La sociedad toda será la culpable

Hace unos días Marcos Peña dio una entrevista a Pablo Sirvén en el ciclo Conversaciones en La Nación que quizá nos permita entender la ideología de un partido que dice no tener ideología.

Digresión: a no confundirse, no se trata del Marcos que iba a empezar el lunes a trabajar en la carpintería de Francisco Benito Maccari, y del que no se tienen noticias porque los Maccari ahora dicen que no van a tomar a nadie y que están complicados por los tarifazos.

Sobre el final de la mentada entrevista el periodista le pregunta si al macrismo le está faltando relato, a lo que el jefe de Gabinete responde que descreía de que el discurso político construyera sentido en la sociedad. Para él, la operación era inversa: “nuestro relato fue construido por los argentinos”, simplificó.

La semana pasada nos sorprendió Gabriela Michetti cuando aseguró que el kirchnerismo hizo creer a buena parte de la sociedad una mentira importante “que podía vivir de esta forma eternamente”.

La idea no era original, Michetti se subía a la polémica iniciada por Javier González Fraga que había dicho que quienes gobernaron entre 2003 y 2015 “le hicieron creer al empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior. Eso era una ilusión, no era normal”. Después González Fraga dijo que no había sido una frase feliz y que de ninguna manera pensaba eso, pero ya había causado alto revuelo en una semana en la que las perforaciones a Lázaro Báez seguían sin arrojar nada nuevo.

Lo que se ve es que en Cambiemos no todos piensan como el Jefe de Gabinete: si el discurso político no tiene efecto en la sociedad y es esta la que construye el sentido que luego los políticos toman ¿cómo es que se acusa al kirchnerismo por algo que no puede suceder? Hasta el mismísimo Peña había afirmado pocos días antes en su muro de Facebook “No subestimamos a la gente. No creemos que sea tan fácil engañarlos o mentirles”.

¿Será que hemos llegado a esa etapa superior de la política en la que el gobernado es pura síntesis de lo que sucede en las bases?

Sería difícil entender cómo se conjuga entonces el mayoritario reclamo por Ni Una Menos -consolidado en una segunda multitudinaria marcha- con la serie de avisos que sacó el gobierno nacional en los que predominan situaciones que la ley entiende como violencia mediática.

Me refiero a ese en que la esforzada mamá de Marcos (ya aclaré que este no es Peña) es conminada a plancharle la camisa un domingo a la noche para que pueda empezar el lunes. Y a Daniela que trabaja porque es buena para los números, cosa que parece que no necesitan sus hermanos. También a la novia de Marcos, limitada a mandar tiernos mensajes con corazones.

Y cómo es que en tamaña cadena productiva necesaria para hacer una empanada solo tres son las mujeres que participan: una cultiva cebollas, otra es playera de una estación de servicios y la abuela María Teresa, experta en repulgues. En todos los otros roles, varones, inclusive para comerse la empanada.

En el tercero se hacen los cancheros: 7, mejoraste mucho, seguí esforzándote. Ahí el resultado es por goleada. El esforzado Julián que llega a sacarse el 7, tiene que compartir protagonismo con 17 varones y solo 4 roles femeninos: la maestra, la mamá que lleva al nene a dar la vacuna y sufre “como una madre”, la costurera (que no sabemos para que marca de ropa trabaja y mejor ni preguntar) y al fin la dueña de la mercería que le vende los pitucones. Los varones se encargan de las cosas grandes, por ejemplo “de la escuela se encargarán el Ministro, el Gobernador y el Intendente”.

El año 2009 fue muy importante para la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. No solo se aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que establece en su artículo 3, inciso (m) que debe promover “la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

También la Ley de Protección Integral a las Mujeres es de ese año. Ahí se determina qué se entiende por violencia mediática y establece que es obligación del Estado combatir la discriminación hacia las mujeres y remover patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres. La claridad del decreto reglamentario no deja lugar a dudas.

¿Será que en las más altas esferas de la administración del Estado hay quienes no están bien enterados de todo esto? Alguien del equipo haría bien en gritar “¡Che, pasó Ni Una Menos y nosotros con esta bosta!” o bien acercar el trabajo de la Defensoría del Público de los Servicios de Comunicación Audiovisual denominado Tratamiento de la violencia de género en la radio y la televisión, en el que recomienda en el uso de imágenes “visibilizar a las mujeres en situaciones diversas, que pongan en crisis la representación hegemónica de un modelo único de ser mujer (ama de casa, madre, sensible, bella, cuerpo-objeto, etc.)”.

Queda la amarga sensación de que nada de esto les importa. Que tiran teorías para lo uno y para lo otro. Que los tarifazos son producto de una planilla de cálculo, pero si generan mucho ruido quizá se trate de un error. De que están ocupados cada cual de su juego para hacer rápidamente lo que vinieron a hacer y cuando las papas quemen (no, las papas de Pablo no) intentarán hacer responsable a la sociedad de cuanto haya sucedido por su tendencia a creer cualquier cosa.

Curiosa voltereta que transformará en victimaria a la víctima.

Publicado originalmente en Política Argentina

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