No puedo respirar bien por las noches, pero no me duele. Tengo algunas medicinas que me dieron en el hospital.

— Qué pena me da, en serio amigo. Déjame ayudarte.

— No te apures, boss, voy a estar bien.

— ¿Pero apoco te vas quedar así, con la nariz rota? ¿Te vas a ir así a EU? Y tu ojo casi no lo puedes abrir. ¿Sí puedes ver?

— Sí boss, no se preocupe.

— Cuídate amigo.

Todas las divisiones son falsas.

Divide y vencerás, así reza el dicho maquiavélico. Y nada mas cierto que esto. Pero Maharaj nos ha regalado un antídoto anti-maquiavélico.

Todas las divisiones son falsas.

La Tierra es Una. En una esfera no existe el arriba y el abajo. Es decir no hay jerarquías en la Tierra. No hay Polo Sur, Ni Polo Norte. Solo son conceptos. Tienen su utilidad, claro, pero no tienen existencia propia. Podrás señalarlos en un mapa. Pero no podrás invitar al Polo Norte a tu casa a tomarse un café con la familia.

— ¿De donde vienes, amigo?

— ¡De Panamá, hermano mexicano!

— ¡Cuídate!

— ¡Gracias mexicano!

Inocentes palabras

Mexicano, mexicana, panameño, panameña, hondureño, hondureña, brasileño, brasileña, argentino, argentina, colombiano, colombiana… Americano, americana, europeo, europea, asiático, asiática, africano, africana.

Todas estas inocentes palabras han creado en nuestra mente una división que no existe entre nosotros. Es una división psicológica. Quiero decir que solo tiene existencia en la mente de cada uno. Y que por lo tanto será una tarea individual deshacer este daño psicológico que nos ha sido dado a través de la educación y los gobiernos.

— ¡Pero, por todos los cielos! ¿traen a un bebé?…Hola precioso… ¡cuídense mucho amigos!

— ¡Gracias!

— ¿De dónde vienen?

— ¡Somos colombianos!

Deshacer este daño parece algo muy sencillo de hacer. Pero es casi imposible que a alguien le suceda.

Mi falsa identidad

A través de tu familia, en algún país, has recibido educación escolar por tantos años, que se te ha ido machacando en tu inconsciente una falsa identidad. Yo mismo, siendo niño, en la Escuela Primaria, escuché religiosamente por seis años, todos los lunes a primera hora, el Himno Nacional y los respectivos Honores a la Bandera. Mas tres años en Secundaria, haciendo lo mismo todos los lunes, es un total de nueve años.

Desde los seis años de edad hasta los quince años, que es cuando sale uno de la Secundaria en México, escuché durante nueve años consecutivos el Himno Nacional. Cantando en voz alta y desde luego haciendo el saludo a la bandera a la altura del corazón como se acostumbra en México. Haciendo cuentas, en nueve años, escuché y canté el Himno Nacional, un total de trecientos sesenta días. ¡Casi un año de mi vida desperdiciado en cantar el Himno Nacional! ¿Para qué? ¿Con qué utilidad me hicieron esto a muy temprana edad?

— Hermano mexicano, regálame unos zapatos, mira los míos…

— A ver si te quedan mis tenis. …

— Gracias, boss.

Es fácil darse cuenta que fue con el propósito de sembrar en mi mente una falsa identidad como mexicano, de modo que cuando alguien me pregunte y ¿tú quién eres? Yo conteste sin vacilar ¡Soy mexicano! O ¿de dónde vienes?, yo diga, ¡De México! O ¿estás dispuesto a morir por México? Yo diga sin titubeos. ¡Sí¡ O si alguien escupe la bandera de México, que es un pedazo de trapo, yo esté dispuesto a casi matarlo.

Los psicólogos llaman a esto condicionamiento.

Si haces algo que no sabes por qué lo haces, entonces, ten la certeza que te ha sido impuesto, de alguna sutil manera, cuando eras completamente abierto y vulnerable en tu niñez. Es una especie de lavado de cerebro.

Si hay algo mal en el mundo, eres tú. Soy yo. Son nuestras mentes. Necesitamos terapia psicológica. Tú mismo te la puedes brindar. ¿Cómo? Con entendimiento. Con entendimiento es posible lo imposible. Pero sin entendimiento, hasta lo posible es imposible.

Espíritu rebelde

Cuando ves una foto de la NASA puedes ver que América es una desde Alaska hasta la Patagonia. Pero si América es una sola extensión de tierra, entonces, ¿qué me impide moverme a lo largo y ancho de todo el continente?

Un migrante sabe la respuesta: nada te lo impide.

En cierto sentido ser migrante es tener un espíritu rebelde. El migrante comprende mejor que tú o que yo, cómo funciona el mundo. Sabe que el mundo tiene sus reglas, no las ignora. Pero no las comparte. De ahí su rebeldía. Por eso no es bienvenido en ningún País. Y es bueno que no sea bienvenido en ningún País. Porque país es un concepto acuñado por los políticos y la llamada Democracia. Yo puedo estrechar libremente la mano del migrante y darle la bienvenida a estas latitudes. Pero el Gobierno no puede hacer eso. ¿Por qué? Porque es impotente.

Al menos en México, desde que recuerdo, en cuarenta años, nunca he escuchado a un Presidente de la República que de la bienvenida a todos los migrantes de América, o del mundo. Muy extraño, ¿no crees?

— Oye amigo, ¿ya atraparon a los culpables que te golpearon?

— No hay nada, boss.