El Resplandor

Si puede afirmarse que todas las películas de Stanley Kubrick tienen un tema central relacionado con la dualidad del hombre, en el caso de El resplandor esto se cumple al cien por cien. La transformación que hace Kubrick de un best-seller de supermercado en una formidable obra de arte cinematográfico requirió que introdujera bastantes modificaciones a la obra homónima que Stephen King escribió en 1978. Quizá la más significa es que dejó a un lado la lucha maniquea que establece King entre el niño inocente, Danny, y el mal supremo y externo del hotel Overlook, en favor del conflicto interior de Jack Torrance — entre su lado bueno y su lado malo, su cielo y su infierno — , una btalla perdida que, cuando se empieza la película, lleva ya bastante tiempo librándose.

Para subrayar esta lucha interna colosal entre la luz y la oscuridad, el Overlook de Kubrick, está lleno de imaginería dual, con simetrías, espejos y duplicación de personajes: Danny y Tony, las dos niñas fantasmales, las dos mujeres de la habitación 237 (la seductora y la vieja horrible). dos criados fantasmales (Lloyd y Grady), dos Grady (Charles y Delbert) y, por último, dos Jacks (el que está ahí cuando se desarrolla la película y el que «siempre» ha estado allí). La rendición final de Jack a sus impulsos malignos se desencadena por una serie de tentaciones: el alcohol, el adulterio, la violencia y, sobre todo, el prestigio, y todo en detrimento de su responsabilidad como padre de familia. Como todas y cada unas de las películas de Kubrick, El resplandor conecta con las demás. Michel Climent señaló con gran tino que El Resplandor y Eyes Wide Shut forman una pareja (o una duplicación): un filme ofrece una visión horrible de lo que ocurre cuando un hombre está encerrado con su familia demasiado tiempo, desconectado por completo del mundo exterior; el otro narra una pesadilla igualmente extraña sobre lo que ocurre cuando un hombre se aventura y se aleja demasiado de la estructura protectora de la familia. El resplandor tiene también bastante afinidad con otras películas de Kubrick en su dualidad como obra de arte compleja, tanto estructural como estéticamente, y como parte de la más vilipendiada de las especies: el cine de género.

Como mínimo una década antes de rodar El resplandor, Stanley Kubrick había manifestado ya su interés por el cine de terror y por crear una obra de máxima calidad en ese género (como ya ocurrió con 2001: una odisea del espacio, que supuso un acercamiento al género de ciencia ficción), John Baxter escribió: «Ya en 1966, le dijo a un amigo que le gustaría “hacer la película más terrorífica del mundo”». Diane Johnson, coguionista de El Resplandor dijo al New York Times que Kubrick veía «un cierto reto intelectual en el que de hacer bien una película de terror». Al parecer, la Warner Bros, también estaba interesada en que trabajase en el cine de terror; según Baxter, el estudio le había ofrecido la oportunidad de dirigir El Exorcista y, posteriormente, El Hereje (Exorcista II), pero el director declinó ambas ofertas. En 1977, John Calley (jefe de producción de Warner) mandó a Kubrick la novela de Stephen King El Resplandor, un proyecto que había presentado al estudio una productora independiente llamada Producers Circle. Aunque Kubrick dijo que «siempre le había interesado la percepción extrasensorial y lo paranormal», fue el argumento de King lo que más le llamó la atención: «Pensé que era la historia más ingenisoa y fascinante que había leído de ese género». Johnson supone que la historia le atrajo a causa de su trasfondo psicológico, y añade que un padre que amenaza a su hijo es algo impresionante. Es una representación arquetípica de las iras inconscientes. No obstante, Kubrick se mostraba reticente o quizá incapaz de explicar con exactitud qué fue lo que le arrastró al proyecto.

Para Kubrick, una de las formas de solucionar el segundo problema sistemáticamente era partir siempre de una historia existente, una estrategia que siguió con todas sus películas a partir de El beso del asesino. Esto le permitía valorar la historia de forma más objetiva que si la escribía él mismo. Solía decir que si leías una historia que ha escrito otra persona, tienes la experiencia irremplazable de leerla por primera vez. Es algo que, evidentemente, no puedes experimentar si escribes tú la historia original. Durante meses tras finalizar Barry Lyndon, Kubrick leyó con avidez en busca de material para su siguiente proyecto. Fue entonces cuando descubrió las novelas de Diane Johnson, en particular The Shadow Knows. Quedaron varias veces, y Kubrick descubrió que la autora impartía un curso de novela gótica en la Universidad de Berkeley lo que le llevo a colaborar con ella para el guión de El Resplandor, desechando el guión de Stephen King y dejando claro que no quería que Stephen participase en el guión de la película de ninguna manera. Kubrick y Johnson, que iniciaron la colaboración en junio de 1977, comentaron el libro de King durante un mes entero sin escribir nada, planteándose preguntas del estilo: “¿es Jack un hombre agradable?”, “¿Wendy le quiere?”, “¿qué tipo de ropa llevaría ella?”. Para comprender la naturaleza del terror gótico, también comentaron obras como Jane Eyre, Cumbres borrascosas y las narraciones de Edgar Allan Poe. Además, ambos leyeron el tratado de Bruno Bettelheim Psicoanálisis de los cuentos de hadas y el ensayo de Freud sobre lo siniestro. Juntos, Kubrick y Johnson escribieron varios borradores de guión, y el proceso de revisión continuó durante las fases de preoproducción y producción. A los dos coguionistas les preocupaba cómo abordar el tema de los fantasmas de la historia. ¿Tenían que ser fantasmas reales o alucinaciones causadas por las perturbaciones mentales? Johnson señaló una tercera posibilidad más complicada basada en el estado psicológico.

