Ciclos

Foto: Alejandro Olivaes

Hay ocasiones en las que sabemos que algo terminó y ya no se puede hacer nada para recuperarlo.

No necesitamos grandes epifanías ni alcanzar la “iluminación” para darnos cuenta que ese ciclo ya caducó, es algo sumamente evidente, y aunque lo más prudente sería optar por cerrar esa puerta y seguir adelante, muchas veces actuamos de manera contradictoria.

A sabiendas de que ya no hay nada más, nos engañamos y continuamos inmersos en esa etapa.

Generalmente esto aplica para relaciones, y el ejemplo más claro es la pareja que se da cuenta que están juntos sólo porque esa es la única realidad que conocen y que deciden permanecer de esa manera pese a que ya ni se está contento el uno con el otro.

Lo que eventualmente lleva a los dos a un desgaste innecesario, y por lo tanto su convivencia se vuelve insoportable, y más tarde que temprano, terminan accediendo a terminar esa relación, la cual, llevaba tiempo muerta.

Sin embargo, esta situación excede las relaciones afectivas y se da en más ámbitos, entre ellos el laboral, incluso el estudiantil y el individual.

En la vida, y no es que quiera caer en obviedades (de antemano discúlpenme si ésta es una de ellas), hay ciclos, que si todo fuera más sencillo, vendrían acompañados de una etiqueta con su respectivo lote y fecha de caducidad.

Es decir, y soy un fiel creyente de que la vida está dividida en etapas, las cuales a veces elegimos, nos tocan o de alguna manera terminamos ahí.

Por ejemplo, desde que terminé mi última relación sentimental llevo alrededor de 2 años en una etapa de quietud, de no buscar nada en ese ámbito y tomarme a la ligera cualquier oportunidad que pudiera vislumbrar en ese sentido; esa es claramente una etapa, un “pause”, y no es la única en la que estoy.

En el plano profesional, por añadir otro ejemplo, sé que el ciclo terminó, pero me engaño a mí mismo, porque si opto por salirme de ahí no me quedará más que la incertidumbre, mas si prosigo en ese lugar el desgaste irá aumentando y habrá un momento en el que el cinismo o la apatía me rebasen.

Para evitarlo, necesitamos no sólo darnos cuenta cuando algo termina, sino enfrentarnos a nuestros miedos y concluir con esa relación/trabajo/etapa antes de que sea demasiado tarde.