Un nuevo Trudeau en Cuba, 40 años después

La oficina del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, anunció el pasado martes que el joven jefe de gobierno liberal visitará Cuba y Argentina del 14 al 18 de noviembre, antes de asistir a la Reunión de Líderes de la Asociación de Cooperación Asia Pacífico (APEC) en Lima, Perú, del 19 al 20. Esta es la segunda vez que un Primer Ministro canadiense de apellido Trudeau visita nuestro país. De hecho, los principales medios del vecino más septentrional de Cuba han subrayado la noticia haciendo referencia al viaje que hiciera su padre, Pierre Elliott Trudeau, en enero de 1976.

En un contexto en que Cuba enfrenta la incertidumbre de lo que podrá hacer el presidente electo Donald Trump, con respecto a la normalización de relaciones con Estados Unidos –cuya vecindad compartimos–, la llegada de Justin Trudeau pone de relieve que, a pesar de que Ottawa es uno de los más importantes aliados de Washington, sus relaciones con La Habana han sido correctas, civilizadas y hasta amistosas, y gozan de un alto grado de continuidad y estabilidad.

Viendo la intensidad y estabilidad de las relaciones cubano-canadienses, no cabe ninguna duda sobre la posición independiente que Canadá por lo general ha tenido en la esfera internacional, demostrada por varios gobiernos de distintas tendencias. Incluso bajo el gobierno conservador de Stephen Harper, el que precedió al de Justin Trudeau, se mantuvo un clima de cordialidad. Ello sin demeritar que bajo los gobiernos liberales –particularmente los de Pierre Elliott Trudeau– las relaciones han sido más estrechas. Nunca se podrá enfatizar suficientemente cuánto contribuyó al desarrollo de las relaciones bilaterales entre Cuba y ese país este gigante de la política canadiense que gobernó entre 1968–1979 y 1980–1984.

Es lícito recordar que Pierre Elliott Trudeau ocupa el tercer lugar entre los primeros ministros canadienses que gobernaron durante una mayor cantidad de tiempo. En su época fue uno de los más experimentados estadistas mundiales y así se le reconoció. Promovió políticas económicas de contenido social, repatrió la constitución canadiense (que era una ley del parlamento británico) y fomentó la igualdad nacional entre angloparlantes y francoparlantes por medio de leyes que convirtieron a Canadá en el país bilingüe que es actualmente. En política exterior fueron bien conocidas sus posiciones de defensa de la independencia de Ottawa con respecto a Washington, de lo cual fue un ejemplo el haber mantenido y fomentado las relaciones con Cuba. A su funeral, ocurrido el 28 de septiembre de 2000, asistieron numerosos líderes mundiales. El entonces presidente Fidel Castro y el ex presidente de Estados Unidos James Carter se encontraban entre ellos.

Su hijo, Justin Trudeau, quien nació en 1971, comenzó su carrera política como candidato electo por el Partido Liberal de Canadá, en el distrito quebequense de Papineau en 2008, siendo reelecto en 2011 y en 2015. En 2013 asumió el liderazgo del su organización política, y la llevó a la victoria en las elecciones hace un año. Ese triunfo retornó a los liberales al poder, con el Sr. Trudeau a la cabeza, después nueve años de gobiernos conservadores encabezados por Stephen Harper. Este, a su vez, había puesto fin a un dominio liberal de doce años.

Esta visita del Primer Ministro Trudeau no sólo nos recuerda la visita de su padre en 1976, hace 40 años, sino que nos trae la frescura de un dirigente joven de un país capitalista pero con una larga tradición democrática de alternancia en el poder sin mucha crispación. Cosa rara en el mundo de hoy donde pareciera que todo lo público se hace desde la crispación. Justin adquirió notoriedad en su país por haber pronunciado el elogio de su padre durante su entierro en el 2000, evento al que asistieron Fidel Castro y James Carter. Tenía entonces sólo 29 años.

Desde que entró en la política unos años después, no se ha amilanado en proclamar su defensa de la juventud, de los aborígenes canadienses y de los derechos LGBT. Alguna vez se proclamó feminista y nombró mujeres a la mitad de los cargos de su Gabinete. La victoria del Partido Liberal de Canadá (que ciertamente es liberal más en la tradición norteamericana que la europea) bajo su liderazgo en el 2015, hizo historia porque pasaron de 30 pico de escaños a 150. Sin duda, sacó al liberalismo canadiense del bache que sufrió después de la salida de Jean Chrétien, otro Primer Ministro que visitó Cuba. El día de su inauguración como Primer Ministro hace un año, se le ocurrió la idea de que sus ministros y él viajaran en autobús a la colina del Parlamento en Ottawa porque, según explicó, la mayoría de los canadienses van al trabajo en guagua, como le decimos nosotros aquí.

