Manifiesto desde la ignorancia

Señores, creo que no he entendido nada, pero me lo estoy pasando pipa, aquí en la ignorancia.

Según el tiempo que llevéis en lo que ya es un ente social, digamos por ser justos y políticamente correctos, la geeksfera, sabréis que es un mundo de afición, pasión, humor propio, enfermos e incluso trabajo. También es un mundo de gente silenciosa, gente verborreica, gurúes, ignorantes y tontos del cool-o. Es una sub-sociedad asentada en Twitter, los blogs, Reddit y algunos otros ghettos virtuales. Y como podréis imaginar (o sabréis), todo esto da mucho juego y, al mismo tiempo, mucha pena. Pena por ver actitudes que rozan el surrealismo y por nostalgia, nostalgia de una época en la que los argumentos eran el agua y las necedades el aceite, no como ahora. Morriña de racionalidad.

El desfase es tal que toma forma de paradoja y la tecnología se sentimentaliza, se paternaliza, se canoniza. Y los vínculos de sangre y fe se defienden, porque son absolutos. Porque habrá padres y padres, pero que se metan con tu hijo molesta cuanto menos, y aunque internamente asumas que puede que sí, que lo de tu hijo no sea tirar a canasta, tú lo vas a defender, como sea, porque nadie se mete con tu hijo o con tu deidad y se va tan tranquilo. Acabáramos.

Lo que pasa es que las fes ciegas son peligrosas, porque los caminos del mundo tienen muchas piedras y si te pones a pisotear tapándote los ojos, te tropiezas. Y hay morrazos que duelen, y dejan marca, pero a veces ni con ésos se aprende.

Mente corta y lengua larga

Resulta que Internet ha sido benevolente y ha dado pábulo a mi tecladorrea y puntualmente trastitos de los que hablar. Pero, como no hay examen para geek y yo de neurona voy justa, resulta que no entiendo nada, y entonces no paro de quejarme por Twitter, y hay eco. No obstante, a veces tengo respuestas de personas aparentemente humanas, las cuales se pueden clasificar en:

  • Útiles: me resuelven el problema, ergo han leído el tweet y lo han procesado bien, p→r.
  • Fraternales: sufren el mismo problema, ergo han leído el tweet y también lo han procesado bien, aunque no me resuelven el problema, p→p.
  • Balance cero, improductivas o “ahá”: cuando no aportan nada y me cuentan datos que ni informan, ni ayudan y ni siquiera me insultan, pero defienden al servicio del que me quejo, ergo han entendido el tweet pero ha fallado el proceso de respuesta útil, p→¿lo cualo?
  • Accionistas o principio de acción-reacción talibán: el servicio del que me quejo es lo mejor y yo merezco como mínimo sus palabras como castigo por decir algo negativo del mismo, ergo leen dos palabras, determinan que se ha criticado a “x”, y atacan, a lo bot, p→o_O.

Lo mío es una desvergüenza y a veces, incluso, escribo posts y critico los dispositivos que pruebo cuando me parece que la experiencia no corresponde a lo que pretende ofrecer el fabricante con el combo de publicidad, especificaciones y precio. Y además resulta que soy una de esas pobres desgraciadas a la que las marcas ni le pagan ni nada, ni un mero viaje de esos de hashtag molón, soy de hecho de ésas que saben desde qué móvil twittean, y me toca ser sincera. Pero en este mundo debe ser que la sinceridad cotiza bajo y que los pseudo-vacíos anímicos se llenan con fanatismo, y cuando nos cruzamos unos y otros, el cielo se llena de flechas y a mí me toca sacar el escudo, mantener la cabeza fría y preparar la espada.

Y yo me pregunto: ¿qué os pasa? Yo no entiendo nada, pero a vosotros, ¿qué os ocurre? Veamos unos casos prácticos.

Caso práctico 1: lo untado funciona mejor

O “La excusa que enamoró a Spielberg”. Igual que una tostada con mermelada está más buena, si untas a una persona con dólares va mejor. Solemos llamarlo “trabajo”, aunque a veces parece un alquiler de cerebro cuando las personas hacen las veces de marioneta y dejan la racionalidad en stand by. ¿Cuándo resultan útiles los cerebros alquilados? Cuando somos muchos los que no entendemos nada (una masa heterogénea a la que vamos a llamar: clientes).

