Escapistas

Viajaba al norte, al norte porque siempre le traía ese sabor a victoria. Sabía que al sur dejaba lo viejo, la monotonía que lo ahogaba y a la vez impulsaba a moverse en ese momento.

Huía descubriendo. El paisaje a la vuelta de cada curva reemplazaba caminos viejos y ya recorridos. Con las nuevas memorias que perseguía, frescas y coloridas, enviaría al olvido los parajes más grises de su existencia.

Esta vez lo dejaba todo, traía espacio suficiente para recorrer otras siete vidas. Había organizado su equipaje cuidadosamente, descartando diálogos, llantos y hasta risas. Nada lo detendría.

Siguió hacia el norte, hacia el norte hasta que todo lo nuevo empezó a hacerse viejo, y descubrió entonces que tras las paredes coloridas de su nueva morada se escondían todos y cada uno de los parajes grises que nunca cesaron de acompañarle.

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