El Bic decimonónico de Javi al Cuadrado

Una señora de la limpieza se esmera en dar brillo a la superficie de un pupitre al tiempo que respeta el dibujo de una mujer voluptuosa. El dibujo está hecho a lápiz y la empleada del colegio, con ojo de coleccionista de arte o comisaria, no se decide a cargárselo.

Eso ocurrió repetidas veces durante la etapa escolar de Javi al Cuadrado, ese niño que no solo garabateaba en los bordes de los cuadernos, sino en cualquier otra superficie que encontrara. «Sí, todos los gais cuando somos jóvenes pintamos mujeres. Luego se nos pasa».

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Después de esos pequeños actos de vandalismo artístico en los pupitres vino una etapa turbulenta: su adolescencia. En la exposición ‘Come as you were’ que se exhibirá durante la feria We are fair! (20–22 de octubre, Centro Cultural Conde Duque, Madrid), el artista reflexionará sobre «un momento de mi vida que fue muy confuso. El momento en el que sospechas que eres gai, pero que no tienes el valor de acostarte con un chico». Este proyecto, dice, «es una especie de cuaderno de apuntes que, a través de imágenes recontextualizadas, cuenta una realidad que sí fue». Y esa realidad contuvo todas las dudas e inseguridades que podían caber en la cabeza de un adolescente en su situación: «Te pasas el día rodeado de tíos, de amigos, con los que creas vínculos muy fuertes, que muchas veces pueden llevarte a confusión. Haces mil cosas: festivales, acampadas, juergas, broncas, risas… Ahora lo llaman “bromance”. Para mí era pensar: “no sé si quiero ser tu amigo o quiero comértela”».

La legitimación del selfie

Javi al Cuadrado estudió grabado durante tres años en la Casa de la Moneda. Allí aprendió a interpretar dibujos a línea. «Nunca más volví a hacer un grabado, pero sigo haciendo rayas como un loco». Las hace con algo tan sencillo como un bolígrafo, un instrumento que, a pesar de su precisión, no es muy utilizado por los artistas: «supongo que no tiene muy buena fama… no es un óleo. Aunque cada vez más se está introduciendo en el panorama artístico», dice él.

«Menos mal que son baratos», dice cuando recuerda la pila de bolígrafos que su papelera engulle cada mes. Aunque no está seguro del tiempo que le lleva terminar una obra porque trabaja en varias a la vez, invita al espectador curioso a rellenar un folio completo con tinta de bolígrafo: «Te aseguro que vas a tardar un buen rato, y te va a terminar doliendo la mano».

Teniendo en sus manos esa técnica virtuosa y decimonónica, puede parecer un «desperdicio» que la utilice para representar imágenes superficiales que encuentra en las redes sociales. Pero él legitima esta peculiar forma de inspirarse: «Creo que aún no se ha puesto demasiado en valor la fotografía en redes sociales. Supone un cambio importantísimo en el paradigma de la fotografía (la representación fidedigna de las cosas). Es una distopía absoluta sobre el concepto tradicional de la representación humana».

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Como ejemplo, el artista cuenta la historia del papa Inocencio X, que al ver el retrato que Velázquez había hecho de él, exclamó «trompo vero» («demasiado real»). «Velázquez había conseguido sintetizar en una sola imagen la personalidad del papa de manera tan certera que al retratado le parecía que se había pasado. Ahora imagina que le das un iPhone al papa y le dices que se haga mil fotos. En todas saldría guapo, saldría estupendo, y ninguna sería “demasiado real”. A mí me tiene fascinado, es el reino de la mentira multiplicado por millones de usuarios. Poder “dignificar” esta fotografía tan denostada aplicando una técnica minuciosa es mi objetivo».

Otro motivo de que se base en fotografías que encuentra en la red es que se considera «muy mal fotógrafo». Aun así, no cree que copiar sea tan fácil, ya que se realiza una suerte de traducción: «creo que el punto está en cambiar el significado de esas imágenes al cambiarlas de contexto».

Un caso bastante sonado fue el de su colección #unknown, en la que hizo unos 300 dibujos de un chico que no conocía de nada, basándose en sus fotos de Instagram. Un ejercicio sobre la identidad que de algún modo rayaba la obsesión. A partir de entonces, sus seguidores le piden constantemente ser dibujados.

