La Gracia es libertad y dependencia total.

La Gracia de Dios provee una genuina y completa libertad de los terribles efectos destructivos del pecado, permitiendo que el hijo de Dios logre rendirse voluntariamente a Él, con el fin de vivir en total dependencia de Su poder transformador, el cual actúa extraordinariamente en cada creyente (Col 1:29).

Si bien la gracia no es una libertad desmedida y desenfrenada para hacer lo que a cada creyente mejor le parece, ni tampoco una vida pasiva sin fruto y sin servicio, cabe mencionar que eso no cancela el hecho de que la Gracia de Dios es una perfecta libertad en sí misma. Además, como también lo describe muy elocuentemente el teólogo y estudiante de las Sagradas Escrituras, William R. Newell:

“La Gracia es Dios actuando libremente, según Su misma naturaleza de Amor; sin ninguna obligación o promesa por cumplir de [nuestra parte]; obviamente actuando justamente en miras de la Cruz.”

Es decir que, a pesar de que la gracia no produce cristianos pasivos, nosotros los hijos de Dios verdaderamente no tenemos parte alguna en la obra soberana y eficaz de la gracia que actúa poderosamente en el corazón indigno del ser humano, dice (1 Corintios 3:7) Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, si no Dios que da el crecimiento.

. Dios toma la iniciativa y el creyente sólo responde. Y esto es por medio de la Fe solamente. Todo lo que nosotros como hijos de Dios hacemos bueno y agradable al Señor es simplemente un resultado evidente y externo de la obra interna, perfecta y transformadora que el Espíritu Santo, por Gracia, ya está efectuando en nosotros.

El apóstol Pablo habló en varias ocasiones acerca de esta libertad y obra de la gracia de Dios en la vida del creyente. Por ejemplo, en Romanos capítulo 6, después de haber declarado en los últimos versículos del capítulo 5 que cuando abundó el pecado la gracia sobreabundó, Pablo mismo afirma rotundamente con una negación que la gracia no fue dada para vivir en pecado o cómo mejor nos plazca. Al contrario, el dice lo siguiente en el versículo 22 del capítulo 6:

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”. Además en el versículo 18 explica que “libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”. Y también en Romanos 8:2 Pablo dice que “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús [nos] ha librado de la ley del pecado y de la muerte”.

Entonces la conclusión lógica seria afirmar que la Gracia nos brinda libertad del pecado y sus trágicas consecuencias — o bien la santificación que es fruto de esa libertad — a fin de que seamos siervos voluntarios de Dios y Su justicia.

Otros versículos que demuestran la obra soberna y eficaz de la Gracia en el corazón de todo hijo de Dios son Filipenses 2:12 y 13, en donde el mismo apóstol Pablo dice:

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

Dando a entender que el ocuparse en la salvación que ya nos fue dada por gracia es el resultado de Dios obrando soberanamente dentro de nosotros para que deseemos y hagamos Su voluntad. Lo mismo que el autor de Hebreos reafirma cuando escribe:

“Y el Dios de paz…por la sangre del pacto eterno, [Él] os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo Él en vosotros lo que es agradable delante de Él por [medio de] Jesucristo”.

¡Gracias a Dios por Su Gracia sublime e inefable con la cual nos ha revestido en Cristo!