“El móvil es el diablo”, otras ideas sesgadas de Salvados y lo poco que nos ayuda tenerlas

Los sesgos no son buenos. Son convenientes, son alarmantes, son graciosos, pero no son buenos si no se manejan conscientemente, como conducir o comer alimentos con sabor.

Esta introducción me vale para hoy y para muchos de los temas que trato en mis blogs personales, sobre todo en Martinelízate, pero esta vez la he escrito antes incluso de fundamentar mi opinión por lo mucho, mucho que olía a sesgo el tema que me ocupa en esta ocasión: la adicción al móvil. Concretamente a raíz de uno de los Salvados dedicado a este tema, “Conectados”.

No es un programa que suela ver (no veo la televisión actualmente), de hecho no me gusta porque en otras ocasiones ya ha mostrado una parcialidad y unos recortes en las entrevistas tan propicios como aparentemente convenientes, pero tengo cierta alarma para los temas sobre los que se está desinformando masivamente y éste se coló ahí (el grupo de WhatsApp con mis amigos), además de en mi timeline tanto en el momento de la emisión como el día posterior. Aunque el tono de alarma sólo se dio en WhatsApp, en Twitter fue todo lo contrario (quedaos con esto porque lo puntualizo por algo, lo desarrollaré más adelante).

Vayamos por partes.

De entrantes, una buena ración de sugestión

¿Os parecería bien que ya de buenas a primeras yo empezase a saco con lo de que no existe la adicción al móvil de manera “oficial”? Mostraría bastante ansia por mi parte y no os daría la oportunidad de crear una idea sobre el tema. Pues así es como empieza este programa, con el caso de una adolescente que aparentemente vive para Instagram y que comenta aparentemente de manera sincera que pasa mucho tiempo en esta red social, que es consciente y que en casa han tenido que racionar el tiempo que se mira al móvil. A saco, con la música de “caso perdido” y con imágenes de gente en cafeterías e incluso al volante con el móvil. Y siguiendo con una especie de terapia en grupo al más puro estilo Alcohólicos Anónimos de serie de televisión con amagos ya de sermón post-experiencia. Estupendo.

Bueno, yo no quiero evolizar esto, así que me guardo cierta artillería para luego y os doy (o siendo realistas, te doy) un momento para que analicéis un poco lo que tú haces con el móvil, lo que hacen los que te rodean y cómo te influye que ellos estén mirando el móvil (así en plan súper generalista). Cuando acabéis, si queréis, seguís queriendo.

Si eres débil, lo eres con todo

Yo no soy psicóloga de profesión, soy pseudo-psicóloga de vocación y me ha licenciado la vida tras entrar en su universidad por adicta a la observación y al análisis. Gracias a esto he madurado la idea de que en la vida podemos ser más decididos o más volubles o débiles, y que todo nos afectará más o menos según eso: nuestras relaciones, nuestro trabajo, etc.

Partiendo de aquí, una persona débil puede virar a víctima si hablamos de un mal estímulo o una mala influencia, porque no pone suficiente de sí como para tomar el control. Aquí no hay blanco y negro sino que hay todo un mar de grises, y entraría desde el ludópata de la máquina de la palanquita hasta ese amigo tuyo anulado completamente por su (insoportable y dominante) pareja. ¿Perderías el control ante una de esas máquinas? ¿Te haces pequeñito, pequeñito e insignificante y pierdes tu personalidad si sales con alguien muy seguro de sí mismo? Todos no somos iguales ante los estímulos, influencias o compañías, quedémonos con esto.

La adicción que no existe, PERO

Me hace mucha gracia que empiecen el programa con la opinión del psicólogo Marc Massip que ya anticipa que el uso continuo del móvil «todavía no está catalogado como adicción aunque nosotros lo tratemos como tal», qué personalmente considera que es una “enfermedad social” (*alerta de connotación*: no sé muy bien si esto existe) si es que no es médica.

Yo el trabajo de este señor no lo conozco, pero mi cerebro se cortocircuitó un poco cuando ante el hecho de que sus ¿pacientes? duerman con el móvil en la mesita cargándose responde algo escandalizado que «es peligrosísimo y es totalmente contrario a cualquier acto de salud». No es bueno para la batería del móvil, quizás es peligrosísimo para su duración, pero lo de que sea contrario a cualquier acto de salud me lo tendría que explicar (porque lo que deja entrever es que apoya la magufada de las ondas electromágnéticas y todas esas historias de sombrero de papel de aluminio).

