Game Of Thrones: Horrible, horrible serie. Nos vemos el domingo.

La sensibilidad no es alguna de las tres cualidades que me atrevería a mencionar (ni mintiendo) para responder a esa clásica pregunta en una entrevista de trabajo. No tengo mucha empatía. A mis compañeras universitarias les solía preguntar si estaban enfermas cuando acababan de terminar sus relaciones y habían llorado toda la noche. Podría hablarles de mis teorías acerca de como y cuando mis padres me hicieron una piedra emocional pero sería desviarme y hablar de cosas que a nadie le interesan.

Quiero hablar de la cultura del shock en la cultura pop moderna desde una posición especial: la del fanático del entretenimiento americano que nunca ha tocado Estados Unidos.

Vivir en el tercer mundo lleva casi de forma inherente el haber tenido al menos una experiencia con la inseguridad, el narcotráfico y todo lo que deriva de ahí: la pobreza, maltrato físico o psicológico, ausencia de figuras familiares, etc. así que por simple acumulación, es natural que seamos teóricamente más tolerantes a la sangre y al dolor.

Los atentados de Noruega en 2011 fueron tema de conversación entre un mexicano que llevaba años radicando en Europa, otro que nunca ha salido de México y yo hace un par de años. El tema dramático de las sobremesas que se tocan solamente cuando ya solamente quedan digestivos y algún otro cigarro. Yo no consumo ninguno de los dos. Es más, creo que yo seguía tomando cerveza. Conversábamos acerca de como un evento tan horrible ponía en perspectiva lo frágil que era la vida y como “locos hay en todos lados”, obviando las “motivaciones” religiosas y políticas de Anders Breivik. Hablábamos sin tener idea de lo que hablábamos, lo cual en el siglo XXI está muy de moda.

Podríamos decir que la incrustación de la tecnología en nuestras vidas nos permite discutir cualquier evento segundos después de que suceda. Pero en tal caso, en esa mesa se hablaría cada fin de semana de política Noruega y dudo mucho que los tres que estábamos ahi sentados supiera identificar la bandera noruega en una lamina de papelería.

Tocábamos ese tema y solo ese tema en especifico porque en ese momento, la llamada “guerra contra el narco” estaba en uno de sus momentos más delicados, cuando a menos de diez kilómetros de donde comimos, había sucedido un atentado en contra de familias que se disponían a celebrar El Día de la Independencia de México. Porque cuando hay inseguridad, la naturaleza humana tiende a buscar elementos que lo hagan recuperar su seguridad; pero en un caso tan especial como el de México, ¿a quién acudes? ¿a la policía? Justo ayer veía a un gordito caminar por la calle con una playera que decía “Dios, protegeme por favor de la policia”. Como ese gordito habemos miles.

El shock al que estuvo y aún está sometido este país cada que pone el canal de las noticias ya no es shock. Es parte del imaginario popular. Así como en un lado del país una madre le pide a su hijo que no se meta a los carteles del narcotráfico aunque eso signifique tener que comer, del otro lado del país un capo le reza a Malverde mientras en algún oscuro rincón del D.F un productor hace el pitch de su nueva serie de narcos mexicanos. Ya es normal, ya es común.

¿Por qué la popularidad de un show como Game Of Thrones? ¿Por qué de dos años para acá comienzo a ver personas cuyo concepto de “serie” era Dragon Ball Z comienzan a inclinarse por contenido digital (de mucha mejor calidad, por cierto) con un formato distinto?

“Shock value is the potential of an action (as a public execution), image, text, or other form of communication to provoke a reaction of sharp disgust, shock, anger, fear, or similar negative emotions.”

¿Suena a Game Of Thrones? Yo digo que suena a Game Of Thrones.

Matar a un personaje principal (en GOT no hay personajes principales, vamos a admitirlo, son demasiados ya) puede ser algo positivo si va con el desarrollo de la trama y si PERMANECE MUERTO. Pero hasta ahí. Los libros de Game Of Thrones salieron en los noventas por primera vez, lo que quiere decir que gran parte de los que ven el programa saben lo que va a suceder, solo están esperando a ver como va a hacer HBO para mostrar la muerte de Oberyn. Y la explosión de un cráneo a manos de un islandés del tamaño de un refri llamado Hafþór Júlíus Björnsson es como HBO decidió mostrarlo.

Es una fórmula bastante sencilla pero funciona. Game Of Thrones es básicamente el esposo golpeador con playera sin mangas al que no podemos dejar porque “ya cambió” pero del cual nos quejamos todo el tiempo.

La serie, según lo que recuerdo en este instante nos ha mostrado ya violaciones, mutilación genital, empalamientos, acuchillados, incesto, prostitución y lo que me falta. ¿Por qué nos escandalizamos por todo esto si van aproximadamente 50 episodios y contando donde eso es lo más común? ¿por qué somos tan amantes de la doble moral?

Sencillo: porque queremos que lo que vemos en pantalla nos impacte, pero que siga siempre nuestros falsos códigos de honor. Exigimos entretenimiento transgresor, exigimos que se traten todos los tabús mientras en la mañana estuvimos en misa dándonos golpes de pecho. Y cuando vemos que son conceptos mutuamente excluyentes, nos quejamos como si GOT fuera el del problema cuando nos presentan al personaje principal al principio de la primera temporada y en la misma temporada le cortan la cabeza. Las reglas estaban ya muy claras.

Deberíamos quejarnos de los enormes hoyos en el guión, de la horrible escena de Daenerys arriba de un dragón a lo “La Historia Sin Fin”, de las asquerosas líneas de diálogo de las Sandsnakes, de los personajes abandonados y de que de ninguna forma nos sentimos frente a The Sopranos, The Wire, Mad Men o incluso Breaking Bad en cuanto a la calidad de lo que nosotros decidimos ver el domingo.

No nos quejemos entonces de que “matan solo por impresionar”, si de ahí viene el encanto.

Les encanta la sangre, chavos.
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