Frente a frente

Subió, después de un rato, la mirada para encontrar a esos ojos cafés. Con voz firme, comenzó:

Me gusta la determinación con la que buscas las cosas que deseas; esa que te mueve a llegar a tus metas y que te permite soportar los cataclismos que intentan detenerte.

Adoro que preguntes e intrigues, que no hagas de la duda tu compañera de camino. Que no te conformes con lo que la gente te dice que es verdad y busques la que tu juicio considera oportuna.

Me atrae infinito tu locura, que presta oído sordo a lo que establece la sociedad; que permite que tu determinación siga aún cuando otros te traten de persuadir que te equivocas o que es arriesgado.

Admiro tu mirada llena de cafeína, capaz de quitarle el sueño y alegrarle la mañana a quien la tope. Que transmite esperanza, que dice sin palabras que las cosas irán bien y no habrá problemas más grandes de los que puedan soportar. Que disipa los miedos y que alienta al riesgo.

Me motiva que aún no te termino de conocer, que a esta travesía le faltan varios kilómetros por caminar y al final descubrir qué esconde ese enigma que es tu mente y tu personalidad.

Y terminado su monólogo, sonrío e inmediatamente después el espejo le respondió de manera recíproca.

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