No subestimemos su inteligencia, ojo, porque hay que pensar mucho, y largo y tendido, para crear una excusa ligera como una pluma y añadirle lastres para que pese en la balanza de la opinión pública tanto como un argumento. Ser estratega de humo requiere horas y seguridad en uno mismo para defender lo que no ha contentado por erróneo y dibujar sonrisas de satisfacción en quienes se sienten tontos por haber sido víctimas del marketing. Ahí es nada.

Me gustaría saber las horas que se pasó Schiller lijando codos en su distorsionada realidad antes de ir a hablar con Gruber y defender la estafa que supone un dispositivo de 16 Gb (ya no digamos el 5c de 8 Gb) para iOS, o lo brillante que estuvo al respaldar la anorexia de los iPhone y su irrisoria autonomía. A mí una vez me dijeron tonta por reírme del diseño del 5c (cuyos colores siguen abusando de mis retinas), pues Schiller nos dijo tontos a muchos. O él o quien alquiló su cerebro. Usar la nube y evitar hacer “un producto más grueso con una mayor batería” que “también pesará más, costará más y tardará más en cargar”. Magistral.

Caso práctico 2: pienso, luego existo

O “hacer un Sheldon Cooper”. No penséis en Descartes y en “pienso” como tiempo verbal, sino como sustantivo. Los egos son bestias con mucho saque, cuyo pienso es abstracto y en masa. Cuando hordas de seguidores actúan según p→RT o p→FAV con los tweets de una persona, hay tanto pienso que se infla el estómago y aparecen la gula y la avaricia, y son éstas las que alquilan el cerebro esta vez.

Aquí se actúa de motu proprio y sin remuneración, pero la táctica es la misma: intentar que una carencia se interprete como una ventaja porque lo fabrica quien lo fabrica, porque esa defensa (o ataque) da pienso y acaba satisfaciendo. Como cuando Sheldon Cooper elabora sus rebuscadas teorías para autoconvencerse de que no se equivoca. Y llega a ser tan adictivo que, cuando se sufre de sobredosis, se llega al menosprecio y a la repugnancia, pero de esto ya os hablé con anterioridad.

A veces es la moda, y cierta defensa o ataque es tendencia, y eso también refuerza. Sobre todo si uno mismo es la moda: surfear en la cresta de la ola es guay y desde ahí es más fácil decir tonterías porque nadie te salpica, salpicas tú. Y entonces alguien pretende cortar el grifo y parar la ola, y tú te pones a maquinar teorías de humo para defender errores, y todo son retweets y risas, porque a lo demás ni atiendes. Los clientes satisfechos como tú sois inteligentes, los insatisfechos no entienden nada, y el fabricante no comete errores, y tú lo sabes, aunque saberlo sea un esfuerzo continuo, agotador, pero sarna con gusto no pica. Es todo maravilloso.

Es maravillosamente enfermizo. ¿Justificar precios abusivos? ¿Repetición de errores? ¿Diseños inútiles? ¿Softwares inconsistentes? ¿Porque lo hace una empresa a la que pagamos? ¿En serio? Defensa a ultranza de la estafa y de los errores, justificaciones sostenidas por hilo de tela de araña, es absurdo. Ahá. Y soy yo la que no entiende nada.

¿Si llevo el ticket me devolvéis vuestro criterio?

¿Sabéis? Nadie nace sabiendo, no, no, de verdad, y yo no soy una excepción. Veo la vida como un aprendizaje continuo y creo que eso es común para todos. Cuando empecé con esto era parcial e ignorante, y ahora soy ambas cosas pero en bastante menor medida, o eso me gusta pensar. Cuando yo empecé con esto, tenía muchos maestros.

Pero resulta que ahora hay verdaderos doctores, levantas una piedra y te salen cuatro cum laude en tecnología que “aprenden” por ósmosis, porque no-sé-quién dice “bla” y pasa al cerebro de manera pasiva. Eso no es aprender, es reproducir.