Bueno, sobre Massip y este hecho de que no se ha declarado la adicción al móvil os recomiendo esta lectura. Si queréis ir a lo rápido os lo resumo: los datos, la ciencia, no apoyan que esto se considere adicción y aquí citan a otro psicólogo (experto en ludopatía) que lleva 25 años investigando sobre las “adicciones tecnológicas” y que considera que la mayoría de usos que damos a la tecnología no entra dentro de lo preocupante o problemático. Como poco, pues, hay un empate en esto de considerarlo adicción o no por parte de la gente titulada. Y ahora os voy a decir yo, por experiencia, por qué no lo considero adicción y creo que hacerlo nos perjudica a todos.

No lo llames adicción, llámalo miedo a la velocidad

En este primer artículo que os he enlazado plantean una idea que comparto desde hace tiempo: «los hábitos sociales se han transformado a velocidades inéditas en nuestra historia (ni la electricidad ni la televisión ni nuestro primer contacto con Internet, por ejemplo, penetraron tanto y tan deprisa) y el móvil los ha absorbido todos». Todo a nivel social y de hábitos ha cambiado mucho y muy deprisa en los últimos ¿20? años si lo comparamos con la tasa de evolución o cambio en décadas o siglos anteriores. ¿Es esto malo? No, no tiene por qué, pero la velocidad y lo desconocido siempre nos ha dado miedo como buena especie débil por excelencia que somos. De esto habló maravillosamente bien (para variar) mi ahijado geek Antonio Sabán en Hipertextual.

Cada vez es más difícil etiquetar y clasificar las relaciones y cada vez es más fácil establecerlas o variarlas, ampliarlas, reducirlas, empezarlas o finalizarlas

Personalmente me fascina ser una espectadora y participante de este gran cambio en el paradigma social de la sociedad primermundista. Cada vez es más difícil etiquetar y clasificar las relaciones, y esto es muy positivo porque hacerlo es inútil, retrógrado y en ocasiones destructivo o insoportable (salvo si se hace por ilusión o conveniencia administrativa). Pero cada vez es más fácil establecerlas o variarlas, ampliarlas, reducirlas, empezarlas o finalizarlas. Desde la conversación de ascensor hasta una relación más fuerte pasando por la amistad hay muchos grados que ahora es posible alcanzar en la medida que queramos sin la necesidad de un contacto o un mantenimiento presencial, y esto es, además de cómodo, entretenido, y nos posibilita evolucionar socialmente.

¿Por qué? Porque es posible que no hayas nacido en un sitio favorable socialmente. Es posible que las personas afines a ti no se encuentren en tu colegio, tu universidad o el bar de tu esquina. Es posible que seas hiper-tímido. Es posible que sí hayas tenido la suerte de encontrar presencialmente a personas afines pero puede que de repente se tengan que ir. ¿Y sabéis lo que se carga la distancia de un plumazo? La tecnología.

Si haces ese manido ejercicio de observar en una cafetería quién está mirando al móvil o no, juega bien. Ésta es otra idea que ponía sobre la mesa el texto de GQ de Javi Sánchez, el hecho de que el no conocer bien del todo «las posibilidades y usos del aparato» hace que caigamos en uno de mis más famosos y temidos enemigos: el prejuicio, la idea preconcebida o el afirmar sin conocer. No sabemos qué hacen esas personas con el móvil, si están mirando Telecinco.es, la bolsa, buscando viajes o buscando GIFs de shrugs, y aún sabiéndolo tampoco tenemos derecho a predeterminar que esto sea “mejor”, “peor” o “conveniente”. No les conocemos y no podemos afirmar nada, ni aunque se trate de una pareja y ambos estén con el móvil: no somos ellos, no estamos en su contexto y si por defecto ya nos parece algo malo es que el problema lo tenemos nosotros (un problema de considerarnos superiores, en el fondo).

El diablo en nuestro bolsillo y otras fábulas de hoy en día

En el programa de Évole sale otro señor, Zygmunt Bauman (sociólogo y filósofo), con el que no puedo estar más en desacuerdo. Entre otras ideas expone que «Somos solitarios conectados», que «La gente no piensa suficientemente en el diablo que pone en su bolsillo en forma de teléfono móvil», que «No tenemos vida privada», que «Las tecnologías dan oportunidades pero tienen un precio que tienes que pagar», que debido al uso del móvil se están perdiendo las habilidades sociales y que, en su opinión, el triunfo de Facebook fue que Zuckerberg dio en el clavo al detectar y saber explotar nuestro miedo a estar solos. Yo a este señor no le he leído, no conozco sus estudios ni su experiencia, pero se lo puedo rebatir todo, todo. Y luego, si no me olvido, hablaré de lo patético que me parece que Évole le ponga imágenes de la cola del iPhone 7 en la Apple Store de Passeig de Gràcia.

