A mi madre

Hola mamá. Aquí en Bogotá, en toda Colombia y 32 países más, hoy es el Día de la Madre. Y como estoy a unos 8000 quilómetros de casa, de tu casa, he pensado en regalarte una de las pocas cosas que se me dan bien: un texto. Uno de agradecimiento en un día tan especial. Acabo este texto en un 13 de mayo.

A los 4 años y medio, hoy hace 20 años, me volví madre-dependiente y convertí una desgracia mayúscula en la suerte de mi vida, en algo que marcó el cómo iba a ser mi vida. Para todo. No era mi mejor amiga, pero nunca dejé de contarle nada: chicas, notas, problemas, decisiones. Mi consejera.

Fue ella la que estuvo conmigo a las buenas y a las malas. La que siempre me dijo que sí, incluso cuando le dije que quería estudiar periodismo… o cuando le dije que me iba, lejos. Primero a Australia un año; después a Colombia, de manera indefinida.

Siempre un sí. Que quería jugar a baloncesto, pues adelante; que también quería jugar a fútbol, pues te apuntamos. Todo lo que pedí, lo tuve. En mi defensa, diré que siempre fui un buen hijo, estudioso, aplicado y con buen comportamiento. Pero porque ella me educó para ser así. Y debe estar orgullosa del trabajo que hizo.

Y quizá nunca se lo he agradecido lo suficiente, por que daba por hecho que siempre estaría allí, a mi lado. Como si fuera fácil, como si fuera normal y su obligación.

Me hice mayor y seguía allí.

Me fui lejos y seguía allí.

Estoy casi seguro que siempre seguirá allí. No es su trabajo, ni siquiera su deber. Pero es lo que mejor hace: ser la mejor madre del mundo. Así que gracias, madre.

Y FELIZ DÍA. Aunque pienso en ti cada día.