Derroche a costa de la pobreza

Una vez más el estado de Veracruz está en la mira por sus figuras políticas, la semana pasada #LadyGucci fue el trending topic del momento. Detrás del apodo está la alcaldesa de uno de los municipios más pobres de la entidad, Santiago Tuxtla.

Claudia Acompa Islas estuvo en la mira a nivel nacional por utilizar un vestido de una conocida marca italiana con un valor de aproximadamente $120 mil pesos, a la par sus hijos y esposo (Ex alcalde), portaban elementos que en conjunto sumaban alrededor de $200 mil pesos. No es la primera vez que a una figura pública se le critica por sus excesos de vestuario, tampoco es la primera ocasión que Claudia Acompa porta prendas de diseñador, el año pasado en su informe de gobierno también lució un vestido azul de la marca Dolce and Gabbana. Seguramente tampoco es la única del gabinete que puede darse esos lujos, sin embargo es sobre quien recaen los reflectores en este momento.

Llama la atención que además del excesivo gasto de vestuario, el conocido maquillista Alfonso Waithsman subiera una fotografía a su cuenta de instagram con la citada funcionaria, dónde agradecía sus atenciones, a lo cual ella en una entrevista respondió que ambos son buenos amigos y que se apoyan mutuamente por lo que no le ha pagado por su trabajo, ya que otro de los puntos criticados es que el costo de una sesión con Waithsman es de $30 mil pesos, mientras que el salario de la edil es de $50 mil pesos mensuales.

Después de todas las críticas, la funcionaria pública destacó que cuando se ocupa un cargo lo menos que se puede hacer es verse bien, que como mujer uno siempre busca ir al estilista, y que la gente quiere verlos presentables. ¿Querrá el pueblo verla bien vestida mientras ellos no reciben salarios? Como consultora en imagen pública, concuerdo con Claudia Acompa en la importancia de cuidar no sólo la apariencia física, sino la imagen en general, y el mensaje que ha transmitido en las recientes fiestas de Santiago Apóstol no es el de una mujer preocupada por el pueblo, sino todo lo contrario.

No puedo cuestionar el origen de los fondos para la compra de cada uno de los atuendos de Claudia Acompa, ni el que decidiera derrochar miles de pesos en ropa para ella o sus familiares, lo que sí cuestiono es la falta de coherencia. Pues por un lado se maneja como una mujer preocupada por el bienestar de las familias y critica a quienes se sirven a costa del pueblo, mientras que por el otro no le importa lucir atuendos de miles de pesos en medio de personas que siguen sumidas en la pobreza.

Así son los contrastes en México, mientras las mujeres de la realeza y las hijas del hombre más poderoso del mundo usan prendas de tiendas de bajo costo, nuestros políticos y sus hijos disfrutan de presumir su gran estilo de vida, como si el poder se adquiriera a costa de exhibir marcas, dinero y la capacidad de costear servicios de lujo. O su labor radicara en gastar a costa del erario.

Es cierto que con una buena imagen las personas se sienten atraídas, pero no es necesario un maquillista como el de Angélica Rivera ni un vestuario tan costoso. Los mexicanos necesitan políticos que los entiendan, con quienes puedan sentirse identificados para que atiendan sus problemáticas. Hay quienes dicen que Claudia Acompa estaba contemplada para dirigir la Secretaría de Desarrollo Social en el gabinete de Miguel Ángel Yunes, de seguir en pie tal nombramiento sugiero que sean conscientes de las carencias del estado, del desbalance económico por el saqueo de sus dirigentes y que los recursos sean empleados verdaderamente en pro de la sociedad. En nuestra era nada pasa desapercibido y aunque parezca que vivimos engañados, el sueño no es eterno, la gente poco a poco despierta.

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