Rawayana con 30 bolos

30 de marzo del 2011. Rawayana era una banda emergente que estaba a punto de lanzar su disco Licencia Para Ser Libre y yo era un estudiante de bachillerato bastante desmotivado. Lo único que me importaba era ir a conciertos de bandas nacionales, descubrir nueva música y tocar con la banda que tenía en ese momento, pero eso último ya es otro cuento.

Llegó el día del showcase de Rawayana, la banda que en ese momento pocos conocían y que la gente me veía como un loco por escuchar "esa música"; ahora todos cantan High. Yo, como chamín emocionado, estaba ansioso por ir, pero tenía tantas cosas que hacer ese día que no sabía si me daría tiempo. Al final de la tarde cuando me desocupé, me encuentro con mi hermana para ir a ver a Rawayana, pero antes de eso fuimos a cenar en Wendy’s porque lo necesitabamos. Al terminar de comer y dirigirnos al Hard Rock Cafe en el Sambil, nos dimos cuenta que a cada uno solamente le quedaban 30 bolos. Seis billetes de 10 que alcanzaba para pagar el cover de cada uno y quedar en cero.

Al entrar al Hard Rock Cafe, la persona que estaba pendiente de cobrar el cover se descuidó un momento y nosotros nos quedamos un rato parados esperando en la entrada a que nos cobraran, pero nadie se acercó. Así que entramos y seguimos de largo y si alguien nos cobraba la entrada, fino, pagábamos. Pero nadie lo hizo. Al rato vemos que cada una de las personas asistentes tenían un sello en la mano, así que ya qué carajo, decidimos pasar el resto del toque con una mano en el bolsillo para disimular. Estabamos los dos allí, con 30 bolos en la mano y esperando que en cualquier momento de la noche nos cobraran. Después de una hora, nos olvidamos de eso y decidimos gastar nuestros únicos 30 bolos comprando el disco, que costaba exactamente lo mismo. A las 10:30 p.m. decidimos largarnos porque no teníamos ni para pagar un taxi y dependíamos directamente del tren. Al salir, vemos que la cola para entrar al showcase era enorme y el cover lo aumentaron a 60 bolos. Si nos cobraban en ese momento, solamente alcanzabamos para pagar el cover de uno de nosotros. Pero no fue así, entonces salimos felices con el disco en mano y entrada libre.

Salimos corriendo desde el Sambil hasta el metro, agarramos el último tren y llegamos a casa sanos y salvos. Todavía conservo el disco con la calcomanía y el tatuaje.

Lamentable que ya casi no se hagan conciertos como en aquella época. Hace poco vinieron y llenaron toda la Francisco de Miranda, pero ahora, con suerte, es una vez cada 4 meses que se hace algo así.