Los espacios públicos de diálogo, debate y deliberación (Primera parte)

Introducción

Nota: El sitio web de Cuba Posible acaba de publicar la entrevista que les ofrecí sobre el tema del título. Como es muy larga, la publicaré por partes en mi blog.

No hay duda de que en Cuba los espacios públicos de diálogo, debate y deliberación se han incrementado en los últimos 10 años, para beneficio de la verdadera democracia que todos los ciudadanos estamos obligados a ejercitar, fortalecer y defender. Ello se debe a un mayor activismo procedente de sectores en la sociedad civil y a una perceptible mayor anuencia de las autoridades partidistas y gubernamentales que se ocupan de estos temas.

Hay, incluso, esfuerzos oficiales por promover, entre las más amplias capas de la ciudadanía, la deliberación sobre los principales problemas del país. Se viene recuperando así una práctica que estuvo muy presente en los primeros años después del triunfo de la Revolución y que se perdió cuando se abrazó, de manera dogmática, el modelo de “trabajo político ideológico” del “socialismo realmente existente” en la Unión Soviética y Europa Oriental. A lo largo de esos años, se enfatizó en la “unanimidad” como una expresión de unidad, que realmente no lo es, y hasta se enalteció la idea de la “incondicionalidad” como una virtud cívica, cuando tampoco lo es. Estas prácticas forman parte de la “vieja mentalidad” que estamos obligados a desterrar.

Importantes rezagos de estos vicios del pasado todavía nos aquejan. Por ello, estamos aún lejos de alcanzar los niveles que serían deseables y que se corresponderían tanto con el grado de desarrollo social y cultural de la ciudadanía, como con las necesidades del momento, que se hacen cada vez más claras debido a la encrucijada de cambios que enfrenta la Nación.

Vale recordar que, en la actual coyuntura política cubana, se producen simultáneamente tres procesos transformativos claves: (1) la creación, por primera vez, de un modelo económico-social que fomente la prosperidad y la sustentabilidad al tiempo que mantenga la equidad que ha sido uno de los logros distintivos de la Revolución; (2) la transferencia generacional del poder debido a la ineluctable eclipse de la generación histórica que condujo al país desde 1959, con importantes éxitos pero también con insuficiencias y errores; y (3) el desafiante proceso de normalización de las relaciones con Estados Unidos, sobre el cual se perciben visiones contradictorias, algunas todavía inmovilizadas en un pasado que se viene superando. Todos estos procesos requieren de una participación activa de la ciudadanía en las necesarias deliberaciones sobre cuál es el país que queremos y cómo alcanzarlo.

Nota: Para verla completa se puede consultar en el siguiente link:

http://cubaposible.com/profundizar-las-reformas-en-cuba-hacia-donde-y-como-dialogo-con-carlos-alzugaray/

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