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Su relación con el arte

A pesar de su éxito, Javi al Cuadrado siente que aun está empezando. Acoge con los brazos abiertos la idea de ferias de talento emergente como We are fair!: «Creo que es la mejor oportunidad, te da una visibilidad que formatos mucho más convencionales o incluso más asentados no te dan». Y como ejemplo, comenta que hace quince años que no va a ARCO. «Tengo la sensación de que es un cementerio de artistas, ves siempre a los mismos, e incluso las mismas piezas año tras año. En cambio siempre voy a las ferias más pequeñas. Allí encuentras cosas nuevas, interesantes… no siempre buenas, pero desde luego diferentes. Es mucho más estimulante».

Cree que en la actualidad es mucho más sencillo coleccionar arte, aunque piensa que se puede discutir mucho sobre el concepto de «valor», opinión que ilustra con ejemplos más que explícitos: «Que sea valioso según los parámetros del mercado no quiere decir que tenga un valor plástico o conceptual real».

Él es crítico con la situación general del mercado de arte: «Desde hace muchos años vivimos en una burbuja del arte contemporáneo. La gente especula con las obras como si fuesen acciones o pisos. Una firma no hace que una obra sea buena, simplemente hace que sea cara. Así como ejemplo mainstream, la última exposición de Damien Hirst en Venecia. La han vendido como la exposición más cara de la historia, diez años de producción, uno de los artistas vivos más cotizados… Para mí es una mierda del tamaño del Palazo Grassi, de un artista que encarga todo lo que hace porque no sabe hacer la ‘O’ con un canuto. Los que tienen dinero para comprar arte a lo grande en general no tienen ni puta idea de lo compran. Después tenemos a los influencers del arte… que esa también es otra. Por mucho que estos señores me digan que un palo apoyado en una pared sobre un trozo de esponja es lo más, a mí me sigue pareciendo una castaña».

Suaviza su discurso de esta manera: «supongo que esto es cuestión de gustos. Seguro que ellos piensan lo mismo de lo que yo hago».

A aquellos que asistan a We are fair! con la intención de comenzar su colección artística les lanza esta sugerencia: «si quieres un consejo para comprar una pieza, piensa que es un novio: lo primero es que a ti te guste, porque vas a verla todos los días».

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We are Fair!

La Feria Internacional de Arte Emergente de Madrid WE ARE FAIR!, de la cual Javi al Cuadrado es artista invitado, celebra su segunda edición este fin de semana en la Sala de Bóvedas del Centro Cultural Conde Duque. Sus organizadores, Factoría de Arte y Desarrollo, han reunido 40 propuestas artísticas.

El objetivo del evento va más allá de la exhibición de estas propuestas: la feria quiere poner su granito de arena en la revitalización del arte en la capital. Forman parte de ese grupo de colectivos que están convencidos de que el arte debe ser «accesible, asequible e innovador». La feria está concebida para ser punto de reunión de personas que buscan talento y de personas que lo ofrecen.

El espacio se compone de una zona para galerías (Here we are!), una para artistas individuales (It´s me!), una para niños (We are kids!) y una última para proyectos editoriales (Black on white!).

La programación paralela incluye performances de artistas como la peculiar Miss Beige (encarnada por la actriz Ana Esmith) o Vera Icon, que desvelará el futuro artístico de los asistentes con su «tarot del arte».

También habrá talleres con temáticas tan diversas como los punkzines o los pasos para comenzar una colección de arte.

Los niños podrán aprender el «método Abramovic para niños» de la mano de Lucía Cannone y divertirse mientras protagonizan una performance.

La muestra se completa con la exposición colectiva SUSPENDEed2, resultado de una convocatoria abierta para nuevos talentos. Los 23 trabajos seleccionados penderán de una estructura situada en el techo, lo que explica el título de la muestra. Se venderán a un precio único de 100 € y este año versarán sobre los derechos de los animales.

Por cierto, Yorokobu también andará por allí. Las entradas para todo el fin de semana valen entre 3 y 5 euros. Puedes consultar el programa completo en este enlace.

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