La última

– Sesenta y siete serían

– Ah? Respondió Beto volviendo de su cuelgue.

– Serían sesenta y siete, necesitás una bolsa?

– Ah sí, gracias.

– Te doy un caramelo porque no tengo monedas. Si la vas a tomar ahora, que sea de la esquina para allá por favor.

Beto no respondió. Quien carajo se piensa esta? Pensó. Y se retiró del autoservicio de esa estación de servicio que encontró de casualidad. Se enojó porque la cajera tenía razón. Se calló porque no poseía la sobriedad necesaria para convencerla de que estaba equivocada. Hizo caso y se alejó. Se alejó mucho más allá de la esquina. No quería darle la razón a la cajera por nada del mundo. No quería correr el riesgo de cruzarla y ganarse la mirada de Era obvio que te la ibas a tomar en la calle. Como si a la cajera le importara el destino de uno de sus casi cien clientes que recibía por noche. Un borracho más que pasa por esa esquina de San Telmo a buscar la última cerveza antes de irse vaya uno a saber a donde.

Planeó alejarse todo lo posible de esa esquina pero le dió fiaca y solo hizo unos pocos metros más. Lo mínimo para no ser visto al salir pero lo necesario para conservar visibilidad sobre esa esquina luminosa. Salvo por los autos que pasaban era lo único que emanaba vida y luz.

A los dos sorbos cayó:

¿Qué carajo me importa si me ve la cajera? Pobre mina se debe bancar a cientos que le arman quilombo en esa esquina.

Que grande la luna

Hacía un poco de frío. La campera que tenía puesta estaba a quince minutos de volverse obsoleta. Al cuarto sorbo empezó a pensar en lo que le esperaba al otro día. Al quinto empezó a tener un poco más de frío. Empezó a cuestionarse esa última lata de cerveza. Pensaba que venía de un bar. Que quizás no era necesaria. Pensaba que venía de estar con algunos conocidos. Y nuevamente cayó:

¿Qué necesidad de venir a deprimirme acá?
¿Qué necesidad de esta birra si ya me tome dos. O tres?
¿Qué necesidad de pasar frío?
¿Qué necesidad de esta esquina oscura? y ahora que lo pienso, no tan segura.

Y en el instante que estaba llegando al aparente fondo de su reflexión, un grito.

– QUE HACES ?

Instantáneamente reconoció la voz de la cajera a lo lejos, sin embargo no pudo identificar dónde estaba ubicada. Mientras sentía una culpa automática, miró hacia la caja y no la pudo ubicar. Inmediatamente reconoció el origen de su culpa y a continuación pudo divisar a la cajera hablando con un compañero de la estación de servicio mientras ambos miraban petrificados la escena. Un señor grande que tenía todo el aspecto de vivir en la calle se alejaba con carrito de supermercado lleno de cosas que se cargó de la estación de servicio. Beto llegó a ver una bolsa de carbón, un matafuegos, unos bidones de liquido refrigerante, y al hombre empujando el carrito, ya a media cuadra, sin mucho apuro y riéndose como a carcajadas pero sin ruido. La escena le causó gracia y también exhaló una carcajada sin ruido. No quería participar.

Concluida la escena volvió a su situación para darse cuenta que sus preocupaciones con respecto a ser descubierto por la cajera, su angustia por lo que lo esperaba al otro día y su cerveza, se habían ido.

Empezó a caminar y pensó:

¿Donde era la parada?

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.