Jack Torrance (Jack Nicholson), antiguo maestro de escuela y aspirante a escritor, viaja de Vermont a Colorado con su esposa Wendy (Shelley Duvall) y su hijo de cinco años Danny (Danny Lloyd). Jack decide aceptar un trabajo para el invierno como vigilante del hotel Overlook, enclavado en lo alto de las Montañas Rocosas, a pesar de que fue el escenario de un asesinato múltiple y un suicidio perpretados por el anterior vigilante, Grady (Philip Stone), diez años atrás. Sin que sus padres lo sepan, Danny posee ciertos poderes psíquicos que se manifiestan a través de una voz a la que el niño llama Tony (Wendy cree que Tony es simplemente un amigo imaginario). A través de Tony, Danny ve unas imágenes horribles del Overlook pero es incapaz de hablar a Wendy de sus temores y solo alcanza expresar una vaga inquietud. Nos enteraremos que la primera aparición de Tony coincidió con un accidente en el que Jack, borracho, le dislocó el hombro a Danny. La familia llega al Overlook el último día de la temporada, cuando el personal habitual está haciendo las maletas para marcharse. El director, Stuart Ullman (Barry Nelson), les enseña el hotel y les va facilitando distintos detalles del pasado del edificio, del laberinto de setos, etc., así como información práctica por ejemplo, para utilizar el coche oruga en caso de que necesiten bajar de la montaña cuando esté todo nevado. Danny, que se ha quedado solo en la sala de juegos, se asusta cuando ve aparecer de repente a las dos niñas de la visión anterior. Más tarde conoce al jefe de cocina, Dick Hallorann, que también tiene poderes psíquicos, una capacidad que él denomina resplandor. El cocinero le explica a Danny que hay lugares que resplandecen como las personas, y que el Overlook es uno de esos lugares. Súbitamente, Danny le pregunta por la habitación 237 y Hallorann responde que allí no hay nada, aunque le advierte con brusquedad que no debe entrar en ella. A partir de este prólogo da comienzo el viaje hacia la locura de Jack Torrance.

Kubrick siempre se imaginó a Jack Nicholson en el papel de Jack, lo conoció unos años atrás, cuando Kubrick quería que interpretase a su Napoleón. Kubrick le dijo a algunos criticos que consideraba a Nicholson como uno de los mejores actores de Hollywood, quizá al mismo nivel que Spencer Tracy y Jimmy Cagney. Lo que atrajo a Kubrick de Shelley Duvall fue su toque excéntrico, precisamente ese toque la convertía en la actriz ideal para su personaje porque sería el ejemplo perfecto de mujer que se casaría con un tipo como Jack Torrance. Para el papel de Danny, Kubrick no quería a un profesional, de modo que la Warner Bros. puso anuncios en Chicago, Denver y Cincinnati solicitando fotografías. Se hizo una lista de 5.000 niños que parecían adecuados para el papel y el ayudante d Kubrick, Leon Vitali, grabó en vídeo entrevistas con todos ellos. Kubrick miró las cintas y el número de candidatos se redujo a cinco. Tras el estreno y finalizacion del rodaje, Stanley confesó que se había quedado muy satisfecho con el trabajo de Danny Lloyd. El papel de Hallorann lo consiguió Scatman Crothers gracias a la ayuda de Jack Nicholson, tras trabajar juntos en Alguien voló sobre el nido del cuco y otras películas. Crothers no había oido hablar de Kubrick y quedó atónito por los métodos de trabajo del director. Aún así, en una de las entrevistas que se hicieron para el making-off de la película, Crothers se deshacía en elogios, halagos y agradecimientos a Kubrick por haberle dejado formar parte de tal obra y poder haber disfrutado de su forma de trabajo de primera mano.

