Carajito no es gente

Era diciembre, un día después del fin del mundo en el año 2012, una época en la que a pesar de la depre porque Chávez ganó las elecciones presidenciales, era un país donde todavía las cosas no estaban tan jodidas. Vivía en una ciudad donde todavía podías salir de noche hasta el amanecer, tomarte unas birras a un precio asequible e ir a un local sin que el racionamiento energético te cortara la nota y obligara a los bares a cerrar máximo a las 2:00 a.m. A eso le agrego que te ahorrabas el culillo de tener que pensar adónde ir después de esa hora. Era un tiempo donde varias bandas de rock nacional todavía no se habían separado, como era el caso de 1ra Edición.

Esa noche se presentaba 1ra Edición en La Quinta Bar y un amigo súper aficionado de la banda que recién había cumplido 18 años y que no diré su nombre, pero vamos a llamarlo “El Pana”, estaba mega fiebrúo por ir a verlos, pero él no quería ir solo, aparte de que no sabía dónde quedaba La Quinta ni cómo llegar y era primera vez que salía de noche. Así que me insistió y yo de buen pana, lo acompañé. Llegamos temprano, como a las 9:00 p.m. El local apenas estaba abriendo a esa hora, no habíamos cenado y decidimos ir por unos perros en la esquina, y allí ocurrió el primer peo...

La esquina para doblar hacia donde se encontraba el perrero era oscurísima y estaba inundada por la lluvia que había caído en la tarde. Mientras caminábamos, una prepago o como dijo “El Pana” esa noche, “una señora chalequeadora”, nos ofreció sus servicios al que mi amigo le rechazó de muy mala forma, razón por la cual terminaron discutiendo e intercambiando fuertes palabras. Yo por miedo a que nos atracaran o nos cortaran la cara, decidí quedar como el amigo cagado y lo halé del brazo hasta irnos del sitio. “El Pana” se reía por mi reacción mientras yo solamente pasaba el susto a la vez que agradecía al señor que las cosas no hubiesen terminado de otra manera. Al regresar al local, decidí invitarle una birra, pero como jamás lo había visto beber algo de licor, preferí preguntarle si quería una y su respuesta fue: “marico, tengo 18 años, de bolas que bebo”. Acto seguido se tomó el primer trago que ni bajó el cuello de la botella y arrugó la cara quejándose de que “esa cerveza estaba amarga”. Ese sorbo le bastó para prenderse y ponerse ladilla.

Yo había ido con “El Pana” a varios conciertos de bandas nacionales donde la mayoría eran en espacios abiertos y podías transitar libremente. Creo que él pensaba que por tratarse de un toque, podías hacer lo mismo en La Quinta, así que cuando la música le fastidiaba por estar muy alta, decidía bajar y quedarse abajo fuera del local hasta que empezara el show. Yo tenía que ir a buscarlo para insistirle que se quedara arriba y este problema se repitió varias veces durante la noche. Luego de que se presentaran 1ra Edición y Saem, terminó el show, pero quedó el local con un ambiente muy cool, poniendo musiquita chévere para bailar o tripearselo con unas birras. Yo quería quedarme, pero “El Pana” se volvió a escapar del local porque él nada más quería ver a la banda. Cuando bajo a buscarlo una vez más e insistirle de quedarnos arriba, intentamos entrar de nuevo, pero el equipo de seguridad del local se molestó y nos dijo que no podíamos subir otra vez porque ya habíamos estado entrando y saliendo a cada rato, así que nos prohibió el ingreso otra vez y tuvimos que quedarnos abajo, esperando a que se hiciera la hora de largarnos.

Durante ese rato, nos pusimos a hablar paja y hubo un arranque que le dio por repetir todo lo que yo decía y al rato comenzó a insultarme de una manera bastante loca que me daba risa porque sabía que ese traguito de cerveza le había pegado. Cuando se hicieron las 5:00 a.m., nos tuvimos que ir caminando hasta la estación del metro Chacaíto porque ninguno de los dos tenía carro. Al llegar a Chacaíto, después de calarme su buscadera de pleito en el camino y esperar a que abrieran la estación, “El Pana” se compró un café y volvió a ser una persona sana y sobria. Allí le recordé lo ladilla que estuvo durante toda la noche y me dijo: "chamo, todo lo que te dije allá fue mentira. Eso era porque estaba borracho y no sabía lo que decía". Mi conclusión: loco de mierda. Yo estaba casi seguro de que los mayas habían tenido un retraso en su calendario y eso que estaba viviendo en ese momento era la antesala al fin del mundo. Aunque a la vez deseaba que se acabara el mundo en ese momento para que también se terminara esa noche de mierda. Cuando el metro comenzó a funcionar, cada uno agarró su camino y al llegar a mi casa, le avisé que había llegado bien y acto seguido “El Pana” me escribe disculpándose por haberme insultado y asegurando que no se acordaba de lo que me dijo. Yo no le paré bolas y me fui a dormir.

A la semana siguiente, “El Pana” me llama contándome que su prima de Miami estaba de visita y quería conocer locales nocturnos y me hizo una invitación para ir los tres... No seas marico, que te aguante tu prima.