¿Cual es el fin principal del hombre?

¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre, Rom. 11:36; 1 Cor. 10:31; Sal. 73:25. 26. (Pregunta 1 Catecismo menor de Westminster).

El hombre fue puesto por el Creador sobre la tierra para con un objeto perfectamente determinado al cual tiene que sujetar todas sus actividades. Adán fue puesto en el Edén para que lo labrara y lo guardara (Génesis 2: 15); pero el objeto principal que Dios persiguió fue hacerlo feliz, muy feliz, como resultado de una vida entregada a la glorificación de su Hacedor dentro de la cual el trabajo sería una preciosa bendición.

Es verdad que el hombre tiene diversos objetos en la vida siendo uno de los más útiles para él, el trabajar, por lo que todo hombre o mujer debe trabajar; pero existe un objeto superior a éste y es el de glorificar a Dios. Se debe entender por glorificar a Dios, no solamente reconocerlo como el Creador y Conservador de cuanto existe y, por consiguiente, dar a El toda alabanza; sino también manifestar a otros esta misma Gloria. Nos es obligatorio reconocer la gloria de Dios. Honrando y alabando por esa gloria y procurar hacerla manifiesta a los demás. Para ello es necesario alabar a Dios en todo tiempo y en todas partes, (Salmo 113: 1–3); pero también obrar de tal modo que los demás se sientan obligados a glorificarle con tanto placer y gratitud como nosotros. (Mateo 5:16).

Entonces, el anhelo diario de la vida en todo lo que se piensa, en todo lo que se habla, en todo lo que se hace, debe ser la gloria de Dios, tal como lo enseña su Santa Palabra. (Rom. 14:8; 1 Cor. 10:31; Rom. 11: 36).

Qué vida tan preciosa la del creyente que ha comprendido que se debe glorificar a Dios en cada uno de sus pensamientos, palabras o acciones y esto forma parte del objeto principal de su vida. ¡Cuanta paz y felicidad verdadera encuentra quien se propone vivir para la gloria de Dios! Lo mismo si es un potentado que si es un humilde hombre del campo, el creyente que no se olvida del fin principal para que fuera creado, es el único verdaderamente dichoso, porque a la glorificación de Dios, va inseparablemente unido con el gozo de Dios.

Somos hechos también para gozar de Dios, así lo afirma el catecismo menor de Westminster. Existen en el mundo muchísimos placeres que sólo son momentáneos y que muchas veces tienen tremendas consecuencias; tal como el placer de la embriaguez, el de la vida de desorden, el de la ociosidad. Existen placeres sanos que nos proporcionan gran satisfacción porque están de acuerdo con la pureza de los hijos de Dios; pero todos ellos no tienen la importancia que tiene el de gozar de Dios mismo. Gozar de Dios es tenerlo como nuestro y encontrar en Él nuestro más alto bien, nuestra más completa felicidad. Tenerlo como nuestro y siendo Él eterno, nuestro gozo también es eterno.

Por esto el creyente debe desear con toda su alma la comunión permanente con su Dios y debe esforzarse por buscarla por medio de la oración personal y la meditación de su Santa Palabra, hasta que Dios llene de tal modo su vida que pueda decir como el Salmista dice en Salmo 73:25-26.

Nuestra más grande felicidad no ‘está en las cosas del mundo por buenas y legítimas que sean; sino en Dios mismo y de consiguiente lo que permanece por la eternidad. Llenando el fin principal para el cual fuimos creados, la vida no podrá jamás decepcionarnos, no tendrá penas bastante fuertes para hacemos desconfiar de Dios, ni deleites lo bastante atractivos para apartarnos de Él. Un cristiano, después de haber sufrido muchísimo, un poco similar a Job, decía: “No puede existir ni una sola decepción, porque no tengo deseo ninguno sino que sea hecha la voluntad de Dios”.

Que así transcurra tu vida, en el permanente deleite de la comunión con tu Dios, que durará en esta vida y por toda la eternidad. Amen.