Gracias por quererme.
Tu, ese que está ahí. Sé que pasaste años a mi lado, buscando la manera de que yo volteara a verte. Conociste cada uno de mis puntos cardinales, el serio, el depresivo, el alegre, el triste, el eufórico, el sexoso, el inteligente, el bruto. Escudriñaste por mis 4 costados de todas las formas posibles mis gustos, mis disgustos, mis añoranzas y mis anhelos. Entraste a la profundidad del mar enigmático que habita en mí tratando de lograr tu objetivo. El de quererme.
Pero ahí estaba yo, dedicado enteramente a cosas del pasado, aferrado a cada mal recuerdo que atesoraba mi memoria, y dentro de mi torpeza me agarraba a ellos sin quererlos dejar ir porque no sabía vivir con el vacío que me dejarían. Nunca me imaginé que mientras me ocupé de no voltear a los lados, estabas tú corriendo a cada uno de ellos para ver si por casualidad me daba cuenta que había alguien esperando por mí.
Hoy solo queda darte las gracias, gracias por dedicarte noches enteras a escuchar con mucho cuidado mis problemas, gracias por quererme como nadie y como nunca, gracias por tu prudencia cuando te decía que no estaba listo para el amor, algo que muchos no entendieron y en la actualidad necesitan descargar contra mí las frustraciones generadas por ese gran “No me siento preparado aún” palabras que no me arrepiento de haber dicho en varias ocasiones, allá quienes no sepan manejar los disgustos que estas generaron. En fin, a ninguno le guardaré rencor. Y a ti te seguiré agradeciendo cada uno de los instantes bonitos que me regalaste envueltos dentro de los mejores empaques. Ojalá el día que nos volvamos a ver, no estés atado sentimentalmente a esa persona y tengas guardado dentro de ti esos bonitos sentimientos hacia mí y yo pueda corresponderte. Mientras yo seguiré haciendo mi vida, trazando mis metas y enfocándome en cumplirlas.
