BIOGRAFÍA

Mi nombre es, bueno, no, no hay un nombre para lo que soy, ni siquiera uno propio. Mi ciudadanía es, hmm, ¿qué importa? Tampoco tengo una fija, he dado más vueltas que una bola de heno: deshaciéndome en el desierto, tarjada de calor, buscando un sitio en particular donde pueda sentirme en casa, pero este rumbo se me perdió cuando descubrí que si no importa de dónde vengo, me atemoriza pensar en que el sitio a donde voy resultará también confinado a desilusionarme irremediablemente. ¿Qué edad tengo? Qué importa, he vivido más que muchos mayores que yo, he vivido menos que muchos menores que yo, concluyo entonces que no hay una cuantificación real para definir las vivencias. Puedo decir que me gusta el cine, pero no conozco el que debería para hacer con propiedad tal afirmación, la música un tanto más que a las personas promedio, pero un tanto menos que a los que no lo son, puedo añadir que la moda me gusta, me produce fascinación, me parece el hito cultural y un elemento social de gran importancia, me enfurece ver cómo está banalizada y subvalorada, y sin embargo, no puedo costearla, no puedo plasmar en mí lo atractiva que me resulta. Soy una persona ajena por excelencia a todo lo que me resulta interesante del mundo, soy un roedor sediento girando en una rueda eterna, solo que para mí, al final del día, no existe agua, no hay recompensa, está ahí la misma sed. ¿Y mi familia quién es? El ejemplo perfecto de que uno no la puede elegir, son personas ajenas a mí, son el medio para llegar al fin, podría definir a cada uno de sus miembros como un conjunto individual de todas las características que encuentro repulsivas en un solo ser sin ningún tipo de remordimiento ni de limitación moral, ¿por qué no lo haría, si es lo que pienso? Yo no los elegí, y bien me han hecho saber estas personas a mí que yo tampoco fui elegida. Me asquean. La carrera que estudio está bien, es lo mío, que como ven, no es nada, nada es lo mío, nada soy yo, nada me afana. No me interesa humanizar, no me interesa defender, no me interesa ni esto, ni aquello, me tiene sin cuidado si mi postura me hace favorable a la opresión, tener que caracterizar una posición porque de lo contrario automáticamente me convertiré en una mala persona también me parece un pensamiento opresor. No me interesa la política, si soy sincera, soy de las que no votan y contribuyen a que este país no surja; pero tampoco necesitan de mí, de mi grano de arena, porque yo tampoco sé cómo surgir, mis aportes no serían útiles. No existe nada que me divierta en su totalidad, que me aleje de la desidia, tampoco existe nada que me duela, nada que me sorprenda. Mi propósito fue venir al mundo a ver a quienes me rodean crecer, mientras que yo solo echo raíces en las ciudades olvidadas por dios, esperando avanzar hacia arriba esta vez. ¿Cómo me veo en un tiempo? Sin hijos, detesto los niños. Me resulta despreciable que existan personas que se reproducen como reproduciendo desgracias, como trayendo culpas al mundo que pudieron evitarse, por esto también detesto a quienes deciden ser padres. No soy una desertora, no; pero tampoco luchadora, eso está claro, ya luché, luché contra todos, luché contra todo, contra el destino incluso, ¿qué sucedió? Me abofeteó, me hizo entender que mi peor enemigo soy yo. ¿Qué es entonces lo que me mueve, lo que me inspira? Lo que no existe, lo que nos ofrecen como dándolo por hecho, la promesa más incierta que a veces se materializa: el futuro, o en mi caso, deshacerme al fin del ahora, del ayer, deshacerme de la idea de mirar hacia adelante, y no hacia el frente, no pensar en que el tedio se irá, llegar a un punto en el que ya no esté. Tal vez esté perdiendo mi tiempo; pero a diferencia de los demás, el mío no es oro, es un metal oxidado.