>No somos solitarios conectados. La sociedad, nos guste o no, ya no es sólo presencial. Nuestro círculo social probablemente ya tenga una parte virtual y una de contacto personal, y esto se normalizará mucho más con las nuevas generaciones que ya nazcan con internet en sus vidas (a muchos nos llegó con un germen de círculo social ya germinando). Si hablamos de solitarios conectados estamos llamando “solitario” a la persona que mantiene una relación a distancia mediante mensajería instantánea, videoconferencias o cualquier otro medio. Estamos llamando “solitario” a la persona que, absorbida por trabajo u otros menesteres, no llega a tiempo de la caña con los amigos pero dedica un rato a charlar o a saber de ellos cuando puede. Estamos llamando “solitario” a quien no ha encontrado personas con las que está a gusto en sus círculos y mantiene amistades de manera telemática. Estamos siendo injustos y prejuzgando otra vez, menospreciando al otro lado de la pantalla en el que no hay líneas de código, hay personas de carne y hueso.

El smartphone, como un martillo, es una herramienta, un ítem que se usa y el que nos sean beneficiosos o perjudiciales dependen de nuestro uso, y esto se extiende a las apps

>El teléfono no es un diablo. El smartphone (porque los feature phones son bastante alabados en este programa y no entrarían en la crítica) no es malo por defecto, como no lo es una llave Allen, un martillo o un pie de rey. Son herramientas, son ítems que se usan y el que nos sean beneficiosos o perjudiciales dependen de nuestro uso, y esto se extiende a las apps. Ni WhatsApp, ni Twitter, ni Facebook son malos. No nos quitan vida como si fuesen las babosas cerebrales de Futurama. Existe la gestión de notificaciones, los mute y sobre todo nuestra boca para decir «No leo grupos, si queréis algo dirigíos a mí personalmente» o «No miro el móvil/mensajería durante el trabajo/en cierto horario». Está en nosotros cómo las usamos, y con mayor o menor facilidad los desarrolladores nos dan opción a adaptar su funcionamiento a nuestro gusto en cuanto a la información que nos entra y la que damos. El señor Bauman dice que «satisface el anhelo de estar en la escena pública», pero eso es sólo en los caso en los que se busca esto concretamente; Twitter en esencia es un avisador, y el uso social es opcional.

>Sí tenemos vida privada. No sé cuántas amistades virtuales tengo (probablemente menos de las que crea por la no reciprocidad), pero de muchas no os sé decir muchas cosas de su vida privada o personal. Tampoco lo sé decir de algunas de mis amistades presenciales. Y de la gente que conozco su vida personal porque sí la expone más (en redes sociales o como sea), es porque la tiene. Yo también la tengo. Y todos tenemos móviles e internet.

A mí Twitter me ha cambiado la vida hasta el punto de que tengo el plato lleno y me pago mis gastos

>Las tecnologías dan oportunidades gratis. A mí Twitter me ha cambiado la vida hasta el punto de que tengo el plato lleno y me pago mis gastos, por ejemplo. La tecnología no es un genio amargado en una lámpara que te concede deseos a cambio de una desgracia, no es un ojo por ojo ni se cumple el principio de acción-reacción. La tecnología puede dar mucho y puede quitar, pero aquí volvemos a lo mismo: depende de nuestro uso. Igual que a mí me ha dado la vida me la podría haber quitado si yo no tuviese cuidado con la exposición y la privacidad, por ejemplo, pero el que de momento me vaya bien es por mi gestión, no porque sea un mafioso que por cada favor me pida un pastón o un órgano.

> Las habilidades sociales ni se crean ni se destruyen, se transforman. ¿Sabéis qué? Durante un tiempo me preocupó haber perdido algo de habilidades sociales. ¿Sabéis por qué era? Ni era por Twitter, ni el móvil, ni nada ajeno a mi persona, era por no relacionarme en general, ni presencial ni virtualmente. ¿Y sabéis otra cosa? Gracias a las redes sociales y a los distintos entretenimientos que me provee el móvil salgo más veces sola (no huyendo de salir en grupo, sino porque es eso o quedarme en casa), y eso hace que se propicien más situaciones en las que, oh, sorpresa, tengo que hablar. Soy bastante menos tímida gracias a eso en general, de hecho, y eso que voy usando el móvil y con auriculares, ¡doble diablo!

>Zuckerberg fue un zorro y sigue siéndolo. Facebook no se fundamenta en nuestro miedo a estar solos por el mero hecho de que llegó a nosotros cuando ya no lo estábamos. Facebook es el productazo del siglo en muchos sentidos y lo que ha sabido explotar es nuestro entretenimiento a muchos niveles, además de nuestra vanidad y nuestra sed de frases de sobrecito de azúcar, exceso de saludos diarios, guerras políticas y cachorritos. Yo, que creo que encajo bastante en ese modelo de loner (solitario) que dibujaba Bauman (y de por vida), entro a Facebook unas cuatro veces a la semana, y conozco a gente con una vida social mucho más activa que la mía y con un futuro probablemente acompañado que entra varias veces al día. Prejuicio alert.