El rodaje comenzó en mayo de 1978. Estaba programado para 17 semanas, pero se alargó 14 meses y se contabilizaron unos 200 días de rodaje, con un presupuesto presentado de entre 13–19 millones de dólares. La película se filmó con un secretismo excesivo. Nadie de fuera podía entrar al plató, y tampoco se permitieron que Kubrick y los actores realizasen entrevistas durante el rodaje. Como el hotel Overlook, es básicamente uno de los protagonistas, su estructura y diseño eran de vital importancia. El diseñador de producción Roy Walker envió a un equipo (en el que iba la hija de Kubrick, Katharina) a recorrer Estados Unidos para fotografiar hoteles que resultaran adecuados para la historia. A continuación, Walker y Kubrick pasaron semanas revisando las fotografías haciendo una selección para las distintas habitaciones. El Salón del Corlorado con sus adornos navajos, está basado en gran parte en el Ahwahnee Lodge, del valle Yosemite. Otras fuentes de inspiración fueron un servicio de caballeros de Frank Lloyd Wright situado en un hotel de Arizona (para el servicio de caballeros rojo en el que tiene lugar la charla entre Jack y Grady). Kubrick quería que el hotel pareciese auténtico y no el típico de película de terror y pensó que la atmósfera ya era suficientemente agobiante con la distribución laberíntica de los pasillos y las enormes habitaciones. A esta atmósfera contribuye el entonces innovador uso de la steadycam. Aunque se había usado en otras antes, El Resplandor fue la primera que la uso de una manera constante y de forma mucho más amplia. Para Kubrick la steadycam era como una alfombra mágica que seguía de una forma fluida a los actores por los laberintos y los distintos niveles, debido a como estaba construido el decorado con distintos niveles desde donde grabar, hubiese sido casi imposible o mucho más costoso grabar con una cámara normal . Otra innovación tecnológica que Kubrick empleó fue un sistema de vídeo. En las paredes de los decorados se instaló una complicada red de antenas para recibir las transmisiones de una videocámara montada para aproximarse al encuadre de la Arriflex-BL. Con ello, no solo se podía reproducir la escena al instante en vídeo sino que Kubrick podía controlar las interpretaciones en el interior del laberinto y otras escenas en las que los personajes se movían rápidamente. El equipo técnico de El Resplandor fue bastante reducido. Aunque había un gran equipo de efectos especiales, sobre todo para las escenas en la nieve, normalmente no había más de diez miembros del equipo en el plató. Gracias a esta forma de producción tan económica, Kubrick pudo permitirse lujos como ampliar el plan de rodaje y aumentar la cantidad de metros de cinta filmados por cada metro utilizado. Según se dijo en su época, Kubrick filmó más de 400.000 metros de películas, que corresponden a 102 minutos de metraje por cada minuto de película (102:1) cuando la relación habitual está en torno a 15:1 o 5:1. Esto provocaba que los actores llegasen a los extremos tras repetir las tomas cientos de veces, Kubrick solía usar y coger las primeras y las últimas porque eran las mejores y peores interpretaciones. Se puede decir que la tendencia de Kubrick a hacer múltiples tomas le ayudaba a conseguir que sus actores una dualidad de estilos interpretativos: sumamente corriente por una parte y sublime por la otra. Esto se corresponden con lo que Kubrick denominaba la “la mala orientación psicológica” de El Resplandor, que permite al público creer por un momento que todos los hechos tienen explicaciones racionales y psicológicas para luego confirmar una presencia sobrenatural.

La atmósfera sobrenatural de la película se ve enormemente potenciada por una banda sonora increíblemente lograda. Para la apertura Wendy Carlos y Rachel Elkind orquestaron la antiquísima Dies Irae para sintetizador y voz. Al principio, Kubrick pidió a Carlos y a Elkind que pusiesen música a toda la película, pero finalmente sólo utilizó sus composiciones en unas pocas escenas más. Para el conjunto del filme, Kubrick recurrió a grabaciones existentes, la mayoría del compositor polaco Krzysztof Penderecki. Además, en varias escenas suena Música para cuerda, percusión y celesta de Bartok, y también una pieza de Györgi Ligetti. Para la fiesta en The Gold Room y para los créditos, Kubrick eligió una melodía de baile de la década de 1920, Midnight, the Stars, and You, interpretada por la Ray Noble Orchestra. Gran parte de la música de Carlos y Elkind para la película sigue sin publicarse, pero puede oírse otro tema en el documental de Vivan Kubrick.

El resplandor marcó un antes y un después en el cine de terror, fundamentó las bases para el género de terror psicológico y dio pie a que se empezase a tomar en serio un género hasta ese momento bastante centrado en el susto fácil. La película de Kubrick nos ofrece un puzzle incompleto e inquietante. No solamente le faltan algunas piezas, sino que las piezas que tenemos no encajan del todo. Este reto es precisamente es el que nos impulsa a volvernos a a aventurar de El resplandor, una y otra vez como si fuésemos Jack y siempre hayamos estado allí en realidad.