Siempre estuvo cerca

Lei.
Lei.
Jul 25, 2017 · 3 min read

[Esto tenía otro arranque, escribí y borré mil veces pero voy a arrancar como me salga. Hace tiempo que no escribo y medio que es como volver a aprender a andar en bici, sepan disculpar]

Hace dos años mi rutina diaria consistía en despertar desanimada, triste y hablar de mi de manera despectiva(algo que no había hecho ni cuando Mia). Cuando quedaba sola en casa lloraba sin razón, sentí que cansaba a mi entorno por estos arranques y me enojaba muchísimo conmigo porque no dejaba de pensar cual era el origen de este odio y oscuridad interna. Comencé a sentir que todo era una mierda y que era parte de esa mierda.
Primero fueron ataques de llanto, después eso pasó a dolores estomacales, a no comer, a vomitar la comida a escondidas. Tenía días buenísimos hasta que de golpe terminaba de comer y se activaba el monstruito que me convertía en un ser infeliz con el que me solía pelear porque no me dejaba entenderlo. Me tiraba en la cama, lloriqueaba y contaba hasta dormirme. Una noche el monstruito se hizo gigante y el dolor fue tan grande que terminé en la guardia de un hospital. Me faltó el aire, se me nubló todo, temblaba, sentí que me moría. Después de revisarme de punta a punta no me encontraron nada más que una gastroenteritis. De omeprazol a esomeprazol y a unas cuantas pastillas más con nombre extraño. Seguía sin tener nada pero en mi continuaba la sensación de desesperanza, desesperación, inseguridad, tristeza, bronca.
Las cosas se calmaron durante un tiempo porque cambié de empleo, de casa, cambió mi situación económica, mis ánimos, mis amistades. Cambió todo para bien hasta que de golpe el tour de la angustia decidió pasar de nuevo por mi casa, como “a pedido del público”. Pasé una semana laburando con el trío Tristeza-Lágrimas-Fastidio(algo así como el MSN del Barça versión canción de Skeeter Davis en loop) hasta que un amigo notó todo esto. Lo venía camuflando, poniendole parches para que no se note. Pero mi capacidad de tejido de parches no es el de una abuela profesional y cuando haces mal esas cosas, en algún momento ceden. Ahí volví otra vez al clínico de cabecera, otra vez yo y los dolores. Esta vez su discurso fue otro: “Tenes que empezar a ver un psicólogo. Sos muy joven, estas sana. Te va a romper el estómago tanta pastilla y no las necesitas, no es por acá”. Por más que no quería saber nada con eso, me rendí.
Busqué por Google (OSDE es una garcha y no te ayudan con esto ni aunque les digas que te queres matar) y entre mucho profesional decidí por Rosario. Nos conocimos y mi carta de presentación fue un ataque de llanto, el definirme como “una gorda tarada que veía que todo era una mierda” y decirle que no creía en psicólogos pero que lo hacía porque mi médico decía que si seguía así se me iba a pudrir todo. Cada semana los nudos en el estómago se fueron desatando solos, los hilos se desacomodaron y fueron a parar vaya uno a saber dónde.
De esto pasó casi un año y le agradezco mucho a mi doc por ese consejo. Rosario me ayudó bastante a creer en varias cosas a las que no les daba importancia (o me negaba a hacerlo). Me hizo entender que todo lo bueno que tengo lo conseguí mediante esfuerzo y capacidad, a que todos los nudos se pueden desatar. Ya no hay dolor físico que me afecte más que el de alguna resaca post noche con amigos, visita a lo de mi papá o alguna cena con mi flaco.
Ya no manejo la ira y la tristeza que se vió reflejada en post anteriores a este.
Me ayudó a creer en mi y a quererme, porque primero debo hacerlo yo. Pude irme de vacaciones y ponerme una bikini sin dramas, usar vestidos, ser la que siempre quise y no me dejaba ser.
Ya no me siento una gorda tarada con una visión apocalítptica. Hoy me siento bien, hoy me la banco y salgo a la calle creyendo que puede existir un caos, pero a ese caos se lo puede acomodar de alguna u otra manera.
Quiero cerrar con esto porque siento que escribí muchísimo. No es mi intención sonar como una canción irritante de Axel, solo voy confiando y creyendo. Esto es lo más parecido a pasear.

    Lei.

    Written by

    Lei.

    La suerte me va a acompañar.