Y tú, ¿opinas en Internet?

¿Podríamos decir que desde que tenemos Internet cobra más sentido la frase: “En este mundo tiene que haber de todo”?


Desde hace tiempo, sobre todo, desde que el canal de Youtube de Yuufit empieza a conocerse más, soy testigo del fenómeno de las opiniones en Internet. A pesar de ser un tema peliagudo, no quiero ponerme tisquismiquis con las palabras, ya que éstas son las que son y nosotros les damos el valor y la connotación que queremos darle en ese momento, así que las llamaré “opiniones” y no otra cosa.

Una de las ventajas (por no decir la principal) de Internet es que los soportes permiten la interactividad, poner responder a personas y que éstas, a su vez, te respondan para generar un diálogo.

Esto robó el corazón de la publicidad que hasta el momento, estaba prendido de los soportes de comunicación tradicionales. Hoy en día en las estrategias de marketing y RR.PP se incluyen partidas para colaboraciones con bloggers e influencers, que precisamente basan su trabajo en el poder que tienen de atraer personas. Uno de los medidores de ese poder son los comentarios.

Es típico que una influencer haga una publicación, ya sea en su blog o red social y tenga muchos comentarios. A mayor influencia, más comentarios y por desgracia, no siempre está relacionado con el número de seguidores o lectores, ya que son números muy fáciles amañar. Que una persona se tome su tiempo para escribir y contestar a una publicación es, posiblemente, la verificación del poder de atención que tiene una persona.

Del tiempo precisamente quería hablarte. Ese precioso tiempo que utilizamos para contestar un mensaje, más o menos elaborado. Aún hoy sorprende que muchas personas se tomen su tiempo para criticar a otras personas por Internet. Es conocido el caso de Josef Ajram, que después de no conseguir el Red Bull 7 Islands cerró su cuenta de Facebook por los innumerables comentarios que le llovieron recordándole dónde estaba su límite. Hoy ha reabierto su página y sin importa sobre qué temática hable, mucha gente estando suscrita a su página solo para criticar cada paso que da.

A esa gente, a veces se las llama haters, pero es muy fácil poner etiquetas, lo difícil es reflexionar acerca de ello.

Confundimos opinión con verdad

En los últimos años me he dado cuenta de que la gente te pide opinión, se la das y se la toma muy en serio.

Al día siguiente, cambias de opinión y te lo echan en cara. Se nos olvida que todos podemos cambiar de nuestra forma de pensar en cualquier momento y que para que la vida no nos resulte tan confusa deberíamos preocuparnos más por formar nuestro propio criterio según lo que vamos viendo y escuchando.

Cada vez estoy más convencida de que nada es absoluto y que todo es una cuestión de interpretación. Cuando hoy aparece un estudio en el que, por ejemplo, te dicen que dormir con almohada es malo para el cuello, mañana aparecerá (si es que no lo hay ya) que diga justo lo contrario.

En comunicación (ya sea en Internet o fuera de él) somos responsables de lo que decimos, pero no de cómo lo interpreta el receptor. Lo que quisiera hacerte entender, querido lector, es que no critico que se opine, que se comente o que se ponga en valor distintos puntos de vista, eso es lo más se espera de todo esto. Lo que no me gusta es que se haga juzgando a la otra persona.

Las opiniones se deberían basar en uno mismo. Se forman bajo la experiencia, la formación y la interpretación que cada uno tiene de lo que le rodea. Por eso, cuando se da una opinión debería entenderse como una postura respecto a lo que uno cree y por ello no tiene por qué ser la única verdad.

Un ejemplo: en el ámbito del fitness y la nutrición, el pan de cada día es encontrarte con puntos de vista enfrentados, ya sea entre profesionales sanitarios, entre profesionales de la actividad física, nutricionistas y personas con o sin el título (pero con mucha experiencia) o entre personas que leen mucho, no tienen experiencia, ni título.

