Utopías

Se acercó a la orilla y desde lo alto la miró. Ella estaba ahí, como lo hacía todos los martes a la hora del almuerzo.

Jugaba con su pelo mientras esperaba la comida. Siempre lo hacía, lentamente, repitiendo caricias circulares, dibujando rizos que la nula persistencia en su cabello le prohibía retener.

Esta vez estaba sola. Como si me esperara — pensó, mientras su boca delineaba una sonrisa, síntoma de la ironía de saber que nunca le había cruzado una palabra. Ni lo haría en esta ocasión.

Algunas veces construía utopías como esta, le gustaba retenerlas, aunque lo torturen; pero sabiendo que cada martes a la hora del almuerzo, por unos minutos, imaginaba felicidades de universos paralelos que disfrutaba contemplar.

Like what you read? Give Luis Luna Aguilar a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.