Bandas elásticas en la iglesia y fachadas con ‘plugins’ para cuestionar los límites de lo público

Aún ocurre en muchos pueblos españoles, incluso, en no pocas capitales de provincia: la plaza o calle más próxima a la principal iglesia del municipio sigue siendo su enclave más popular.

Punto de encuentro de locales y lugar de visita obligada para foráneos, sobre todo cuando el entorno o la propia edificación religiosa cuentan con especial interés artístico o histórico, mantienen vivo el férreo vínculo que el espacio público estableció hace siglos con lo sagrado y que en opinión del artista Miguel Braceli «definió la trama urbana en distintos momentos de la historia».

«Las ciudades de la cristiandad medieval se erigen en torno a la iglesia frente a la cual fueron construidas plazas públicas donde se realizaban ferias que en ocasiones coincidían con las celebraciones religiosas. La vocación pública de las ciudades ha estado marcada por las relaciones entre ocio, comercio, culto, religión, política y poder», continúa explicando el artista de origen venezolano.

Tal vez la iglesia o parroquia en cuestión ya no congregue a tantos fieles ni el cura sea una figura con tanta enjundia como antaño pero esos santuarios sigue siendo un elemento fundamental en el paisaje de la mayoría de localidades españolas. Valverde de la Vera no es una excepción. Por eso, la iglesia de la localidad cacereña fue el lugar elegido para acoger desde el pasado 18 de agosto la performance denominada Cuerpo Público con la que Braceli cuestiona los límites de lo público.

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Foto: Miguel Braceli

«La obra es una intervención de participación colectiva donde las personas tejen una trama espacial: escultura efímera soportada en los cuerpos y que soporta los cuerpos a la vez».

En ella, 200 metros lineales de goma elástica son el catalizador de las relaciones entre las personas y la arquitectura. «La elasticidad del material hace de esta pieza un espacio lúdico a partir del intercambio. El equilibrio individual se sustituye por un equilibrio colectivo. Los participantes erigen progresivamente un volumen hecho de vínculos, una estructura flexible de geometrías en movimiento».

La enorme banda elástica envuelve las columnas de la nave central de la iglesia para salir luego al exterior y enredarse con lugareños y visitantes para, según Baceli, desdibujar los límites de lo público y transformar las dinámicas de ocupación del espacio.

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Foto: Miguel Braceli

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Foto: Miguel Braceli

«El juego es el rasgo más presente de esta intervención, ajeno a los protocolos característicos de las ceremonias litúrgicas. Entre la espontaneidad y el gozo se reelaboran nuevas formas de ocupación, tanto en el espacio como en la experiencia a través del cuerpo».

Son los movimientos individuales puestos en común los que dan vida a Cuerpo Público: «La obra elabora constantemente nuevas formas producto del encuentro. En el azar de estos movimientos se yuxtaponen distintas figuras que despiertan el imaginario simbólico de múltiples religiones en un espacio único».

Aunque el párroco de Valverde («una persona sensible al arte contemporáneo») colaboró desde el primer momento con el proyecto, Baceli confiesa que entre el equipo existía cierto temor a las posibles reacciones del pueblo. Este, no obstante, se fue desvaneciendo una vez se puso en marcha y las gentes de Valverde comenzaron a involucrarse. «Cuando trabajas con espacios llenos de cargas simbólicas y culturales tienes que estar preparado para cualquier tipo de reacciones, pero ahí está el valor de estas obras, convertir estos lugares en espacios para el debate y la reflexión».

La perfomance de Braceli se desarrollará en Valverde hasta finales del mes septiembre. Hasta entonces también podrán visitarse las otras dos propuestas seleccionadas en la primera edición de Supertrama, Programa de Arte Público de Extremadura, promovido por varias instituciones regionales, con el objetivo de promover espacios de creación artística y experimentación en el marco del entorno rural extremeño.

«Se trata de generar una oferta cultural abierta y que impulse el intercambio cultural entre personas ajenas al municipio y sus propios vecinos», explica Marina Fernández, arquitecta designada directora técnica del proyecto por la Dirección General de Arquitectura.

A esta primera edición de Supertrama se presentaron 18 propuestas de arquitectos, artistas y creativos de todo el país de las cuales fueron seleccionadas tres: Plug-In Façades, de Estudio Extramuros; Taller de Decoración de Alfarería Tradicional, de Antonio Ballester Moreno y Ana Ausín, y la ya comentada Cuerpo Público, de Miguel Braceli.

La relación con el entorno del pueblo, así como su capacidad de transformación e interrelación con el tejido social, estaban entre los criterios que el jurado debía tener en cuenta a la hora de seleccionar las propuesta. Plug-In Façades las tuvo muy en cuenta: «Cuando desde la organización del concurso recibimos una serie de fotografías de unas situaciones concretas dentro del pueblo para presentar la propuesta de intervención, nos fijamos en una de las zonas que se caracterizaba por su particular fachada».