No estoy de acuerdo con que una persona con título es la única con derecho a hablar o dar su punto de vista porque, en primer lugar, que tenga título no significa que sea buen profesional o que haya continuado su formación más allá de la impartida por la Universidad. Quienes hemos pasado por allí sabemos que en la mayoría de las carreras la formación (en muchos aspectos) deja que desear. En segundo lugar, creo que cualquiera puede dar su punto de vista siempre y cuando respete el resto de opiniones y lo fundamente.

Aquí es donde entra el juego el nivel de autoridad.

No sabría muy bien cómo definirlo de manera universal, pero podría decir que el nivel de autoridad hace alusión al grado de veracidad que atribuimos a las palabras de una persona. Desde que tenemos Internet, el nivel de autoridad no siempre ha estado vinculado a la profesión como antaño, gracias a las personas que tienen mucho talento o trabajo a sus espaldas en lo que les gusta y que lo han demostrado a base de tweets o de un blog.

Pues bien el nivel de autoridad influye mucho como argumento para rebatir una opinión. No he descubierto la pólvora, en realidad siempre ha sido así.

Pero las personas con autoridad a veces dan información, otras veces vierten su opinión en la materia que tratan y ésta no deberíamos de tomárnosla al pie de la letra porque recordemos, una opinión es una interpretación de la realidad y es posible que el día de mañana cambie.

El problema aparece cuando se desvirtúa el diálogo alegando que “no se tiene ni puta idea” [sic] porque tal, cual y Pascual… Y lo triste es que esto se ha magnificado gracias a Internet, donde podemos descalificar con más facilidad de lo que podríamos hacerlo en persona. ¿Quién necesita defenderse cuando tiene un avatar de por medio?

La postura defensiva

Volviendo a lo de la interpretación de los mensajes, en Internet es muy fácil malintepretar lo que leemos ya que, no es igual cuando vemos o escuchamos el mensaje.

Antes de publicar este artículo leí un tweet que no puede ser más verdad:

Podemos considerar un ataque algo que no tenía intención de serlo, sino de simplemente aportar otro punto de vista.

También me he encontrado con muchas personas que piensan que la persona que está al otro lado de la pantalla es una antipática por no poner emoticonos en un correo electrónico. Pero la comunicación escrita es lo que tiene, que no podemos añadirle el tono e intencionalidad, a no ser que sea demasiado evidente.

Creo que muchas veces esta falta se cubre con una postura defensiva. Hay mucha gente que rellena así la intencionalidad del mensaje dando por supuesto que está recibiendo un ataque a su propio punto de vista o manera de entender el mundo, dicho de otra manera, personalizamos.

Se presuponen muchas cosas y eso nos hace estar en un constante chorreo de explicaciones.

Como ejemplo, vuelvo al ámbito del fitness: si escribo un post sobre lo bien que me va haciendo, por ejemplo la dieta paleo, habrá gente que me escriba diciendo que es una dieta sin fundamento, o que el fundamento que, en la mayoría de los casos se utiliza, es una invención (véase charla del TED). Lo que pasa que no se entiende que hay que saber diferenciar cuando uno habla de su experiencia y cuándo está dando lecciones.

Personalmente me ha pasado muchas veces y llega a cansar tanto que me he vuelto selectiva a la hora de tener que responder algunos comentarios. Casi siempre va con matices por una erróneo interpretación y ya si viene con descalificaciones cierro la ventana.

Y como conclusiones de todo esto:

  • Las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo. Ninguno es más verdadero que otro.
  • Hay que distinguir entre opinión e información cuando leemos un artículo o escuchamos a alguien.
  • A la hora de intervenir, opinar nos enriquece a todos siempre y cuando sea con respeto, fundamento y se busque NO CONVENCER a la otra persona, sino aportarle más información.
  • No opines a la defensiva, recuerda que un mensaje se convierte en ataque solo si tu quieres tomártelo así. Si estás a la defensiva querrás convencer con lo que dices y ya habrás desvirtuado tu propio mensaje.
  • Menos opinar en Internet y más sentarnos en la mesa a arreglar el mundo.
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