All Tomorrow’s Parties

En un artículo anterior hablaba de los parásitos y del intento por parte del gobierno de la ciudad de invisibilizarlos. En el caso la metáfora era utilizada para los habitantes de la Villa 31 poniendo como referencia la arquitectura parasitaria en las novelas de William Gibson, en particular la del puente de San Francisco. Nuevamente estoy releyendo, estimo que por 4º vez, Todas las fiestas del mañana. Creo que junto con Historia Cero son sus mejores novelas, aunque si bien Neuromante es fundacional y su primera frase “El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto”, tal vez algún día llegue a ser tan clásica como el despertar de Gregorio Samsa, siento que Gibson alcanza su máximo potencial narrativo en estas otras dos novelas. Si van a leerlas es válido aclarar que ambas son finales de trilogías, aunque pueden leerse solas. Volviendo a Todas las fiestas… esta novela forma parte de la trilogía del puente, dicho puente es el de la Bahía de San Francisco, que a causa de un terremoto quedó inutilizado. Para evitar el tránsito vehicular el estado coloca defensas anti-tanque en los accesos. El tiempo pasa y el puente está ahí, vacío. Entonces la gente comienza a mirarlo con cariño y decide que sería un lindo lugar para ir a vivir. Gibson desarrolla la trama de sus novelas en este trasfondo de arquitectura de chabolas que ocupan los carriles y se adosan como crustáceos a las estructuras del puente, y nos muestra las relaciones entre sus habitantes, como defienden sus pequeños lugares, como se arman los guetos, como la sociedad es atravesada por los territorios de la mafia y la droga. Pero este puente donde sucede la historia es periférico, está a un costado, está en el aire y no está en el centro de la ciudad, lo cual favorece su desarrollo autónomo sin molestar al resto de los habitantes de la metrópolis. Nadie se siente invadido ni con derecho a reclamarlo, después de todo es una estructura inútil y fuera de la trama. Es en Todas las Fiestas… cuando Chevette, la protagonista regresa al puente luego de haber partido hacia L.A, donde asistimos a un proceso de cambio, el puente comienza a transformarse en un destino turístico, la cadena Lucky Dragon pone uno de sus emblemáticos locales justo en medio del acceso principal (algo parecido a lo que conocemos como Palermización), pero también se da un fenómeno más notable, y es que gente de la ciudad comienza a comprar lugares en el puente y paga para que otros se los cuiden y no se los ocupen. Podría describirse como una gentrificación con tercerización en ocupas. El puente está cambiando. Esto hace que una amiga de Chevette, Tessa, interesada en las “comunidades intersticiales” quiera realizar un documental acerca de ello. El concepto de la comunidad intersticial, que propone Tessa, tiene lógica desde lo social pero no tanto desde lo topográfico para el caso, suena mejor para la relación centro-periferia de la ciudad que emerge del la concentración capitalista, que para un sitio aislado como este. La movilidad de elementos del borde hacia los intersticios del centro, hacia los vacíos dentro de la trama urbana es algo más conocido por nosotros, nuestras villas ocupan esos espacios y algunos que ni siquiera pertenecen a la trama, como el caso de la Villa 31, que se instala en terrenos del ferrocarril y bajo autopistas ¿podemos imaginar entonces un proceso de evolución similar al del puente en dicha Villa? Turismo ya tiene ¿Pero qué sigue a la urbanización, gentrificación y posterior palermizamiento? Entonces a nadie ya le importaría la ocupación del centro y los espacios intersticiales, porque serían lindos lugares y para gente linda, bien ubicados, para gente que se lo merece por no tratar de colarse en la fila para llegar a la punta de la pirámide. La otra propuesta radical sería la reencarnación de Cacciatore montado en una Bobcat modelo Terminator para que vuelva todo a su origen, terrenos del ferrocarril, o en el mejor de los casos un parque ganado para la comunidad ¿Alguien cree, por más miserable que sea esta opción, que el mercado dejaría volver esas tierras a la nada? Definitivamente no. Lo ganado, ganado está. El puente ya no puede ser puente. Y otra vez los pobres serían el compost de la ciudad sirviendo literalmente para enriquecer el suelo donde la ley todavía no deja llegar a los poderosos. La mierda que abona la tierra, para todas las fiestas futuras.