me gusta pensar que vos escuchás esas canciones y sentís lo mismo que yo. que las escuchás y que te hacen pensar en lo que somos. en lo que éramos. porque ya no somos. éramos, ahora no. ahora no hay nada. ahora no somos nada. o bueno, sí sos. para mí sos una cicatriz abierta de una herida que nunca se va acabar de cerrar, una cicatriz con nombre y apellido. un nombre y apellido que cada vez que los escuche me van a poner a temblar y me van a enredar el estómago como si me hubiese tragado tres mil piedras de esas chiquitas que ponen en los parqueaderos de la gente rica. vos no tenés idea lo que fuiste y lo que sos para mí. sos este vientito lindo de verano en mi balcón, el que me peina los pies. sos el abrazo que pido en silencio cada vez que me caigo, cada vez que me raspo, cada vez que no estás.

cada vez que escuche tu nombre y tu apellido, o cada vez que alguien se atreva a preguntarme por vos, por lo que nos pasó, por lo que era y ya no es, voy a hablar de otras cosas. otras cosas menos lindas que vos y yo, pero también menos dolorosas. y es que a veces me toca matar lo lindo para no morirme de dolor, como me pasa cada vez que pienso en esa puñalada abierta que me dejaste, sin querer, en la mitad del esternón. y sí, ya sé que no lo planeaste, que vos jamás me harías llorar, que tu intención no fue hacerme daño. pero mirá. acá estoy, desangrándome sola, sin que me tapés la herida. me hace falta quién me tape la herida. me hacés falta. tanta. y yo te decía eso antes, cuando estábamos lejos y no podía verte, pero sabía que era un dolorcito temporal. que al volverte, al ver todo me iba a doler menos y ya no me ibas a hacer más falta. ahora no es así. ahora sé que el tiempo va a pasar y yo voy a seguir pensando en toda la falta que me hacés. pero nunca vas a venir. o yo nunca voy a ir. porque así lo quisimos. porque así es más sano. porque vos no querés hacerme daño y porque yo no quiero que me hagan daño. entonces prefiero extrañarte sin decírtelo y esperar que algún día se me pase este dolor horrible de quererte acá y que vos estés allá, sin querer que yo esté ahí. pero eso sí, mi amor, aunque me duela, aunque te quiera acá y aunque te quiera conmigo, no te voy a buscar. y como sé que tampoco me vas a buscar a mí, supongo que esta es mi forma de decirte adiós. el que no te pude decir cuando te tenía al frente porque sabés lo mal que se me dan las despedidas y lo mucho que se me quiebra la voz cuando trato de no llorar. te debía este adiós y me lo debía a mí. me voy a buscar quién me saque las piedritas y me ponga puntos en la herida.