Vale la pena recordar que Justin Trudeau, a sus 45 años, lidera un país que se ubica como el segundo más grande del mundo por su territorio (9 984 670 km²) un 8.62 por ciento del cual está constituido por recursos acuíferos; una población de 36 155 487 habitantes (37mo lugar mundial); un Producto Interno Bruto nominal anual de 1 843 750 000 000 dólares y per cápita de 52 364 dólares (11no puesto entre países desarrollados).

Este vecino goza de estabilidad económica y social, además de política. Compárense estas con las turbulencias que persisten en varios países del mundo capitalista desarrollado. Si eso es así, se debe a que los canadienses han logrado mantener una buena parte de los logros en justicia social, de lo cual son responsables tanto la sociedad civil como el propio Partido Liberal encabezado por Justin Trudeau, a pesar de las políticas de tendencia neoliberal del gobierno de Harper y de su cercanía a Estados Unidos.

Aun cuando las relaciones cubano-canadienses no han estado exentas de determinadas situaciones irritantes –como es lógico suponer en cualquier relación internacional–, los liderazgos y las diplomacias de ambos han sabido utilizar las vías de la negociación para resolverlas. Incluso vale apuntar el rol jugado por el propio gobierno conservador de Stephen Harper en facilitar un terreno neutral y discreto para buena parte de las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba que condujeron a los acuerdos del 17 de diciembre de 2014 entre los presidentes Raúl Castro y Barack Obama. Este rol canadiense se debe, sin lugar a dudas, a la continuidad de una posición de Ottawa respecto a este conflicto. Como aliado de la mayor potencia pero al propio tiempo buen vecino del país pequeño, gobiernos canadienses de distinto signo han estado siempre dispuestos a jugar un rol de facilitador de mejores relaciones, aun cuando ello pueda afectar sus intereses económicos.

Más allá de las consideraciones políticas y diplomáticas, probablemente lo más importante de la relación cubano-canadiense esté en el terreno económico. Es bien conocido que el turismo ocupa un lugar privilegiado. Canadá se ha mantenido como el primer origen de los visitantes que llegan. El año pasado alcanzaron la cifra de 1,300,092 los turistas de ese país que vacacionan en centros cubanos. Para que se tenga una idea de lo que ello representa para una y otra parte, considérese que esa cifra constituye el 51.5 por ciento de todas las visitas de extranjeros a Cuba y representa el 3.6 por ciento del total de la población canadiense.

En materia de comercio, también Canadá se ha mantenido de manera pertinaz como uno de los mejores socios de Cuba. Actualmente es superada solamente por Venezuela como mercado para productos cubanos, fundamentalmente el níquel, mientras que es el cuarto país del cual se importa una mayor parte de productos de todo tipo.

En materia de inversiones, las empresas canadienses son pioneras y hay que mencionar en primer lugar a Sherrit International, la cual ha contribuido decisivamente a expandir la industria niquelífera y participa en otras esferas como el petróleo. Por otra parte, los programas de cooperación económica de Canadá en Cuba abarcan numerosos terrenos: modernización de la administración pública; apoyo al desarrollo local en regiones vulnerables de las provincias orientales; fomento de la seguridad alimentaria; y ayuda al desarrollo de habilidades para trabajadores de la industria del níquel.

El intercambio académico, científico, cultural y educacional no ha estado ausente de estas relaciones como lo prueba la red de Cátedras de Estudios Canadienses en Universidades cubanas y las pasantías y estudios de post grado para cubanos en centros de Canadá.

Al visitar a Cuba, como lo hizo su padre hace cuarenta años, Justin Trudeau reafirmará la voluntad canadiense de seguir desarrollando esas relaciones de manera óptima. El gobierno cubano, por su parte, mostrará una vez más la disposición a colaborar con países de distintos signo económico y político que respeten su soberanía y quieran trabajar conjuntamente.

La sociedad cubana seguramente le dará la bienvenida que merece, no solo por la simpatía que siempre existió por su familia, sino porque nuestro vecino más al norte representa también un modelo de país que se esfuerza por tener prosperidad, sostenibilidad y equidad, tres objetivos que compartimos y que indican que también podremos aprender de sus instituciones y su desarrollo.

Bienvenido Justin Trudeau.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.