Yo no sé de macroeconomía, ni siquiera de micro, pero soy cliente potencial. No sé más que las compañías, pero cometen errores. Porque mi insatisfacción por una promesa rota es su error. No han cumplido su parte.

Los ignorantes somos una mina de feedback, porque vemos el fallo y nos quejamos. Un botón que no va, una batería que da risa, un diseño inútil, una pantalla que no se ve al sol, un sistema operativo congelado. La objetividad del ignorante se menosprecia cuando el fabricante tiene categoría de dios y todo lo que hace está bien.

Pues no es así, lo siento. Los que no habéis entendido nada sois vosotros, quienes decidís vivir en la mentira, perdonar estafas y hacer razonamientos insostenibles para vender una moto que ni es vuestra ni os lleváis parte. Decidís ser monjes de clausura manteniendo silencio en público y dejando las quejas para círculos privados, donde ni vuestro dios ni sus profetas os oyen. Relativizáis la culpa, y esto es lo más gracioso: la repetición de errores y el lanzamiento de productos antes de tiempo ya es una constante en tecnología, pero hay casos en los que se saca el látigo cuando aún el producto aún está en el horno y otros en los que ni lo hay, en los que el producto de hecho puede llegar a ser revolucionario sin ni siquiera haberse visto.

Pues, os voy a contar un secreto: malas épocas las pasan todos y en todos lados vas a encontrar palmeros y odiadores, gente que vive por y para defender a esta marca y que actúa 24/7, incluso sábados por la noche. Habrá gente que defienda Microsoft a muerte y siga sin admitir que su Windows Phone 8.1 no se encuentra en el mismo punto evolutivo que la competencia, habrá gente que perdone estafas como el M9 porque HTC hace los teléfonos Android más bonitos y los defenderá siempre, habrá gente que verá el Apple Watch como un producto terminado y completo y buscará argumentos para marcar una supuesta superioridad con Android Wear, otro producto embrionario… Es ridículo y enfermizo, pero si deseáis formar parte de este colectivo o que éste sea quien os alimente, seguid, seguid alquilando vuestro cerebro, seguid viviendo una realidad paralela en la que sois seres superiores, en la que rumiar fallos ajenos para regurgitar una excusa ridícula. Seguid dándonos esa mezcla entre hartazgo, risa y pena. Sed los “Emperadores con traje nuevo” de la tecnología, o sed siervos de alguno, pero a mí no vengáis a llamarme tonta porque haya cosas que no estén bien, por ser consecuente, sensata y realista, porque no es precisamente mi cerebro el que está anulado por un ente “superior”. Yo no quiero que os pavoneéis desnudos por mi pequeño reino que tanto me cuesta mantener aséptico.

Y lo que viene a continuación es experiencia personal con lo acotado que eso significa a nivel de conclusión, pero yo os lo digo por si os sirve de algo, es cosa vuestra sentiros aludidos. En mi contexto virtual, la incidencia de estos comportamientos es mayor cuando se trata de Apple. Respuestas mucho más rápidas, más frecuentes, tweets defendiendo u alabando cosas sin venir a cuento de manera continua, e incluso desprecios innecesarios y peticiones de refuerzos para atacar a los usuarios de Android. Y es espectacular como esto resurge tras cada Keynote, cada novedad, o con apps que, siendo de terceros, también son casta. Es una fe ciega que no os hace bien, y esa defensa psicópata sin ni siquiera haber ataque es tan intensa que se está convirtiendo en un rasgo característico para todo usuario de Apple (y que además pagamos justos por pecadores). Yo misma me he visto en la contradictoria situación de tener 3 dispositivos Apple y sentir asco puntual por la marca a consecuencia de estos comportamientos, así que a parte de enfermiza, esa actitud es contraproducente. Si decidís creer en Apple y en Jobs sobre todas las cosas, desde el ateísmo os decimos que se llega antes a nosotros con el trabajo bien hecho y asumiendo errores que con la Inquisición y los conventos de clausura.

Excusatio non petita, accusatio manifesta. Las cosas defendibles se defienden solas. Para el resto, se grita.