Tematizar-té

Qué glorioso era hablar en presente, palpar-té como si ocurriera un evento prodigio, incierto. Que después de transcurrido mucho tiempo, percibía un aroma a té de amor, (cura resfrío, mí resfrío) a lo que en anatomía llaman aroma químico. Y como alguna especie de abeja o mariposa, podía percibir-té a distancias inconmensurables, cuando sabía iba a ver-té. Hablábamos de la cotidianidad, a veces prefería escuchar-té simplemente porque el timbre de tu voz era como un bambolear suavecito, y en periquetes me partía la imagen de tú y yo ardorosos con un solo rose. Creo que ésta era la razón por la que nunca comprendí lo que leías y me compartías, me fugaba hacia ti en otro plano, donde tus palabras resonaban en afán. Pero es que entre más sucedía el tiempo en el que viajábamos a nuestro destino amoroso, en mi interior uno a uno de mis cerillitos se iban encendiendo, como en la obra de Laura Esquivel “como agua para chocolate”.
El nombre de la novela me remonta a los cariñitos que nos inventamos, galletita y panquecito de chispas de chocola-té. Pero, ay amor, ¿Qué nos queda?, ¿Qué me queda?, a menos que inventar-té, reinventar-té, reconstruir-té. Tomar miel con limón para mi resfrío. No tengo más remedio. Ojalá, así como no queriendo, algún día nos reencontremos, para besar-té los párpados. Ojalá también me permitas beber-té, una última vez, que la sustancia moje uno por uno mis cerillitos, que ya no quemen, que ya no ardan, que el polvo cósmico que emitan se lleve tu esencia, para ya no divagar-té, para ya no compartir-té. Que saborear-té sólo cumpla una función, ser tu mundo por un momento, que me posibilite sin más, amor, trasmutar-té.