>Bonus: Instagram es maravilloso. Los usuarios de Instagram no somos vanidosos patológicos, no lo consultamos continuamente y ni siquiera subimos contenido todos los días. Hay de todo, y el perfil que muestran en el programa no será ni mucho menos único, pero contra esta red social (o sus usuarios) hay ataques de manera bastante continua, en referencia a que somos esclavos de los “me gusta” o que nuestra vida está vacía y demás. Yo esos ataques los achaco a varias cosas, como por ejemplo a la ira que se tiene por un vacío continuo y a la idea de que las pantallas son una causa cuando son una consecuencia.

Ah, lo del vídeo de la cola para el iPhone 7. Me hace gracia que Évole ya empieza la entrevista a Bauman preguntándole si tiene este teléfono (Bauman dice que no tiene smartphone) y la finaliza poniéndole este vídeo en plan «Uy, uy, no sé yo si hago bien poniéndole este vídeo, qué malo soy». Pues bueno, el hombre no lo critica directamente, enlaza con el materialismo y el consumismo. Yo no sé qué buscaba aquí Évole (me temo que esto no), pero la cola por el iPhone o por cualquier otro objeto no tiene nada que ver con adicciones, tiene que ver con ansia y con productos aspiracionales. La ansia de tener algo primero, y como mucho el sentirse especial (ha de haber de todo en este mundo). En esa cola habría de todo, quien buscase ese sentimiento de especialidad, quien buscase el regalo perfecto para cierta persona, un ritual o el poder comprarse lo que será su próxima cámara de fotos durante cierto tiempo.

Y antes de que se me olvide, otro post en relación al programa de Salvados que recomiendo por la barbaridad de argumentos y referencias que tiene es éste de BlogOff.

Hay muchos vasos y muchas maneras de llenarlo

El paradigma social actual es como un gran bar en el que cada uno quiere un vaso, más grande o más pequeño, y lo quiere llenar de una manera u otra y hasta cierto punto. Hay quien entra con el vaso medio lleno y se queda así para mucho tiempo y hay quien entra con el vaso vacío y va llenando según va viendo contenidos que le gustan.

El paradigma social actual es como un gran bar en el que cada uno quiere un vaso, más grande o más pequeño, y lo quiere llenar de una manera u otra y hasta cierto punto

Lo ventajoso de vivir en esta época de simbiosis con la tecnología (al menos en los países pudientes) es que nunca es tarde para llenar tu vaso y lo puedes llenar de lo que quieras. Si tiene amigos puedes tener más, si no tienes puedes tenerlos, y así con todos los grados de relación que quieras. La conservación de las amistades va a depender de ti igual que ocurría en el medievo, pero lo que ha cambiado son las herramientas y en qué ocupamos nuestro tiempo. El móvil y las redes sociales no te van a asilar, te vas a aislar tú si quieres y lo harás sin necesidad de tecnología.

A colación de esto, y siguiendo con el programa, me hace mucha gracia lo de «Voy a hacer una cura virtual», «Voy a estar un día sin móvil» o la “terapia” que sugieren a Évole de no entrar a Twitter. Por un lado, si consideras que te has de curar es que el problema lo tienes tú, que eres débil y que has de poner medidas drásticas para tener un autocontrol. Por otro, siguiendo otra idea que enunciaba Sánchez en GQ, si el móvil o las redes sociales fuesen perjudiciales o incluso nocivas habría, tras unos 10 años de presencia, algún indicador, o muertes como han dejado adicciones como las de las drogas. Aquí podemos ligar con la soberana chorrada y falacia que me parece lo del #DíaSinMóvil, y el espectáculo gratuito que me parece la escena en la que un grupo de personas le sugieren a Évole que se desinstale Twitter a modo de intervención. De nuevo, se plantea a Twitter como un enemigo, algo adictivo, en vez de ajustar el uso para que sea más informativo o pueda consultarse consumiendo menos tiempo (la polémica y el miedo ganando a la educación, estupendo de nuevo).

No seáis de comprar miedo por muy barato que sea, invertid en la información, el rigor y la opinión propia

Lo único que se consigue sesgando y contemplando sólo una cara de la moneda (y aprovechando que se es influyente) es hacernos aún más débiles, más dependientes y más borregos. Huid de terrores fáciles, de la información a medias, tendenciosa y que apesta a parcialidad incluso antes de escucharla. Id a comprobar siempre la cara B, la contra, y sobre todo cread vosotros vuestra propia opinión, a ser posible basada en la experiencia. Sed empáticos por egoísmo, por ser mejor persona y por ser más espabilada. No seáis de comprar miedo por muy barato que sea, invertid en la información, el rigor y la opinión propia, porque así no sólo ganaréis vosotros, al final ganaremos todos frente a charlatanes, amarillismo y clickbait.

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