Cuarto día en Atenas

El vagabundeo como el arte de retar al azar. Caminar sin buscar nada para acabar encontrando algo. Me gusta reencontrarme con esta sensación cada vez que viajo a una nueva ciudad.

Hoy he vagabundeado por Atenas y he acabado en una pequeña librería de no más de 20 metros cuadrados, especializada en libros de historia y regentada por Anastasia en el barrio de Exarchia.

Eran sobre las tres de la tarde y las terrazas de los bares competían por ofrecer la mejor sombra a los incautos que se atrevían a pasear por la calle.

Anastasia, estaba pintando con ceras blandas una hoja de su cuaderno mientras esperaba su primer cliente. Una mesa redonda y pequeñita, que había montado al lado de la entrada de su librería, le permitía apoyar las ceras, un cenicero y una taza de café.

“Ser anarquista se ha convertido en una moda en Exarchia” me cuenta cuando ya me ha invitado a compartir mesa con ella. “Ser anarquista no es una cuestión de estética, es un estilo de vida. Me cuesta creer que todos los jóvenes que hoy se declaran anarquistas realmente lo sean. Eso sí, hay bastantes iniciativas en el barrio que están consiguiendo cambiar cosas”.

Ubicado entre la Universidad de Atenas y el Instituto Politécnico, el barrio de Exarchia tiene una gran tradición de resistencia anti-autoritaria y de movimientos anarquistas. Es un barrio residencial donde conviven cafés tirando a modernillos, espacios okupados y centros sociales .

Anastasia, que tiene 34 años, está preocupada porque cada vez se nota más la pobreza en Atenas. Según me dice, el último año le han forzado la puerta de la librería dos veces. Lo cuenta sin rencor, como si entendiera que se puede llegar a esa situación cuando estás desesperado.

Conforme avanza la tarde, hablamos de otros movimientos ciudadanos como las asambleas de barrios. En 2008, tras el asesinato de Alexandros Grigoropoulos por la policía, que trajo consigo las mayores revueltas callejeras que se recuerdan en la ciudad, las asambleas empiezan a tomar un gran protagonismo como elemento de encuentro y de búsqueda colectiva de soluciones a nivel de barrios, llegando a haber sobre unas cuarenta asambleas repartidas por Atenas. Aunque hoy, se pueden contar con los dedos de la mano las que siguen activas. No obstante, en los momentos de mayor conflicto vuelven a resurgir la mayoría de ellas.

También hablamos del movimiento ‘Den Pliróno’ (Yo no pago) que tan buena acogida tuvo en la opinión pública griega y que desde hace unos años se ocupa de reenganchar a la red eléctrica a aquellas familias que por impago se quedaron sin electricidad, sabotean peajes para no tener que pagar en los controles de las autopistas y otra serie acciones como viajar sin ticket en los transportes públicos. Un movimiento de desobediencia civil que continua con su actividad en Grecia.

Anastasia, después de dos horas de charla tiene que cerrar. Se ofrece a presentarme a un amigo que nos recibe en la Plaza de Exarchia y que mañana me acompañará a conocer un par de proyectos que se están llevando a cabo en el barrio. Le prometo a Anastasia que volveré a visitarla a su librería.

Muy cerca de allí, a una calle, se encuentra el Steki Metanaston, un espacio autogestionado por inmigrantes que he visitado esta misma mañana. Allí he hablado con dos de sus miembros de origen Kurdo y con la mujer griega de uno de ellos. Las dos principales actividades del proyecto son la enseñanza de idiomas a inmigrantes, “aunque todo el mundo es bienvenido” me comenta Anna al traducir las palabras de su marido Abdul. Y por otra parte, la gestión de un comedor social.

“Hoy por hoy, se están impartiendo clases de griego e inglés. Los profesores son voluntarios y hay unos ciento cuarenta alumnos activos. El comedor abre los sábados y domingos y da de comer a más de cincuenta personas cada día” sigue traduciendo Anna a Abdul.

Antes de despedirme me invitan a una fiesta. Será el viernes por la tarde y podré conocer a todos los miembros de el Steki Metanaston, a los profesores, a los alumnos y amigos. Habrá comida árabe y música griega. Yo me ofrezco a hacer de pinche y a lo que venga.

Mañana más.

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