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Estampa. Enumeración.

Y nos sentábamos a mirar un cielo parco sobre las hojas marrones de los robles.

Y veíamos al sol volverse una pira e inmolarse en reverencia a las estrellas mientras la tetera hervía en la estufa.

Te escribí diez mil cartas. Capturamos sueños y enredamos momentos buenos y malos.

Hambre y frío, calor y ternura fueron trepando por las paredes de lo que llamamos hogar.

Llovieron los días, se quemaron las esperanzas y resurgieron de sus propias cenizas.

El mañana llegaba y el ayer se iba difuminando.

Vivimos, nos amamos y morimos. Nadie va a contar la gloria de nuestros días. No quedará un legado. Solo un silencio, la promesa y el mito de que al final de buscar, uno siempre encuentra.

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