Carlos León Sánchez, de Estudios Extramuro, se refiere a las paredes cubiertas de ladrillo-gafa, en las que los huecos de parte de los ladrillos se colocan hacia fuera y no se cubren para permitir la ventilación y que son típicas de los secaderos de tabaco en toda la comarca de La Vera.

«Nosotros, que somos de Andalucía, no habíamos visto nunca un aparejo de muro parecido. Vimos en esto la oportunidad perfecta para pensar en la fachada como una placa base donde encajar las piezas (nosotros les llamamos plug-ins) y poder mover y rediseñar la fachada a nuestro antojo, con cualquier diseño de módulos (tanto como tu imaginación te permita) y para resolver cualquier tipo de situación».

Al llegar al pueblo vieron que las fachadas-gafa se repetían en otras muchas zonas del pueblo por lo que ampliaron la zona de actuación. Los propietarios de las viviendas con estas fachadas no solo aceptaron la intervención en ellas sino que colaboraron en todo momento con el equipo de Extramuros. «Sabíamos que podía resultar complicado entender la propuesta porque, aunque pueda parecer una idea muy de carpintería, habíamos elaborado toda una historia conceptual previa. No lo veíamos como algo que embellece una fachada o un pueblo sino como una intervención que permitía añadir cualidades que antes no existía en el espacio público».

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

A medida que el proyecto avanzaba, los participantes interiorizaban su razón de ser: «Cada vez todos íbamos aprendiendo más de la propuesta. La gente la entendía y acabó haciéndola suya». Los módulos pueden ponerse, moverse y volver a colocar en cualquier otro hueco, e incluso en cualquier otra fachada parecida del pueblo, algo que el equipo de Extramuros buscaba desde el principio, de ahí lo orgullosos que han quedado con su resultado.

«Nos hemos dado cuenta también que nuestra propuesta es, en cierta forma, infinita. Por tiempo solo pudimos hacer un número determinado de plug-ins y unos diseños en concreto. Pero en realidad, la idea básica permite que puedas pensar en cualquier otra pieza, cualquiera que se te ocurra, y hacer tantas como huecos haya para colocarlas, y en momentos tan diferentes y situaciones muy diversas».

El Taller de Decoración de Alfarería Tradicional, de Antonio Ballester Moreno y Ana Ausín, es la tercera propuesta elegida en la primera edición de Supertrama. Ambos recorrieron la comarca de La Vera hasta encontrar lugares en los que aún se sigue fabricando alfarería de forma tradicional, labor que no resultó sencilla pero sí muy gratificante: «Hemos tenido la oportunidad de descubrir talleres que llevan más de 300 años funcionando, y donde se sigue fabricando cerámica utilitaria a mano y de la misma manera que lo hacían sus padres, abuelos, bisabuelos, etc. Estos alfareros tienen un conocimiento práctico e intuitivo, fruto de la experiencia y de la herencia cultural, reflejando una forma de vida y un modo de hacer basado en la creatividad y la utilidad de la experiencia cotidiana».

Después de localizar a estos talleres, Ballester y Ausín llevaron a Valverde varios de sus cántaros, tinajas, vasijas, lebrillos, pucheros, botijos, asadores de castañas, etc., con los que organizaron cuatro talleres en los que los participantes tenían que «customizararlos». «Con todas las piezas se ha realizado una intervención en una placita del pueblo: se han sacado a la calle estos elementos domésticos que están desapareciendo, intervenidos por los vecinos, siguiendo patrones tradicionales (patrones geométricos, naturales, etc.), y de múltiples colores», explica Marina Fernández.
 «Al llevar las piezas de alfarería popular a Valverde de la Vera los habitantes del pueblo se identificaban con ellas y nos contaban con emoción como ellos habían utilizado esos mismos pucheros, que traían de esas mismas alfarerías, para los guisos, para calentar la leche, etc, como seguían utilizando las tinajas para el vino, o los cántaros para ir a la fuente a por agua….«, añaden Ballester y Ausín.

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

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Foto: Mario Martín (Estudio Enlaza)

Ahora la instalación está repartida entre dos patios de vivienda del pueblo. «Parece que hubiesen estado allí desde siempre. Nos encantaría que la iniciativa se expandiese y poder llenar el pueblo de cerámica». El propósito de Fernández podría resultar utópico en otro pueblo pero no en Valverde de la Vera donde ella misma propuso la iniciativa Tejiendo la Calle que se lleva realizando cada verano desde hace años.

Y a ella Fernández cree que se le debe el hecho de que los vecinos hayan estado tan abiertos a la participación en la puesta en marcha de las propuestas ganadoras de Supertrama: «Fueron días de trabajo muy intenso. Al tratarse de procesos abiertos había que moldearlos y adaptarlos a las condiciones del sitio y a las personas que intervienen. Ya contábamos con la tradición de Tejiendo la Calle, en la que los propios habitantes intervenimos nuestro espacio de hábitat, y ahora, además, contamos con nuevas propuestas elaboradas por agentes ajenos al contexto, que abren nuevas vías de reflexión sobre el espacio común, la arquitectura, el urbanismo y los modos de vida en el contexto rural}, concluye.

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