La oscuridad en medio de la tragedia

Una semana ha pasado de que el temblor nos conmocionó.

Uno pensaría –o al menos yo lo hago – que la gente cambiaría radicalmente tras este trauma. Porque querámoslo o no, es un trauma. ¿De qué otra cosa hemos hablado que no tenga que ver con el sismo en estos días?

Pero a pesar de vivir unos días negros por los fallecidos y damnificados que dejó como saldo el sismo, vimos un poquito de luz sobre la sociedad porque “vimos un cambio”.

Sin embargo, el chingadazo de realidad que recibí hoy fue todavía más fuerte que el trauma.

Hoy tomé el Metrobús tanto de ida como de regreso en el camino de mi casa a la oficina.

El camino de ida fue totalmente sereno, con un metrobús semivacío y con muchas caras largas.

El regreso fue una historia completamente distinta: ante una manifestación que sucedía en Paseo de la Reforma, la cantidad de camiones que pasaban era reducida; por lo tanto, venían más llenos.

Cuando abordé todo parecía normal, sólo que veníamos un poco más apretados.

En la siguiente estación en la que se detuvo el Metrobús, un grupo de 7 personas aproximadamente abordó el camión.

Entre empujones lograron entrar. Fue cuando cerraron las puertas que uno de ellos dijo: “no mames, me acaban de robar mi celular”.

Evidentemente en medio del ajetreo armado para poder entrar, algún experto en el despojo de pertenencias se hizo del celular del pobre tipo.

Para mala fortuna, a las otras dos personas que quiso revisar, seguramente ya no traían el teléfono, puesto que este pasa de mano en mano para que el último en recibirlo, se pierda entre la gente.

Qué triste es ver que ni en la tragedia, hay gente que no cambia. Porque cuando hace unos días traíamos tatuada la palabra “solidaridad” en la frente, hoy presencié que no a todos les interesa ni su primera letra.

Aún mantengo la esperanza de que entre todo lo malo, el sismo sí haya removido consciencias de personas como estas que robaron el celular, para que ya no lo hagan. Para que trabajen por lo que quieren y por los que aman.

Aún pienso que hemos cambiado para bien.

Así que por favor, no me falles México. No volvamos a los días oscuros que teníamos antes de la tragedia.

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