Decidí empezar con esta serie de entradas como respuesta a todos los escépticos que, descontentos con el gobierno actual — que es el mismo de toda la vida — , se olvidan de las maravillas que nuestra tierra nos ha brindado.

Es mi percepción particular, motivos que me inspiran en lo personal, razones por las cuales yo grito: “Viva México”.


5 razones para decir “Viva México”

Razón Primera: El Tequila

Mortífera bebida, néctar provenientes de las deidades aztecas, ¿a quién no le ha hecho, ya en la euforia de la fiesta, gritar un sincero y ardiente grito patriótico?

Este producto, heredado de la centenaria tradición mexicana, se elabora únicamente en 5 estados del país: Guanajuato, Michoacán, Nayarit, Tamaulipas y —el siempre hermoso — Jalisco. Su denominación de origen mexicana lo hace un patrimonio de la humanidad, y un regalo de México para el mundo. Tal es su importancia, que se postula como una de las más fuertes fuentes de exportación para el Estado, produciendo casi un cuarto de millar de millón de litros en 2009, siendo más del 50% destinados a la comercialización extranjera, donde el principal consumidor resulta ser Estados Unidos. Es notoria, pues su influencia en la economía del país, tanto que se ha convertido en uno de los estereotipos del mexicano promedio. ¿Qué seríamos sin el tequila?

Pero no limitemos su relevancia al factor monetario. Es influyente en el arte del amor, donde muchos autores se inspiran con ella — o en ella — para la composición de exquisitas piezas donde la evocan, con sus virtudes y problemas. ¿O quién puede huir de la inspiración cuando ha caído bajo los efectos del tequila?

¿Y qué es el dinero y el amor, sin un ferviente grito de “salud”? Para muchos, el tequila se asemeja a aquella bebida bíblica apocalíptica, cuya degustación ofrece al incauto Devoto de la Parranda, un suave sabor en el paladar, pero a su paso por la garganta una amargura que obliga a repetir el ciclo hasta acabar con la botella. Pero, ¿que no es, si no eso, la vida del mexicano? Una periferia de gozo y amargura, la primera para remediar a la última, y la última consecuencia de la primera.

Es razón de orgullo el saberse mexicano, proveedores de fiestas y alegrías. De México para el Mundo. Porque, ¿quién no llega a la cantina — santuario del alcohol — exigiendo su tequila y exigiendo su canción?

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